Güeyu Mar, probablemente la mejor parrilla de pescado de España
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Güeyu Mar, probablemente la mejor parrilla de pescado de España

Güeyu quiere decir ojo en asturiano. Güeyo Mar, ojo y mar. Eso es lo que Abel tiene para seleccionar todo el buen producto que trabaja en la parrilla: Mar y buen ojo.

Foto: Güeyu Mar. Foto. Rafa Pola
Güeyu Mar. Foto. Rafa Pola

Güeyu quiere decir ojo en asturiano. Güeyo Mar, ojo y mar. Eso es lo que Abel debe de tener para todo lo del mar, buen ojo. Pero además de buen ojo para los pescados y los mariscos, tiene un instinto especial para las brasas. Abel y su pareja, Luisa, abrieron Güeyu Mar en 2007; hasta entonces, y durante mucho años, Abel estuvo estudiando y enamorándose de la parrilla en La Parrilla de Ribadesella.

Güeyu Mar está en playa de Vega, una minúscula aldea de menos de 50 habitantes pegada a una de esas grandes playas del Cantábrico, abiertas y de arena blanca, que invitan al paseo y a la meditación. Abel únicamente sirve en su establecimiento mariscos y peces a la brasa, además de algún excepcional queso gamoneo. Después de casi 25 años de moverse entre parrillas y ascuas, ha conseguido, si puede decirse así, dominar y entender el fuego y sus misterios. El dueño de Güeyu Mar dice que: “La gente no sabe controlar el fuego; al fuego hay que conocerlo”. Este parrillero astur, ha conseguido sofisticar lo sencillo, tecnificar lo natural e innovar las brasas . Abel ha conseguido que la simple cuestión de hacer un pescado a la parrilla se convierta en algo elaborado y sutil. Experiencia, brasas, parrillas y, sobre todo, producto, son los ingredientes esenciales del éxito de este restaurante. En Güeyu Mar se gasta anualmente entre 25 y 30.000 euros en madera. Abel utiliza preferentemente maderas de roble, encina y cerezo. Desde que cada día a las 10 de la mañana enciende el fuego, nuestro parrillero dedica entre 3 y 4 horas hasta conseguir las brasas perfectas. Su larga experiencia con los fuegos le ha enseñado los secretos básicos de su maestría parrillera: “El producto debe ser siempre de primerísima calidad.Al producto hay que hacerle y echarle lo menos posible.Hay que probar, probar y probar hasta conseguir lo que se busca.En la parrilla hay que jugar mucho con la lentitud".

Años y años en la parrilla han llevado a Abel a saber perfectamente: como manejar la intensidad de las ascuas; la diferente distancia entre los hierros y el fuego que requiere cada pescado; como hay que exponer cada pez a las brasas: abierto, cerrado…..

El precio del super producto que utiliza Güeyu, Mar dice Abel que supone el 60/65% de la factura al cliente. Ostras, bogavantes, quisquillas, santiaguiños, andaricas, almejas, sardinas, calamares, pulpo, bonito, lenguados, salmonetes, lubinas, rodaballos, merluzas, rapes, doradas, meros, besugos y, sobre todo, el rey o virrey, el pez preferido y fetiche de Abel.

El día que mi amigo Miguel y yo estuvimos por allí pudimos probar:

Unas sorprendentes zamburiñas al aroma de cerezo. Una exquisitez desconocida al paladar que como las ostras a la brasa, constituyen un autentico y verdadero mar y montaña, una suerte de sutil y sorprendente sabor a mar ahumado. Un tronco de rape levemente dorado por fuera y con la misma consistente jugosidad en toda la pieza. Unos salmonetes de textura y sabor desconcertantemente inusuales. Un queso gamoneo de la tía de Abel, de esos realmente buenos de verdad: aromático, untuoso e intenso.

La comida la acompañamos con un sorprendente Louro un soberbio Valdeorras con crianza, de Rafael Palacios, sugerencia de la casa .

Comer en Güeyu Mar es una fiesta para los sentidos, que te demuestra lo complejo que puede llegar a ser convertir lo sencillo de verdad en un auténtico manjar.

La pasión que Abel siente por lo que hace se parece mucho a la exhibida por esos artistas que después de realizar una obra se resisten a tenerla que vender porque sienten su creación como algo intimo y personal que, en el fondo, nunca dejará de pertenecerles. Eso es lo que a veces le pasa a Abel, cuando preferiría no vender ese magnifico bogavante de 2 kilos a punto de abandonar el trono de su parrilla.

Si vaa la cornisa cantábrica asturiana, aunque le pille un poco lejos, no dejede acercarse a Güeyu Mar, porque seguro que te compensará. Aunque lleguesin reserva y haya mucha gente, algo que sucede casi siempre, Abel y su mujer Laura nunca le dejarán sin comer.

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