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Todo empezó, al menos en lo que respecta al caso judicial, el 27 de julio de 2012. Sobre las 08:00 horas de la mañana Rocío Carrasco y su hija, Rocío Flores, por entonces una joven de 15 años, se enzarzaron en una discusión en la cocina de su casa que acabó, según recoge la sentencia del Juzgado de Menores número 4 de Madrid 44/2013 con Carrasco tirada en el suelo.

La madre de Rocío Flores, según el documento judicial, habría sufrido policontusiones con equimosis en la región frontal derecha, presentaba un edema en ambas muñecas, en el muslo derecho, en el antepié derecho y un hematoma en el segundo dedo del pie derecho. Su hija la había golpeado y la había tirado al suelo hasta en dos ocasiones, una en la cocina, y otra, en un intento de parar la huida de Rocío Flores, en el pasillo que separa la estancia de la puerta de salida del chalet en el que vivían la urbanización Valdelagua de San Agustín de Guadalix.

Tras propinarle los golpes, Flores salió del chalet en el que vivía su madre junto a Fidel Albiac, que estaba durmiendo en ese momento, y se montó en el coche de la familia. Le contó al chófer que su madre estaba tirada en el suelo y le pidió que la llevara a un cuartel de la Guardia Civil, pero este se negó.

Más tarde, su padre, Antonio David Flores, accedió a la petición de su hija. Solo unas horas después de la pelea con su madre, Rocío Flores Carrasco declaró ante la benemérita y acusó a su madre de un delito de malos tratos. Esta denuncia propició que se abriese un caso contra Rocío Carrasco por la vía penal, que más tarde, derivaría en dos.

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