Con el paso de los años es frecuente que cambien los hábitos de alimentación y que se ajusten pequeñas rutinas en la mesa. No siempre se trata de grandes giros: a veces basta con recortar una costumbre, sustituirla por otra o reservar ciertos caprichos para momentos concretos. En ese terreno, la constancia suele pesar más que la perfección.
En una charla en el canal de YouTube de Patricia Fernández, Lola Herrera compartió algunos detalles de su día a día. La actriz explicó que durante mucho tiempo tomaba postre “siempre”, aunque matizó que, cuando lo hacía, lo habitual era que fuera fruta. “Tomaba siempre postre, pero me lo he quitado”, afirmó, y añadió que hace tiempo que no lo toma de forma habitual.
Lola Herrera en el Teatro Bellas Artes. (Europa Press)
Esa renuncia, sin embargo, no es absoluta. Herrera contó que cuando está de gira puede probar algún dulce casero si se lo encuentran en el camino. Lo describió como algo puntual, ligado a circunstancias concretas, no como parte de su rutina diaria. En su caso, la excepción aparece más por contexto que por costumbre.
También habló de lo que bebe en las comidas. Según explicó, lo más habitual para ella es el agua “del tiempo”, es decir, a temperatura ambiente. El vino lo reserva para cuando sale a cenar con compañeros o con gente, porque en casa no abre una botella para tomar una copa de vez en cuando. En esas cenas, dijo, le gusta el vino tinto.
La actriz Lola Herrera en una imagen de archivo. (EFE)
Más allá de la comida principal, la actriz señaló que el desayuno es uno de los momentos que más cuida. Comentó que deja la mesa preparada desde la noche anterior, con la cafetera lista y la tostada preparada para calentar. “Me gusta tomarme mucho tiempo para desayunar”, explicó, y señaló que incluso madruga más para hacerlo con calma.
En ese primer tramo del día, detalló que suele tomar un kiwi, café con leche —con poca leche— y una tostada de pan integral con cereales. A esa base le añade queso batido con mermelada o, en otras ocasiones, aceite de oliva. El tomate, comentó, rara vez le apetece a primera hora.
Con el paso de los años es frecuente que cambien los hábitos de alimentación y que se ajusten pequeñas rutinas en la mesa. No siempre se trata de grandes giros: a veces basta con recortar una costumbre, sustituirla por otra o reservar ciertos caprichos para momentos concretos. En ese terreno, la constancia suele pesar más que la perfección.