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La duquesa y su novio formal la arman en Sevilla

La llegada a Sevilla de don Alfonso, que así llaman los reporteros de calle al novio formal de la duquesa de Alba, ha desatado todo tipo

Foto: La duquesa y su novio formal la arman en Sevilla
La duquesa y su novio formal la arman en Sevilla

La llegada a Sevilla de don Alfonso, que así llaman los reporteros de calle al novio formal de la duquesa de Alba, ha desatado todo tipo de especulaciones. La primera, y quizá las más impactante, tendría que ver con la boda inminente de la pareja. La escenificación del viaje del novio desde que salió de Atocha y llegó a la estación de Santa Justa tenía todos los ingredientes para pensar que efectivamente la gran duquesa se iba a vestir este fin de semana de blanco o de beige o de rojo. A fin de cuentas, y a estas alturas de la vida, el color es lo de menos.

 

Don Alfonso hizo su entrada triunfal en palacio en el coche de la duquesa conducido por Manolo, el chófer de toda la vida. Para demostrar en qué lugar del escalafón afectivo de Cayetana se encuentra, Alfonso tenía junto a él (de forma ostentorea que diría el desaparecido Jesús Gil) la bolsa de viaje. Podría haberla introducido en el maletero, pero entonces no habría quedado de manifiesto que esa noche y las demás dormiría en Dueñas.

 

La duquesa, como tantas veces en su vida, no tenía intención de esconder sus emociones y menos sus sentimientos hacia este “muchacho” de 56 años. Por lo tanto, si entraba en su casa nunca sería por la puerta falsa. Cuentan que al funcionario le costó tomar la decisión, que durante una semana sopesó los pros y los contras que suponía dejar ser el “tapado” de la historia. Que buscó consejo y sobre todo aceptó al final la petición de Cayetana, que seguramente le diría: Ven, te necesito a mi lado. Anímicamente no se encontraba bien. La filtración de su informe médico a la prensa fue la guinda a una serie de desencuentros con sus hijos, sobre todo con los mayores porque Eugenia y Cayetano van a su aire. No les convence la historia, pero tampoco se entrometen.

 

Otro de los detalles que tampoco le agradó fue que su segundo hijo, el duque de Aliaga, no tuviera el detalle de invitar a ninguna de sus amistades a la boda de su hijo Javier. No sólo era por ser el primer nieto que se casaba, sino también una manera de agradecer la fidelidad absoluta de las hermanas Cobo, de Carmen Tello, Anamari Abascal, los Burgos… hacia ella y también para sentirse acompañada. Parece que le dijo a uno de ellos que no tenía con quien ir a la boda. De hecho, ningún familiar cercano empujó la silla de ruedas y la ayudó a bajar del coche. Volvió a ser Manolo, el chófer, y Alfonso Candau (encargado de la comunicación) quienes la tomaron en brazos. Después nadie se fijó en que había que colocar bien la falda. Estos detalles y otros muchos son los que hicieron que la duquesa pidiera a su novio que bajará a verla.

 

De momento este fin de semana no hay boda y sí paseos por el campo y charlas de enamorados. Alguna de las fincas de Cayetana podría ser el escenario del primer reportaje gráfico conjunto con declaraciones exclusivas de ambos. Aunque sería mucho más impactante verles en cualquiera de los rincones emblemáticos del palacio de Dueñas. La boda, en cambio, podría celebrarse después del encuentro privado con la Reina. Puede ser que ese día le lleve a Zarzuela la invitación en mano.

 

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