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Con el paso de los años es muy habitual experimentar la aparición de manchas en la piel. Esta diferencia de pigmentación hace que zonas como rostro o escote -zonas más expuestas al sol- no tengan un tono regular.

La edad, la sobreexposición solar y la falta de protector son algunas de las causas más habituales. Sin embargo, igual que existen diferentes tipos de manchas, los tratamientos para reducirlas o incluso eliminarlas pueden ir desde peelings hasta el uso de láseres.

Ingredientes cosméticos como el ácido retinoico, el retinol, el ácido kójico, ácido azelaico o vitamina C ayudan tratar las manchas de la piel evitando su pigmentación o ayudando a regenerar las células de la piel.

“Los ácidos actúan como renovadores celulares, esto significa que facilitan la eliminación de células muertas, además de mejorar la renovación general de la piel. Por ello, cuando comenzamos a utilizarlos, la epidermis se hace más fina siendo más sensible a quemaduras o hiperpigmentación. Esta situación es transitoria y tras unos meses de tratamiento, el grosor de la epidermis se normaliza de nuevo”, nos explica Maribel Sánchez Lavado, asesora cosmética de la clínica Dermatológica Internacional.

Sin embargo, hay que tener en cuenta el tipo de tratamiento que estemos siguiendo, así como el periodo del año en el que nos encontremos. Si se lleva más de 6 meses utilizando activos como el ácido glicólico o el retinol, en verano no hay por qué dejar de utilizarlos, aunque es muy importante no descuidar la rutina de fotoprotección diaria.

Si se comienza a utilizar estos activos durante el verano, cuando la exposición a la radiación solar es más intensa, hay que tomar precauciones. Desde la Clínica Dermatológica Internacional recomiendan “no iniciar un tratamiento con activos fotosensibilizantes y disminuir la dosis, además de protegernos del sol en el caso de los tratamientos iniciados fuera de la época estival”.

Otros componentes como la vitamina C, que no son fotosensibles, se pueden utilizar durante todo el año “por su gran acción antioxidante y como complemento de una rutina de fotoprotección”, apunta Sánchez Lavado. Concretamente, este activo se debe aplicar por la mañana, “mientras que activos como el ácido retinoico, el ácido glicólico o el ácido kójico deben aplicarse por la noche.

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