Historia de un vino nacido en Sonsierra
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Historia de un vino nacido en Sonsierra

"Me gusta pensar la evolución del vino, como si fuera una cosa viva. Me gusta imaginar cómo fue el año en que crecieron las uvas, si

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Historia de un vino nacido en Sonsierra

"Me gusta pensar la evolución del vino, como si fuera una cosa viva. Me gusta imaginar cómo fue el año en que crecieron las uvas, si fue un verano soleado o lluvioso... cómo era el clima. Pienso en toda esa gente inclinada, eligiendo las uvas...” (Entrecopas).

 

En un lugar tan emblemático para nuestros caldos como La Rioja parece que éste va a ser uno de esos años de los que puede salir un vino excelente. A los pies de la sierra cantábrica, cerca del pico Toloño, un matrimonio recoge la uva con ayuda de unos temporeros africanos en unos viñedos de unos 40 años de antiguedad. Nos cuentan que ha habido una primavera húmeda y un verano cálido, por lo que la maduración ha sido rápida, así que una vendimia que suele realizarse entre el 5 y 8 de octubre se ha adelantado al 25 de septiembre. Con gran agilidad y mimo van recogiendo los racimos empezando desde la zona alta de algo más de una hectárea hasta abajo, recolectando lo que dan de sí cinco filan a cada lado. Ellos son algunos de los muchos agricultores que trabajan para Bodegas Sonsierra, una cooperativa formada por 170 socios.

 

Acompañamos durante cinco minutos al pequeño remolque cargado de uvas. Antes de depositar tan preciado botín en la tolba, se analizará rápidamente su ph, el málico y el glucónico, para verificar que sus índices son correctos. Se deposita la uva, que pasa por la despalilladora y luego la estrujadora, de la que sale el mosto dispuesto a macerar con la piel durante un tiempo. Se controla con detalle su temperatura “La levadura hace que pueda alcanzar los 40 grados”, explica el enólogo Rafael Usoz, por lo que los tanques se intentan mantener a unos 27 grados con un sistema de duchas de agua fría. Como el líquido va quedando abajo se realiza un remontado del liquido para que cada cierto tiempo vuela a entra en contacto con la piel. Al vino tinto le queda una segunda fermentación por hacer: la maloláctica, que transforma el ácido málico en láctico. Se hace en otros tanques, que en este caso son de hormigón revestido de resina.

 

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Objetivo: ser el más deseado de la carta

 

A los vinos jóvenes les queda poco para ver la luz, solo la maceración carbónica, pero a los crianza y reserva les toca lidiar con la madera. Les esperan las barricas de roble francés, gracias a las que adquirirán ese toque especial que les hará ser o no los más deseados de una carta de vinos. Maderas Adour o Boutes –el primero, más tostado y cercano al café; el segundo, más sutil- le dan su toque diferente, y de su mezcla saldrá un vino con ganas de triunfar.

 

El más deseoso es sin duda uno que tiene su pequeña historia: La bodega puso en manos del diseñador David Delfín el diseño de un reserva Pagos de la Sonsierra que llevaría su nombre y el resultado fue realmente sorprendente (ver Los vinos también visten de etiqueta). El caldo se presentaba en una botella de jarabe que incluía además un prospecto en el su indicación era “como coadyudante en el tratamiento de encuentros con amistades, comidas de gran paladar, y degustaciones de buena mesa para entendidos y aficionados".

 

El 2006 ya vio la luz, pero hubo oportunidad de acercarse al que será el 2007, un curioso vino que se muestra muy prometedor. “Le falta botella”, nos dice el enólogo de un caldo con otras cosas que contar y que, parece, nada tendrá que ver con su predecesor. Solo esa uva tempranillo que, nos dicen, es la única que arraiga en esa zona. Un fruto que de nuevo quiere decir “Erase una vez…”.

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