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Venecia, entre máscaras y amor a su cocina

Es visita obligada en Venezia el Mercado de Rialto. Antiguo centro comercial del mundo y sus almacenes que hoy son osterias y bacari, de la Pescaria, la lonja

Foto: Venecia, entre máscaras y amor a su cocina

Febrero es el mes del amor y del carnaval. Uno de los más famosos, el de Venecia, se celebra este año hasta el día 17 y, a pesar del frio propio de esta época del año, es cuando más turistas concentra. Es un incesante desfile de colores, venecianos y turistas esconden sus caras tras las inexpresivas máscaras que los artesanos siguen elaborando en sus talleres a pie de calle. Para los que tenemos una idea romántica del carnaval, nos quedamos con el que Giacomo Casanova nos grabó en la imaginación con sus memorias de la Venecia del siglo XVIII, la de máximo esplendor, donde la nobleza y la burguesía celebraban fiestas y bailes de máscaras que duraban casi todo el año.

Muchos museos y galerías de arte para visitar pero la mayor atracción de este extraordinario enclave es pasear por las laberínticas calles y alguno de sus 354 puentes que cruzan los ríos y canales de la laguna. Hay que perderse en ellas, nada difícil, para topar con rincones de ensueño, silenciosos y vacíos de turistas. Sus famosos puentes, como el de Rialto, el primero que unió las dos orillas del canal, o el dell’accademia, son balcones para contemplar auténticos cuadros de Canaletto que parecen cobrar vida. Venecia es un escenario flotante que ha inspirado a ilustres artistas y donde cada día se representa el peculiar engranaje que necesita para funcionar.

Para tener una buena perspectiva de la ciudad hay que recorrer el Gran Canal en uno de los vaporettos, el medio de transporte más común y realizar un turístico pero placentero paseo en góndola, para deslizarse suavemente por las aguas oscuras y misteriosas que reflejan iglesias y magníficos palazzos góticos, barrocos, renacentistas y casas típicas del Véneto. Cada desconchón de las imponentes fachadas parecen fabricados para componer un decorado mágico y evocador de siglos de historia. El silencio de la noche en Venecia es único y solo aquí podrá despertar con la serenata de algún gondolero.

Para los amantes de la cocina y del buen comer, es visita obligada el Mercado de Rialto. Antiguo centro comercial del mundo, la esencia de El Mercader de Venecia, donde llegaban barcos cargados de especias, sedas y joyas que descargaban en almacenes que hoy son osterias (tabernas) y bacari (bares) de la Pescaria, la lonja de pescado y de frutas y verduras. Es un museo vivo para conocer sus productos locales en el ambiente más auténtico del día a día veneciano. Especialidades de la laguna como anguilas, mejillones, moscardini (pulpitos), cangrejos, sepias y granseole (centollos). Alcachofas gigantes, espárragos blancos de Bassano y radicchios trevisanos entre frutas de temporada.

Si es medio día o la hora feliz –entre las 6 y las 8 de la tarde-, será el momento de los cichetti. Uno de mis lugares favoritos, All’Arco, por su bacalao mantecato, salami con gorgonzola, berenjena asada, o cualquier fantasía que Francesco y su hijo Mateo preparen con lo más fresco del mercado, mientras la madona con maestría y perenne sonrisa sirve el prosecco o spritz.

Apartado del bullicio de turistas, en el sestiere o barrio de Cannaregio el restaurante Algiubagió  dispone de una agradable terraza con vistas a la laguna y un cálido interior de decoración moderna y elegante, que promete una cena romántica a la luz de las velas que iluminan cada mesa junto a originales vasos de la vecina Murano. Exquisito servicio, buena carta de vinos y menú de excelentes carnes del Véneto y productos del mar que se saborean en los tartare y carpaccios, risottos y pasta típica veneciana, como los Bigoli con croccanti de sardinas. De postre, un delicioso tiramisú elaborado en casa.

No hay duda de que Venecia es un lugar fascinante que queda en el recuerdo con la duda de si alguna vez realmente habitaste ese sueño.

Algiubagiò Restaurant. Fondamenta Nuove, Cannareggio. Venezia

All’Arco. Sestiere San Polo, 436. Venezia

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