Oslo: escapada entre los vikingos 'hipster' de Noruega

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La Ópera y Barcode
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La Ópera y Barcode

Como si fuera un majestuoso iceberg que flota en el puerto, el edificio de la Ópera de Oslo es la joya de la corona firmada por el multipremiado estudio de arquitectura noruego Snøhetta. Fue diseñado con la idea de hacerlo partícipe de la sociedad, no sólo por su extensa programación en el Auditorio y salas de ensayo acristaladas, sino por su exterior de mármol por el que se camina y contempla una de las mejores vistas del fiordo. A su espalda se alza el ‘Barcode’ (Código de Barras) del barrio Bjørvika, un polémico proyecto de arquitectura en altura firmado por el estudio MVRDV de Rotterdam y los noruegos DARK Architects y A-lab para rehabilitar la zona portuaria.
Sørenga Seawater Pool
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Sørenga Seawater Pool

En cuanto suben las temperaturas -con máximas de Oslo, se entiende- los noruegos salen a la calle como si no hubiera mañana, chanclas, bikinis y gafas de sol incluidas. La zona recreativa de Sørenga, al lado del edificio de la Ópera, está abierta durante todo el año, pero sólo a partir de junio se lanzan los más valientes a la piscina de agua salada. Cuenta con zona de restauración, que sería la versión 'cool' de los chiringuitos, una playa urbana para lucir genes noruegos, una zona de recreo infantil y un amplio paseo que bordea el puerto para disfrutar de los tibios rayos de sol. No apto para frioleros ni mediterráneos.
De crucero en el fiordo
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De crucero en el fiordo

El llamado Oslo Pass -tarjeta para turistas que se puede comprar en la Oficina de Turismo y la mayoría de los hoteles- permite descuentos en algunas atracciones y acceso libre a los cruceros por el fiordo. Recomendación: llevar chaqueta al barco, sí o sí, incluso en verano. Uno de los recorridos más pintorescos explora las islas desconocidas del fiordo, como la reserva natural y las casas multicolores de Lindøya; los bosques, cañones y las ruinas del claustro cisterciense del siglo XII de la isla Hovedøya o las playas donde practicar deportes náuticos, acampada libre y nudismo en Langøyene.
Aker Brygge
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Aker Brygge

Paseo marítimo donde los 'selfies' están asegurados, ya sea por los 'foodies' que disfrutarán la excelente gastronomía noruega al aire libre o por los 'instagramers' que busquen la mejor puesta de sol. El muelle de Aker Brygge nos lleva al nuevo barrio de moda, Tjuvholmen, habitado por la 'beautiful people' de bolsillos desahogados, con un movimiento cultural y galerías de arte en cada rincón. Una de las visitas obligadas es el Museo Astrup Fearnley, con arquitectura de Renzo Piano en forma de barco de vela acristalado, en cuyo interior se encuentra una de las mejores colecciones de arte contemporáneo del norte de Europa.
Akershus Fortress
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Akershus Fortress

Lo más parecido a un escenario cinematográfico de película bélica es la fortaleza medieval Akershus, cuyo paseo empedrado lleva al Castillo del año 1300 reconvertido posteriormente en palacio renacentista. El Centro de Información de la fortaleza alberga exposiciones explicativas sobre la historia de este monumento, los asedios que sufrió y la capacidad defensiva de su muralla. Desde sus jardines se contempla el muelle de Akershus, donde suele estar atracado el imponente barco Christian Radich, que sigue participando en regatas y permite visitas guiadas previa reserva.
Grünerløkka, el barrio 'hipster'
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Grünerløkka, el barrio 'hipster'

Los gafapastas y barbudos rubios con 'flow' se dan cita en Grünerløkka, donde uno puede entrar de paseo y salir con un tatuaje sin proponérselo. Las 'pin up' vikingas -que también existen- compran su ropa aquí y toman café muy cargado en las variopintas terrazas de edificios retro-industriales que bordean el río Akerselva. Además de esta inmersión en lo más 'trendy' de Oslo podemos visitar el Museo Popsenteret (Trondheimsveien, 2), una sala expositiva que recorre un siglo de música pop noruega. La experiencia interactiva permite al visitante grabar su propio tema en el estudio, diseñar portadas de discos o vivir la sensación de ser una estrella de este género musical.
Vigelandsparken
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Vigelandsparken

Más de un millón de visitantes al año pasean por los caminos del Parque de esculturas Vigeland, icono de Noruega, entre familias de picnic, conciertos al aire libre y partidos improvisados de volley-hierba. El legado del escultor Gustav Vigeland supone un estudio sociológico del ser humano a través de 200 esculturas de bronce, hierro y granito donde se hace un repaso por la vida y la muerte, el amor, el desamor, las edades del hombre y la familia. Pista: la estatua más famosa es el “Sinnataggen” o niño enfadado, inmortalizado por Vigeland.
Museo de los Barcos Vikingos
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Museo de los Barcos Vikingos

Los tesoros escondidos en las tumbas vikingas fueron descubiertos en excavaciones arqueológicas a comienzos del siglo XX. El Museo de los Barcos Vikingos (Huk Aveny, 35) expone el resultado de estas investigaciones, como tres barcos vikingos originales, piezas de orfebrería, trineos y otros objetos que acompañaban a los vikingos enterrados. Recomendación: la entrada a este museo da acceso libre al Museo de Historia de Oslo en las siguientes 48 horas. Se completa así un recorrido por más de 9.000 años de historia épica y secretos bien guardados como el tesoro vikingo de oro más grande de los Países Nórdicos.
Museo de Edvard Munch
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Museo de Edvard Munch

El actual Munchmuseet (Tøyengata, 53) se ha quedado pequeño para acoger tanto el legado del artista como las visitas masivas y exposiciones temporales con diálogos artísticos. Donde realmente se podrá apreciar a Edvard Munch en todo su esplendor será en el futuro museo Munch, el edificio Lambda, encargado al arquitecto español Juan Herreros en el barrio Bjørvika. Sus 12 plantas de cristal contrastarán con el iceberg de mármol de la Ópera de Oslo, como un combate arquitectónico símbolo de la vanguardia de la ciudad. Pista: hay dos versiones de ‘El Grito’, pero la copia más conocida se expone en la Galería Nacional de Oslo (Universitetsgata, 13).
Casa-Museo Ibsen
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Casa-Museo Ibsen

Además de un gran dramaturgo, Henrik Ibsen fue un hombre peculiar, temperamental y complejo que merece la pena conocer con una visita guiada a sus aposentos. El Ibsenmuseet (Henrik Ibsens, Gate 26) acoge su estudio de trabajo como él lo dejó y donde escribió su último drama en 1899. La exposición de su vida y obra es un viaje voyeur en el tiempo y una reflexión sobre la importancia de la mujer -su mujer- en su dramaturgia y crítica a la sociedad de la época. La casa recrea las estancias donde pasó la última etapa de su creación y contiene algunos de sus objetos personales, libros y una proyección cinematográfica.

El mito de frío, nieve y auroras boreales de Noruega se desmonta en el verano de Oslo. Tienen sol. Es más, tienen muchas más horas de sol de lo que estamos acostumbrados, con atardeceres que nunca acaban del todo y se aprovechan hasta el último minuto. A las 23.45 horas aterriza un vuelo de Madrid y todavía se puede contemplar a sus rubios habitantes circulando en bici, los tranvías recogiéndose silenciosamente y las terrazas dando paso a los bares de moda. El siguiente amanecer -tan temprano que deja pocas horas de verdadera oscuridad- descubre una ciudad hiperactiva y cosmopolita que se atreve con chapuzones en su piscina de agua de mar de Sørenga, cruceros en el fiordo con un aire frío que corta la respiración, movimiento 'hipster' en Grünerløkka, con músicos, barberos y tatuadores entre tiendas 'vintage', gente guapa y mariscadas en los restaurantes de la ribera del Aker Brygge y 'runners' en el Vigelandsparken, parque monumental que incluso con tormentas de verano tiene su encanto. Los vikingos 'hipster' noruegos son el paradigma del norte de Europa: padres y madres jóvenes que disfrutan de una conciliación laboral tan favorable que las calles se llenan de familias al completo de paseo. A los niños -y los turistas- se les recuerda con orgullo su pasado histórico en el museo de los Barcos Vikingos, el museo Munch o la casa del dramaturgo Ibsen. El sol de medianoche de Oslo esconde el destino más cool del norte. Éstas son sus claves.

Dónde dormir: The Thief (Tjuvholmen, 0252), primer hotel de Oslo con acceso al mar, 116 suites con terraza y una azotea donde tomarse la primera copa al atardecer. Restauración especializada en productos del mercado en su local Fru K. 

Dónde comer: Bar ‘Social Eating Vulkan’ (Maridalsveien, 17) en el barrio 'trendy' de Grünerløkka, a orillas del río Akerselva. Su propuesta es la “comida social” con platos para compartir y conocer gente. Deriva en coctelería y música a última hora de la noche. 

Cómo llegar: Iberia Express conecta Madrid-Oslo en verano con dos vuelos semanales (miércoles y sábados) desde 49 euros por trayecto. 

Fotos: Visit Oslo. 

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