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Soy Kitchen, fusión, creatividad, locura... y salsas adictivas

Si conociste el viejo Soy Kitchen, te alegrará saber que regresa con sus locas y deliciosas transgresiones. Si no llegaste a probarlo, es el momento de disfrutar con las sorpresas de su chef

Foto: Soy Kitchen.
Soy Kitchen.

Se llama Yong Ping Zhang, pero cuantos han pasado por su casa le conocen como Julio. Julio es un cocinero extraño, de maneras hiperactivas y parlanchín. O, mejor dicho, 'parlanchino', porque Julio te empieza a explicar sus platos, sus ocurrencias, su idea de la fusión, y tienes que ir traduciendo, interpretando. Finalmente, aceptando. Después vienen sus ayudantes y te cuentan eso mismo, pero al modo castizo.

En realidad, todo eso da igual. Porque de lo que se trata es de ponerse en sus manos, probar sus creaciones y viajar -Asia, México, Perú- con el paladar.

Julio en la cocina abierta de Soy Kitchen.
Julio en la cocina abierta de Soy Kitchen.

Julio ha abierto local en zona noble. Le conocimos en el Soy Kitchen de la plaza de los Mostenses, en los arrabales de la Gran Vía. Una casa china de comidas que te podía parecer un poco cutre -seguramente lo era-, pero en la que te sorprendía la imaginación de un chef sin carta que te daba de comer lo que le apetecía. Después, ese chino se transformó en Lamian -así es como se pronuncia ‘ramen’-, un sitio donde comer la sopa de moda y entregarse al street food de China, Japón, Tailanda, Corea y Taiwan.

Soy Kitchen.
Soy Kitchen.

Ahora ha rescatado aquel espíritu inicial de la fusión y lo hace con un Soy Kitchen renovado por todo lo alto, en un restaurante de cuidado y contemporáneo interiorismo que acoge con naturalidad a una clientela ejecutiva deseosa de ver al maestro manejar el wok al modo de un hombre orquesta. Está en todo. Tanto que solo él conoce al detalle los secretos últimos de sus salsas, unas salsas que llenan de sabor sus platos y de las que intuyes su poder adictivo según te las llevas a la boca.

Siendo así las cosas y teniendo en cuenta, como decíamos antes, que no hay carta, no es de extrañar que el nombre de los platos sea un tanto ‘impreciso’, por decirlo de alguna manera. Un ejemplo: carabinero flambeado, acompañado de una salsa hecha a partir del propio jugo de su cabeza. Otro: solomillo de buey con una salsa miso dulce.

Soy Kitchen.
Soy Kitchen.

En realidad, no sé hasta qué punto es útil hacer una descripción de los platos que hemos tomado. Básicamente, porque cada día cambian al albur del estado de ánimo de Julio. De sus impulsos. Uno se sienta a la mesa y tiene la opción de elegir entre tres menús degustación: uno corto a 45 €, otro largo por 65 € y un ejecutivo -de lunes a jueves a mediodía- por 35 €. Y, a partir de ahí, la sorpresa. Como pistas, sabemos que estarán presentes grandes mariscos -gamba roja, bogavante, navaja, carabinero…-, guisos tradicionales y, también, dim sum de autor. En algún caso la sorpresa se lleva hasta el límite: hay un plato del que no te revelan su composición hasta que no lo has comido. Y no haremos spoiler.

Una experiencia más completa también es posible: se trata de que el comensal decida cuánto quiere comer, cuánto quiere pagar… y que Julio le prepare algo especial y único.

El picoteo también es posible en el nuevo Soy Kitchen. Hay en barra una carta de raciones para esos días en los que uno quiere entregarse a los aperitivos: gyozas, dumplings, xiao long bao y demás bocados que llevan impresos, también, la huella del autor.

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Gastronomía
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