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La chulada de Raphael

Raphael siempre ha ido a su aire, y más desde que volvió a nacer tras el trasplante que le convirtió en un hombre nuevo. Otro en

Foto: La chulada de Raphael
La chulada de Raphael

Raphael siempre ha ido a su aire, y más desde que volvió a nacer tras el trasplante que le convirtió en un hombre nuevo. Otro en su caso se habría retirado, pero él no. La música, las luces, las giras y todo lo que lleva aparejado el contenido y el continente de un artista forma parte de su vida. Hace años que tiene la luz pagada, como él mismo ha explicado en muchas entrevistas aludiendo con la frase a que no canta por dinero. Como decía al principio Raphael, ha sido toda su vida independiente. No ha formado parte de capillitas, ni de grupos endogámicos del artisteo… Tampoco le han subvencionado discos, galas y conciertos y en más de una ocasión se enfrentó a los ejecutivos de la discográfica que pretendían transformarlo -como ahora les ocurre a los triunfitos- para vender más discos. Los directivos desaparecieron y en cambio él continúa en la brecha.

Según datos de la SGAE es el cantante español que más discos ha vendido a lo largo de su carrera. Precisamente, ese éxito de tantos años es lo que le ha permitido continuar en su línea y hacer lo que le da la gana. Por ejemplo, celebrar sus cincuenta años de profesión dos años antes de aquella primera salida en un teatro de Toledo como telonero de Juanito Valderrama. Es así de chulo. Y lo celebra con un disco, 50 años después, donde participan más de veinte cantantes. Desde Serrat, a Sabina pasando por Bosé, Juanes, Ana Torroja, Alejandro Sanz, su amiga del alma Alaska, Bisbal y gracias a la técnica Rocío Jurado y Rocío Dúrcal. Presenta dos temas inéditos, uno de su hijo Manuel -El cielo puede esperar- y otro de Sabina.

El disco es casi perfecto y lo presentó en una supergala en el Teatro Lope de Vega. Lleno a reventar. Varias semanas atrás no quedaban entradas y las invitaciones eran material sensible. Quienes no las tenían hacían la pelota a los que eran poseedores del “tesoro”. A cambio de convertirse en acompañantes, ofrecían invitar a cenar antes del concierto o copas después. El problema de los recitales de Raphael es que siempre se sabe cuando empiezan, pero nunca cuando terminan. En esta ocasión pasó lo mismo. A las nueve y media de la noche sonaron los primeros acordes de la superorquesta que siempre le acompaña. A continuación apareció el ‘artista’ con smoking de corte impecable y sin una sola arruga. Muy contenido en los cuatro primeros temas. El vestuario debía tener algo que ver con esta contención porque cuando se vistió de sí mismo -camisa negra con los tres botones abiertos- todo cambió. ¡Por fin el Raphael de siempre con sus paseos, sus gestos, sus movimientos…!
 
Durante tres horas sin interrupción cantó a capella, con el piano, con la batería, con el bello Bosé, con Bisbal…Imaginen todas las combinaciones posibles y eso es un recital de Raphael. En el patio de butacas, en los anfiteatros sus doscientos mejores amigos e incondicionales entre los que se encontraban desde Conde Pumpido, a la familia Bono al completo pasando por Isabel y Marcos García Montes (abogado de Rocío Carrasco que le acaba de ganar de un nuevo juicio contra Massiel), Lina Morgan, Pedro Ruiz, Enrique Ponce y Paloma Cuevas, Ana Belen y Víctor, María Chavarri, Nieves Alvarez, María Zurita, Cuchi Pérez Sandoval, Santiago Segura, Ruben Domínguez, Carmen Jara, Soledad y Paco Gordillo, manager de Raphael durante años, Paloma Segrelles (hija) y su marido, Luis Cobos, Carmen Sevilla… Detrás del escenario, como siempre, Natalia Figueroa.
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