María José Suárez: "Tuve que vender mi casa de Madrid, Hacienda me dio una bofetada de 300.000 €"
María José Suárez habla como nunca en Zodiac sobre su trayectoria profesional, sus problemas económicos y su vida personal, abordando tanto éxitos como dificultades
Durante años, cuando algo le dolía, prefería refugiarse en su mundo privado. Callar. Desaparecer. Dejar que el temporal pasara. Pero en esta etapa habla sin miedo. De todo. De todos. Incluso de aquello que durante mucho tiempo fue un peso difícil de sostener. La tirada de cartas simbólica que articula Zodiac señala el dinero como uno de los ejes de su vida, y ahí María José no esquiva nada.
María José Suárez en el nuevo episodio de 'Zodiac'.
Comenzó a trabajar antes de los veinte años. Su carrera como modelo despegó pronto y, más adelante, su popularidad televisiva la llevó a presentar espacios como 'Noche de fiesta'. En aquella época dorada llegó a cobrar 50.000 euros al mes, una cifra que hoy recuerda con mezcla de asombro y vértigo. Ganaba mucho, sí, pero también aprendió que el éxito económico no inmuniza frente a los errores o las malas decisiones. Hubo momentos complicados, etapas en las que los números dejaron de cuadrar y las deudas con Hacienda la obligaron a tomar decisiones drásticas, como vender su casa en Madrid para hacer frente a lo que le reclamaban.
No lo cuenta desde la victimización, sino desde la honestidad. “Eliminaría cosas de mi vida”, admite. “Es verdad que es un aprendizaje, pero no quiero aprender tanto”. En esa frase se condensa una filosofía: sabe que las caídas construyen carácter, pero eso no significa que no duelan. Cada tropiezo le ha dado un bagaje, una piel más gruesa y una mirada más serena.
María José Suárez en el set de 'Zodiac'. (Sergio Beleña)
Entre las anécdotas más inesperadas del episodio, sorprende cuando recuerda que conoció personalmente a Donald Trump en la época en la que él estaba vinculado a la organización de Miss Universo. Su paso por el universo de los certámenes de belleza le permitió coincidir con figuras internacionales cuando todavía no imaginaba el rumbo político que tomaría el empresario estadounidense. Son recuerdos de una etapa intensa, cosmopolita, casi cinematográfica.
Pero si hay algo que la define de verdad es su historia personal. Creció en un matriarcado. Su abuela fue el pilar que sostuvo a la familia y quien crió a María José y a sus tres hermanas. En ese hogar de mujeres aprendió fortaleza, independencia y una manera muy particular de entender la lealtad y el amor. Esa raíz femenina sigue marcando su forma de enfrentarse al mundo.
Cuando la conversación gira hacia el amor —la otra gran carta del zodiaco— su tono cambia. Hoy se siente en paz. No tiene prisa, pero tampoco miedo. Está preparada para una relación sana, tranquila, lejos del ruido. Y es inevitable recordar la etapa mediática que vivió junto a Álvaro Muñoz Escassi, una relación que ocupó titulares y que terminó envuelta en polémica tras la irrupción pública de Valeri, señalada como su amante. María José rememora la última vez que vio a Escassi y cómo gestionó aquella exposición pública que la colocó, una vez más, en el centro del huracán.
Suárez durante la grabación de Zodiac. (Sergio Beleña)
Habla de todo ello sin rencor, pero con memoria. Porque si algo ha aprendido es a no negar lo vivido. A integrarlo. A entender que cada historia, incluso la más dolorosa, la ha traído hasta aquí: un presente en el que se siente más fuerte, más libre y más dueña de su narrativa.
El broche final del podcast lo pone con un relato desconocido: su experiencia más paranormal, vinculada a la sensación de presencia de sus antepasados. Lo cuenta con la naturalidad de quien no necesita convencer a nadie, solo compartir lo que sintió. Para una Piscis convencida del poder de la intuición, la frontera entre lo visible y lo invisible no siempre está tan clara.
Así, entre luces y sombras, éxitos y pérdidas, María José Suárez dibuja en Zodiac —quizá más de lo que le hubiera gustado aprender— pero que hoy habla desde la serenidad. Sin esconderse. Sin máscaras. Y, por primera vez en mucho tiempo, sin miedo.