Es noticia
Menú
Olivia Reyzabal Roig: "Crecí rodeada de amor, pero marcada por la muerte de mi padre y el abandono"
  1. Famosos
ENTREVISTA EXCLUSIVA

Olivia Reyzabal Roig: "Crecí rodeada de amor, pero marcada por la muerte de mi padre y el abandono"

Olivia procede de dos de las sagas empresariales más influyentes del país, pero su camino ha estado guiado por la creatividad e introspección. Comparte su historia y la irrupción del yoga en su vida, hoy ya convertida en maestra de la disciplina

Foto: Olivia de niña en una imagen de álbum familiar inédita junto a su madre, Ángela Roig, su padre Javier Reyzabal y su hermano Javier. (Cortesía)
Olivia de niña en una imagen de álbum familiar inédita junto a su madre, Ángela Roig, su padre Javier Reyzabal y su hermano Javier. (Cortesía)

“Siempre defenderé que la infancia es el cimiento de todo: de la seguridad, la autoestima y la empatía. Es la base de lo que luego seremos como adultos. La mía estuvo llena de contradicciones”, dice Olivia Reyzabal Roig, que a sus veinticinco años ya ha publicado un caligrama, 'Para que no vuelvas', dirigió y produjo un podcast y hoy alterna el trabajo corporativo con las clases de yoga que imparte y la formación que exige esa disciplina.

“Nací con los ojos abiertos; quería ver, oler, escuchar, descubrir el mundo, siempre arropada por un amor familiar inmenso. Fui inquieta, nerviosa, ávida de hallar algo nuevo; por eso el yoga tuvo que llegar, para mostrarme la otra cara de la vida: la sensibilidad, la quietud, el control de cuerpo y mente”, cuenta, deteniéndose en lo que marcó su historia: aquella infancia que enseñó a convivir con la pérdida.

"El sufrimiento despierta la empatía"

A los doce años enfrentó la muerte repentina de su padre. “Aprendí desde pequeña que esto era lo que había y que con ello había que aprender a ser feliz. El sufrimiento despierta la empatía. Los vacíos, los desamores, las pérdidas, los traumas… todo abre la sensibilidad y enseña a comunicar desde un lugar más profundo. Cuando has vivido así, ya no hablas solo desde el yo; caminas y hablas desde el nosotros. Ahí nace mi manera de sentir y de contar. Quizá por eso busco un compañero que no me pese, que no dependa de mi fuerza constante”, añade mientras hace referencia a una frase que su madre siempre repite: “Lo que no se cuida a tiempo, acaba pesando para siempre”.

"Mi madre es un ejemplo de no quedarse anclada al sufrimiento, no vivir desde la herida"

placeholder Olivia, de niña junto a su madre Ángel Roig, en una imagen familiar inédita. (Cortesía)
Olivia de niña junto a su madre Ángel Roig, en una imagen familiar inédita. (Cortesía)

Por eso, cuando habla del pasado, Olivia no lo hace desde el rencor, sino desde el aprendizaje: “Me he criado rodeada de amor, pero también marcada por el mazazo de la muerte de mi padre y por el abandono. El abandono es una de las violencias más duras que puede sufrir un niño, y muchas veces, todavía hoy, me sigue pasando factura”.

Aun así, creció en el seno de una familia unida e indestructible. Con los años comprendió que a menudo ponemos el foco en quienes nos hicieron daño, cuando lo realmente esencial es agradecer a quienes nos sostuvieron. Aceptar, sin rencores, que quienes nos abandonaron nunca formarán parte de la vida intensa y completa que, pese a todo, hemos logrado construir juntos.

“Veo a mi madre y todavía no logro entender de dónde sacó las fuerzas. Se levantó con el dolor a cuestas y tomó decisiones cuando todo pesaba demasiado. Sostuvo a la familia cuando parecía imposible hacerlo. De ella aprendí algo fundamental: irme de donde duele. No quedarse anclada al sufrimiento, no vivir desde la herida. Siempre será mi brújula cuando todo se desordene”, dice sobre el que sin duda es uno de sus máximos referentes: su madre Ángela.

"Mi intuición me llevó hasta la esterilla"

placeholder Olivia Reyzabal practicando yoga en una imagen. (Cortesía)
Olivia Reyzabal practicando yoga en una imagen. (Cortesía)

La ética vital que heredó de su madre encontró en el yoga una formulación precisa, primero como práctica íntima y, con el tiempo, como enseñanza. “Cuando empecé a practicarlo sentí que dejaba atrás un ruido interno que llevaba años arrastrando. Siempre he creído que fue la intuición la que me llevó hasta la esterilla. Desde el primer momento me sostuvo y me transformó en silencio. Lo más valioso que me ha dado ha sido aprender a no huir del dolor: a escucharlo, a respetar mis tiempos y a habitarme con mayor honestidad. El yoga me enseñó a vivir hacia dentro, con más amor y menos miedo”.

Lo que comenzó como una intuición personal se convirtió en hábito y adquirió un sentido definitivo tras un viaje a la India. “Allí todo se ordenó. Entendí el yoga como una forma de estar en el mundo. Tuve la suerte de formarme con dos grandes maestras que me enseñaron que hay realidades que no se explican, se experimentan. Desde ahí, sin prisa, el yoga empezó a reorganizar mi mente y mi cuerpo”.

placeholder Olivia Reyzabal Roig durante el viaje a la India que le cambió la vida. (Cortesía)
Olivia Reyzabal Roig durante el viaje a la India que le cambió la vida. (Cortesía)

Aunque dedica gran parte de su tiempo libre a la formación continua y a un trabajo de introspección constante, Olivia desarrolla su actividad profesional en el ámbito corporativo, un espacio que ha sabido integrar con naturalidad en su propio recorrido. “Durante la semana trabajo en eventos de perfil corporativo y estoy en contacto permanente con personas. De ahí nace 'Almadeleita'. Comenzó como una cuenta de Instagram, pero para mí es un lugar de tránsito: un modo de acercarme a los demás desde un plano más personal” relata mientras habla de su objetivo a medio corto plazo es abrir su propio centro de yoga.

Aprende, dice, cada día de quienes considera referentes en el sector de los eventos, y ese aprendizaje lo traslada, con cuidado y coherencia, a los encuentros que ella misma impulsa. “Una o dos veces al mes creo espacios donde compartimos yoga, un brunch y otras actividades, como talleres de velas o inciensos. Me conmueve observar cómo, aunque sea durante unas horas, algo se reordena en quienes vienen. Ahí todo converge: el trabajo, las personas y el yoga. Y en esa confluencia encuentro sentido” dice, sobre las clases que imparte para grupos de personas y empresas: "Disfruto mucho creando encuentros cuidados, pensados para las personas, y me encantaría empezar a llevarlo a formatos más grandes".

Yoga Nidra, desconocido para muchos

Entre las prácticas que Olivia imparte, destaca el yoga nidra, disciplina aún poco conocida que se aleja del movimiento físico para centrarse en la relajación consciente. “Es una práctica muy sanadora y muy antigua, y me atrevería a decir que también de las más difíciles. Mucha gente cree que, al no haber movimiento, no es retadora, pero ¿para quién es fácil quedarse quieto con sus propios pensamientos? El Yoga Nidra eres tú y tu mente. Es un espacio donde paras, meditas y te relajas hasta entrar en un estado de calma muy profundo. Ahí los pensamientos bajan el ruido y empiezan a aflorar los sentimientos más profundos, aquellos que a veces pensabas haber olvidado. A mí es lo que más me ha ayudado a calmar la ansiedad”.

Lo que distingue al yoga nidra, explica Olivia, no es la complejidad de la técnica corporal, sino la confrontación con la propia mente, un viaje introspectivo en el que la quietud revela aquello que habitualmente permanece oculto.

"Si piensas que no tienes tiempo para practicar yoga, es el mejor momento para hacerlo"

placeholder Olivia Reyzabal impartiendo una clase de yoga nidra. (Cortesía)
Olivia Reyzabal impartiendo una clase de yoga nidra. (Cortesía)

La generación Z ha redefinido sus caminos: crece con el deporte y el conocimiento cada vez más presentes, pero también marcada por desafíos de salud mental. Frente a ese panorama, Olivia reflexiona sobre el papel del yoga en los jóvenes: “Creo que una de las grandes heridas de mi generación es no saber cuál es su herida. No saber dónde mirar, ni qué duele realmente. Vivimos muchas veces perdidos, buscando respuestas fuera, repitiendo patrones, aferrándonos a historias que no son nuestras, intentando encajar en vidas que no sentimos propias, con miedo a parar y a escucharnos de verdad. Yo he aprendido que el yoga no viene a calmar, viene a confrontar. A ponerte delante de lo que evitas, a señalar lo que duele y a cogerte de la mano y ayudarte a quedarte ahí un ratito” dice mientras añade una frase para todos los que se excusan en la falta de tiempo o el exceso de compromisos. "Si no tienes tiempo para practicar yoga, es el momento perfecto para hacerlo. No hace falta tener un cuerpo concreto, ni mucho tiempo, ni saber estar en calma. Solo encontrar un momento para empezar y abrirse a ello".

"Antes de empezar a practicar yoga sentía mi cuerpo como un vehículo"

Para Olivia el yoga es también una herramienta esencial para la autoestima, como lo son la terapia, el gimnasio o una alimentación saludable: "Cuando empecé a practicar mi cuerpo era algo más ajeno, casi un vehículo. Con el tiempo me volví mucho más consciente de todo: de lo que como, de lo que escucho, de lo que leo, de lo que dejo entrar. Esa consciencia cambia la autoestima, porque empiezas a cuidarte desde un lugar muy personal. Entiendes que tu cuerpo es tu responsabilidad, tu hogar, y que nadie más decide por ti. El yoga te devuelve ese poder, y desde ahí la relación contigo misma se vuelve mucho más respetuosa".

"Todos en algún momento hemos vivido un desamor que te deja el corazón en la UCI"

placeholder Olivia Reyzabal durante una de las clases de yoga que imparte. (Cortesía)
Olivia Reyzabal durante una de las clases de yoga que imparte. (Cortesía)
placeholder Olivia Reyzabal impartiendo una de sus clases de Yoga. (Cortesía)
Olivia Reyzabal impartiendo una de sus clases de Yoga. (Cortesía)

El yoga también acompañó a Olivia en etapas de desamor. “Creo que todos, en algún momento, hemos pasado por un desamor que te deja el corazón en mil pedazos, en la UCI”, cuenta, mientras entrelaza esa experiencia con la escritura. “Siempre he sido muy intensa. Me gusta vivirlo todo al máximo, sobre todo el amor. Soy muy pasional y todo eso necesita salir de alguna manera, y en mi caso siempre ha salido a través de la escritura. 'Para que no vuelvas' es el reflejo de una niña de 18 años con el corazón roto, o eso creía entonces. Con los años entendí de verdad qué significaba ese dolor y todo lo que escondía. La escritura me ha acompañado en ese proceso, me ha salvado muchas veces. Es mi forma de ordenar lo que siento, de entenderme y de seguir adelante”.

Sobre sus relaciones, Olivia reflexiona: “En cuanto a las relaciones, el amor me ha llevado al límite. Me ha hecho perderme y también volver. He sufrido mucho por amor, pero también he conocido el más bonito. Tuve la suerte de que alguien me enseñara lo que es el amor de verdad. En mí, tengo un poquito de todas las personas que he querido. Agradezco haber amado tanto. La persona que llegue sabrá elegirme”.

Recientemente, atravesó un periodo difícil a nivel sentimental, que le permitió entender que el amor no se limita a lo romántico. Es su familia, sus amigas, su gente, sus perros y todas aquellas personas que la acompañan y la impulsan a seguir. Incluso en los momentos más frágiles, supieron reconocer lo valioso que había en ella.

"Mi madre es leal, constante y valiente"

placeholder Ángela Roig, la madre de Olivia en una imagen de joven. (Cortesía)
Ángela Roig, la madre de Olivia en una imagen de joven. (Cortesía)

"Mi hermano Javier es la persona que más admiro del mundo"

placeholder Olivia junto a su hermano Javier en una imagen en su graduación. (Cortesía)
Olivia junto a su hermano Javier en una imagen en su graduación. (Cortesía)

La conversación retorna al punto de partida, quizás porque todo se sostiene en ello: en los pilares de su vida, su madre Ángela y su hermano Javier. “De mi madre admiro su forma de querer. Es una lealtad silenciosa, constante, valiente. No he conocido a nadie más leal que ella, ni más capaz de sostener tanto incluso cuando ella se está cayendo. De mi hermano podría decir que es, seguramente, la persona que más admiro del mundo. Nunca he conocido a nadie con tanta constancia y con un corazón tan bueno. Ha vivido años fuera y para mí han sido muy duros, porque su presencia siempre ha sido un ancla. Admiro cómo ha sabido hacer del dolor un lugar desde el que crecer”.

Olivia Reyzabal Roig ha atravesado la pérdida y el vacío que marcan para siempre, y sin embargo no se ha detenido. Su historia no es la ausencia, sino la forma en que ha sabido reinventarse, explorando su sensibilidad y cultivando herramientas para convivir con el dolor. Como su madre, eligió no quedarse anclada en la herida, y en ese proceso ha creado un canal para otros: espacios donde quienes participan pueden enfrentarse a su vulnerabilidad y sostenerse. Su recorrido muestra que la fuerza no está en negar el dolor, sino en atravesarlo y emplearlo como motor de crecimiento personal y colectivo.

“Siempre defenderé que la infancia es el cimiento de todo: de la seguridad, la autoestima y la empatía. Es la base de lo que luego seremos como adultos. La mía estuvo llena de contradicciones”, dice Olivia Reyzabal Roig, que a sus veinticinco años ya ha publicado un caligrama, 'Para que no vuelvas', dirigió y produjo un podcast y hoy alterna el trabajo corporativo con las clases de yoga que imparte y la formación que exige esa disciplina.

Noticias de Famosos