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La receta definitiva de la focaccia casera para que quede como en los mejores restaurantes italianos
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La receta definitiva de la focaccia casera para que quede como en los mejores restaurantes italianos

Sirve tu focaccia con una buena copa de vino, una selección de quesos y una ensalada fresca

Foto: La focaccia se puede preparar en casa y disfrutar como en un restaurante. (Pexels/ Anna Shvets)
La focaccia se puede preparar en casa y disfrutar como en un restaurante. (Pexels/ Anna Shvets)

Si alguna vez has probado una focaccia en un auténtico restaurante italiano, sabrás que este pan plano no es solo un acompañamiento, sino una experiencia en sí misma. Su textura esponjosa, su corteza dorada y su aroma inconfundible a aceite de oliva la convierten en un emblema de la cocina mediterránea. Ahora imagina poder replicar esa perfección en tu propia cocina. Con esta receta definitiva, lograrás una focaccia casera que no tiene nada que envidiar a la de los mejores restaurantes italianos. El secreto de una focaccia perfecta radica en los detalles: ingredientes de alta calidad, un buen aceite de oliva y el tiempo adecuado de fermentación. Una fermentación lenta no solo asegura una textura aireada, sino que también potencia los sabores, convirtiendo un simple pan en una obra maestra.

Para preparar una focaccia mediana necesitarás: 500 gramos de harina de fuerza (puedes combinarla con harina integral para un toque rústico), 10 gramos de sal fina, 10 gramos de azúcar, 7 gramos de levadura seca (o 20 gramos si es fresca), 350 mililitros de agua templada, y 50 mililitros de aceite de oliva virgen extra. Para el acabado, el romero fresco y la sal en escamas serán tus aliados para ese toque final característico. El primer paso es activar la levadura. Mezcla la levadura con el azúcar y un poco de agua templada, y deja reposar durante unos 10 minutos. Sabrás que está lista cuando comiencen a formarse burbujas en la superficie, indicando que la levadura está viva y activa.

placeholder La focaccia debe quedar tostada. (Pexels/ Katerina)
La focaccia debe quedar tostada. (Pexels/ Katerina)

A continuación, prepara la masa. En un recipiente grande, mezcla la harina y la sal. Agrega la levadura activada y el resto del agua poco a poco, mezclando hasta integrar todos los ingredientes. Añade 30 mililitros de aceite de oliva y amasa durante unos 10 minutos hasta obtener una masa elástica y ligeramente pegajosa. El tercer paso es crucial: la fermentación. Coloca la masa en un recipiente ligeramente aceitado, cúbrelo con un paño húmedo y deja reposar al menos una hora o hasta que la masa duplique su tamaño. Si buscas un sabor más profundo y una textura aún más aireada, deja que fermente en la nevera durante toda la noche.

Cuando la masa esté lista, es momento de darle forma. Precalienta el horno a 220ºC. Engrasa generosamente una bandeja con aceite de oliva, coloca la masa sobre ella y extiéndela con las manos hasta cubrir la superficie. Usa los dedos para formar pequeñas hendiduras en la masa, lo que dará a la focaccia su textura característica. Rocía más aceite de oliva y añade romero fresco y sal en escamas.

placeholder Una focaccia de tomates cherry y cebolla. (Pexels/ Nacho Posse)
Una focaccia de tomates cherry y cebolla. (Pexels/ Nacho Posse)

El toque final llega con el horneado. Cocina la focaccia durante 20 a 25 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y la cocina se llene de su inconfundible aroma. Una vez fuera del horno, déjala enfriar ligeramente antes de cortarla y servirla.

Para personalizar tu focaccia, experimenta con diferentes ingredientes como aceitunas negras, tomates cherry, ajo laminado o queso parmesano rallado. También puedes usar aceite de oliva infusionado con ajo, romero o incluso guindilla para intensificar los sabores. Si tienes tiempo, una fermentación prolongada en la nevera, de hasta 24 horas, puede transformar la textura en algo excepcionalmente ligero y aireado.

Si alguna vez has probado una focaccia en un auténtico restaurante italiano, sabrás que este pan plano no es solo un acompañamiento, sino una experiencia en sí misma. Su textura esponjosa, su corteza dorada y su aroma inconfundible a aceite de oliva la convierten en un emblema de la cocina mediterránea. Ahora imagina poder replicar esa perfección en tu propia cocina. Con esta receta definitiva, lograrás una focaccia casera que no tiene nada que envidiar a la de los mejores restaurantes italianos. El secreto de una focaccia perfecta radica en los detalles: ingredientes de alta calidad, un buen aceite de oliva y el tiempo adecuado de fermentación. Una fermentación lenta no solo asegura una textura aireada, sino que también potencia los sabores, convirtiendo un simple pan en una obra maestra.

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