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Suites separadas para la duquesa y su novio

Cayetana de Alba y Alfonso Díez continúan con su viaje de enamorados por Italia. Se trata de un periplo al que algunos conocidos de la duquesa

Foto: Suites separadas para la duquesa y su novio
Suites separadas para la duquesa y su novio

Cayetana de Alba y Alfonso Díez continúan con su viaje de enamorados por Italia. Se trata de un periplo al que algunos conocidos de la duquesa han definido con cierta gracia como de viaje prenupcial, por aquello de que no comparten habitación. Al menos, durante la etapa siciliana en el hotel San Domenico Palace, la pareja ha preferido mantener las formas. Curiosidades de la vida, en este mismo establecimiento, Onassis se encontraba con la amante de turno mientras María Callas permanecía en el yate ‘Christina’, esperando su regreso.

 

Nadie sabe lo que ocurrirá cuando lleguen a Roma o desembarquen en Venecia. No hay que olvidar que esta última ciudad es uno de los lugares donde se encuentra más a gusto porque nadie la importunaba. Era su ‘palazzo-refugio’, el único lugar que no prestaba a sus hijos, salvo en un par de ocasiones a Eugenia coincidiendo con los desencuentros con Francisco Rivera. En aquellos años de desolación, a la duquesita de Montoro siempre le acompañaba Blanca Martínez de Irujo, la prima abnegada y solícita que pasó de ser su paño de lágrimas a consoladora del torero hasta que rompieron.

 

Venecia podría ser el lugar donde muchos creen que la duquesa y su novio habrían decidido cambiar de estado civil. Aunque también hay rumores que apuntan a la embajada romana como marco ideal para que Cayetana se convirtiera en señora de Díez. Todo son cábalas y especulaciones en este sentido. Lo que sí es cierto y constatable es lo feliz que se encuentra. Ella misma lo ha contado y ha ido más allá. Cuando su novio le confesó que llevaba treinta años enamorado de ella (ya le vale al “entrañable”), la duquesa le contestó que era una pena no haberlo sabido antes.

 

Por eso ahora, y como Marcel Proust, la pareja va en busca del tiempo perdido. No me extrañaría que Alfonso, antes de dormir, leyera unas páginas de Un amor de Swan, por aquello de identificarse con el personaje. Charles Swanne ve como su amor por Odette de Creçy sale fortalecido al conseguir superar contrariedades y escollos. A él le pasa algo parecido. Casi nadie se cree su historia y se preguntan si pagan los gastos a medias. La pareja no viaja sola, sino con cuatro personas que forman el cuerpo de guardia más un grupo de reporteros que les acompaña a todas partes. Ni la duquesa ni el novio ponen impedimentos a que la prensa inmortalice sus arrumacos y paseos.
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