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Castillo de Arteaga, un pequeño reino de lujo accesible y buena gastronomía

En medio de un paraje casi salvaje y bello, en el que anidan, reposan y sobrevuelan cientos, miles de aves, se levanta orgullosa la torre del singular castillo de Arteaga

Foto: Castillo de Arteaga, un pequeño reino de lujo accesible y buena gastronomía

Al otro lado de la ría y a pocos kilómetros de la ola izquierda más famosa de Europa que corre a la entrada de la bocana del pequeño puerto de Mundaka, plagas de hombres y mujeres de cabellos arrubiados y rizados por el sol y el salitre del agua tratan de dominar un mar que bate constante. En medio de un paraje casi salvaje y bello, en el que anidan, reposan y sobrevuelan cientos, miles de aves, se mantiene enhiesta y orgullosa la torre del singular castillo de Arteaga desde el que se divisa un paraje que hipnotiza los sentidos.

La inmensa suite donde dicen que durmió Eugenia de Montijo es de proporciones extemporáneas y majestuosa, más propia de la categoría de la emperatriz y de tiempos pasados. Un lugar especial. Un fresco que cubre todas las paredes representa el paisaje que realmente se ve alrededor de la habitación. Una biblioteca de ensueño con su chimenea que se enciende todavía en estos días para calentar las veladas que ocupan animadas conversaciones y gin-tonics hasta altas horas de la madrugada. De noche, el patio de armas se ilumina con antorchas y velas haciendo que el castillo se convierta en un lugar especial y acogedor y, ¿por qué no?, ¡romántico! Un lujo accesible que enamora y que le califica para ser uno de los dos únicos Relais Chateaux de todo el norte de España.

Un restaurante elegante, de suelos y techos de madera, grandes cortinas y lámparas de estilo; pocas mesas, vestidas de largo y bien distribuidas junto a los grandes ventanales que iluminan la estancia y resaltan la gran chimenea que preside el comedor.

La cocina está a la altura y en consonancia con el resto del complejo; no en vano cuentan con la inestimable despensa de la región: los pescados que traen a diario del cercano puerto de Bermeo o unos chipirones excepcionales que recogen del pequeño pueblo de Elantxobe, y de la tierra, unas magníficas verduritas de temporada braseadas con foie.

Para empezar, un extraordinario aceite de oliva virgen extra de la Casa de Alba, de aceituna picual, que empapamos en una gran selección de panes. Un detalle que avanza y habla muy bien del cuidado y esmero que ponen en que toda la experiencia sea impecable.

Entre los primeros, resaltar un surtido de croquetas bien trabajadas, cremosas y de sabores reconocibles. Muy bueno el milhojas de bacalao, calabaza y cremoso de puerro. Excepcional la terrina de foie con un ligero toque de brasa y la combinación dulce que le aporta la manzana y el membrillo, con una fina capa de gelatina de txakoli.

Su carta es un cuadro donde se exhibe con orgullo lo mejor del mar Cantábrico. Así no podía faltar un buen bacalao preparado a la vizcaína o al pilpil; la calidad de la merluza de anzuelo a la brasa o rebozada en tacos es de nota. Una gran opción es el rape negro a la brasa con romescu y ajetes. Muy bien preparado, buen sabor, textura tersa pero tierna, un plato redondo.   

Estando en la zona, junto a las verduras y el pescado que nos traen a la mesa, acompañamos la cena con un estupendo txakoli, que refresca y completa la experiencia.

Castillo de Arteaga. C/ Aztelubide Kalea, 7. Zelaieta, Bizkaia. Tlf: 94 624 00 12.

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