Ana Aznar Botella: "Educar no es controlar a los hijos, es crear una relación sólida con ellos"
La psicóloga y profesora, hija del expresidente José María Aznar, publica 'Educar también es decir no', una guía práctica para poner límites con amor desde la evidencia científica y su experiencia como madre de cuatro hijos
Su apellido evoca inevitablemente la política, pero Ana Aznar Botella (Madrid, 1981) ha labrado su trayectoria profesional a miles de kilómetros (no solo geográficos) de la Moncloa, entre las aulas de universidades británicas e italianas donde se ha especializado en el desarrollo socioemocional de los niños. Doctora, profesora e investigadora, acaba de dar un paso al frente en la divulgación con su primer libro, 'Educar también es decir no. Cómo poner límites con amor' (Vergara), un manual que busca desterrar la culpa y la angustia de la crianza contemporánea.
Su voz transmite calma y asertividad al otro lado de la línea telefónica, parece que tuviera todas las respuestas a la eterna duda que es educar. Juega con ventaja. Además de su acervo académico, la crianza de sus cuatro hijos (de entre 21 y 15 años) ha sido un laboratorio evidente. Ana Aznar explica que el libro es en realidad una idea de la editorial.
"Yo ya había escrito mucho, pero siempre en inglés, siempre en un ámbito muy académico. La idea de hacer un libro en español y de divulgación me pareció preciosa", confiesa. El resultado es un texto que abraza con alegría la realidad imperfecta de los hogares. "No intentes ser la madre perfecta o el padre perfecto, porque no existe. Es mucho mejor asumir que lo hacemos lo mejor que podemos, que nos vamos a equivocar y que no es el fin del mundo". Adiós, culpa.
Su vida ha sido un poco nómada, marcada por la trayectoria profesional de su marido, el empresario Alejandro Agag, conocido por impulsar la Fórmula E. Junto a él y sus cuatro hijos –Alejandro (21), Rodrigo (20), Pelayo (17) y Alonso (15)–, Ana Aznar ha trasladado su hogar de Madrid a Londres y después a Roma. Una vida internacional en un entorno de evidente privilegio que nos lleva a trasladarle una de las grandes preocupaciones de muchas familias hoy: ¿cómo hacer apreciar a los hijos lo que tienen si nunca les ha faltado nada?
"Hay que enseñarles lo que cuesta conseguir las cosas. Educarles en la gratitud, en que no lo den por hecho. Y en el respeto a los demás: todos valemos lo mismo". La clave está en cómo lo hacen los padres, porque "los niños aprenden más de lo que ven en nosotros que de lo que les decimos. Que nos vean apreciar a los que tenemos alrededor, que nos vean dar las gracias, no quejarnos por cosas absurdas…".
El legado de unos padres "fenomenales"
Cuando se le pregunta por qué frases se ha sorprendido diciéndole a sus hijos que escuchaba en casa (el clásico "esto no es un hotel"), su respuesta solo revela admiración. "La verdad que no me sale ahora mismo ningún ejemplo claro", sonríe, y añade con franqueza: "Mira, yo he tenido mucha suerte. He tenido unos padres que... bueno, que me han educado fenomenal. Repito mucho con mis hijos cómo me han educado a mí, porque creo que tengo unos padres estupendos".
"Repito mucho con mis hijos cómo me han educado a mí, porque creo que tengo unos padres estupendos"
Su mensaje sobre el respeto, el equilibrio entre amor y límites, y la importancia de la solidez de la relación padre-hijo por encima del control, parece tener raíces en ese núcleo familiar que tanto hemos visto desde fuera. Es el puente entre la Ana Aznar hija y la Ana Aznar madre, y el fundamento desde el que construye su consejo profesional.
El mito del padre carpintero y la evidencia del padre jardinero
Uno de los pilares de su libro es desmontar lo que ella llama "el mito del control total". "Nos han vendido la idea de que todo lo que hacemos con los niños tiene el potencial de destrozarles la vida. Y no es así", sentencia. Para ilustrarlo, recurre a la psicóloga Alison Gopnik y su potente metáfora, que Aznar explica con precisión: "El padre carpintero es el que intenta moldear al niño como si fuera una talla de madera. Eso es imposible. Tenemos que ser padres jardineros: sentar las bases, crear una tierra fértil para que tu hijo desde ahí pueda crecer".
Esta idea está respaldada por investigaciones que enfatizan la importancia de crear una relación sólida con los hijos por encima del afán de control. Los estudios sobre los estilos parentales, ampliamente validados, señalan que el estilo "democrático" (aquel que combina altos niveles de afecto y comunicación con expectativas y límites claros) es el que se correlaciona con un mejor ajuste psicológico y social en los niños. Aznar lo reafirma: "El padre democrático pone mucho amor y límites, pero el estilo parental también puede variar según la situación, en la crianza nada es blanco o negro".
El fin del castigo arbitrario
¿Pero cómo se impone un límite tras otro sin dañar la relación? Aznar apuesta por el reforzamiento positivo ("siempre que tu hijo haga algo bueno, díselo") y por las consecuencias lógicas frente al castigo arbitrario. "Si lo que quiero es que mi hijo meta la ropa sucia en el cesto y no lo hace, castigarle sin iPad una semana no cambia el comportamiento. Es mejor que, si no la mete, sea él quien ponga la lavadora para toda la familia. Así soluciona el problema que ha creado".
"No hay ningún estudio que diga que el castigo físico es bueno para un niño. Ninguno. Tampoco el grito del tipo 'eres un inútil'. Los niños se merecen también un respeto"
Este enfoque requiere una dosis extra de paciencia y mucha explicación, algo que ella defiende a capa y espada, especialmente con los adolescentes. "El objetivo de la disciplina es que los niños entiendan el porqué. Se van a enfadar, pero si lo entienden lo internalizan. Hay que hablar mucho".
— Y los padres, ¿no tenemos límites?
— Sí, el castigo físico y el abuso verbal, esas son las líneas rojas. No hay ningún estudio que diga que el castigo físico es bueno para un niño. Ninguno. Tampoco el grito del tipo "eres un inútil". Ese tipo de insultos también hay que evitarlos a toda costa. Hay que respetar al niño. Se merece un respeto, igual que los adultos.
El gran reto digital: no prohibir, sino educar
En este mundo hiperconectado, la cuestión tecnológica es inevitable. Aznar, madre de hijos que van desde la adolescencia a la juventud adulta, ha vivido la evolución en primera persona. "Mis hijos ya son mayores", bromea al recordar sus propias batallas con tablets y consolas. Su enfoque es mesurado: "Luchar contra la tecnología y restringirles todo no es la solución. Igual que educamos para la vida real, hay que educarles para la vida digital".
Para ella, la pregunta clave no es sólo "¿a qué edad le doy el móvil?" ("cuanto más tarde, mejor", matiza), sino "¿está mi hijo preparado y estoy yo preparado para añadir otro factor de estrés a nuestra relación?". Y propone un termómetro sencillo: observar qué hace el niño con la pantalla y, sobre todo, qué deja de hacer por ella. "Si deja de dormir, hacer deporte o ver amigos, hay un problema".
Otro gran reto en la educación hoy en día es el de las nuevas familias. Matrimonios del mismo sexo, familias monoparentales, separados... Su madre, Ana Botella, fue célebre por sus declaradas reservas sobre el matrimonio homosexual hace años. Sin embargo, Ana Aznar plantea un enfoque radicalmente distinto, basado en la evidencia científica. "Lo que dicen las investigaciones es que la estructura familiar como tal no importa tanto para el desarrollo del niño", afirma con rotundidad. "No importa con quién viva el niño. Lo importante es la calidad de la relación. Lo que es negativo para un niño es vivir en un ambiente de conflicto permanente".
"Las investigaciones dicen que la estructura familiar como tal no importa tanto para el desarrollo del niño. Lo importante es la calidad de la relación"
A pesar de su famosa filiación, Ana Aznar está construyéndose un perfil público propio en el campo de la divulgación útil. Dirige REC Parenting, una plataforma desde la que acompaña a familias, y donde su mensaje concreto y práctico se agradece en un momento de exigencia parental olímpica. Ya piensa en su próximo proyecto: un libro centrado en las madres, "las grandes ignoradas" en la literatura de crianza, según dice.
— ¿Cuál está siendo tu mayor satisfacción en este campo de la divulgación?
— Que los padres me dicen que el libro les quita culpa y les tranquiliza. Tenemos que intentar disfrutar de la paternidad. Centrarnos en crear relaciones buenas, con amor y límites. Al final, lo que queremos como padres es que los hijos vuelvan. Y si vuelven, es que lo hemos hecho bien.
Una conclusión sencilla, como su libro: educar, también, es saber soltar, después de haber puesto, con amor, los límites necesarios.
Su apellido evoca inevitablemente la política, pero Ana Aznar Botella (Madrid, 1981) ha labrado su trayectoria profesional a miles de kilómetros (no solo geográficos) de la Moncloa, entre las aulas de universidades británicas e italianas donde se ha especializado en el desarrollo socioemocional de los niños. Doctora, profesora e investigadora, acaba de dar un paso al frente en la divulgación con su primer libro, 'Educar también es decir no. Cómo poner límites con amor' (Vergara), un manual que busca desterrar la culpa y la angustia de la crianza contemporánea.