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Se busca al Paparazzi Real

Hacía tiempo que no había mosqueo general por algún tema relacionado con las prioridades que la Casa Real brinda a determinados medios. La última vez fue

Foto: Se busca al Paparazzi Real
Se busca al Paparazzi Real

Hacía tiempo que no había mosqueo general por algún tema relacionado con las prioridades que la Casa Real brinda a determinados medios. La última vez fue en 2006 cuando los príncipes de Asturias concedieron una exclusiva al dominical de El País con motivo del especial que el periódico había preparado para conmemorar los 25 años de los Premios que llevan su nombre.

En aquel momento se armó la marimorena porque, además, el heredero aparecía de “colaborador” al escribir de su puño y letra un texto agradeciendo la iniciativa. La parte gráfica se sustentaba con la pareja real posando en el marco incomparable del saloncito de la Zarzuela.
 
El mismo espacio que en su día sirvió para el ‘corta y pega’ navideño donde los reyes sentados en el sofá rojo aparecían con sus nietos virtuales. Después se supo, a través del libro de Pilar Urbano, que la artífice del horror gráfico era doña Sofía. De ahí que los responsables de comunicación del palacio no abrieran la boca y que las explicaciones fueran algo así como “pío, pío que yo no he sido”.
 
El príncipe y su mujer también eligieron el mobiliario del mal fario para el reportaje de la discordia del dominical. En aquel momento el agravio comparativo sentó muy mal. Por un lado a las revistas de entretenimiento que se veían ninguneadas por el heredero, cuando son las que más cobertura informativa (y edulcorada) dan de la Institución, además de correr con la totalidad de los gastos de redactores y fotógrafos cuando cubren esos viajes. Y por otro, al resto de medios de información general (incluidas las radios y televisiones) que durante años han solicitado entrevistas con todos los miembros de la Real Familia para ver si sonaba la flauta y tocaba alguno.
 
Salvo los encuentros de la Reina con su ‘biógrafa’ Pilar Urbano, la respuesta de la Casa ha sido siempre dar largas. Y salvo que quien lo solicite tenga la paciencia del santo Job, se acaba por aparcar el tema.
 
Aquella exclusiva del matrimonio principesco soliviantó de tal manera que surgieron debates públicos sobre el tema que podrían resumirse en el artículo del periodista Miguel Ángel Mellado en El Mundo. ”La Casa Real sabrá por qué ha roto un pacto no escrito concediendo un edulcorado posado exclusivo a Prisa, en unas instalaciones que se pagan con el dinero de todos. ¿Será que en la casa la que manda es ella”, dijo refiriéndose a Letizia Ortiz
 
A partir de ese momento no hubo más preferencias informativas. Las visitas oficiales a las empresas periodísticas no cuentan. Forman parte del trabajo del heredero y su señora. Pero, de pronto, el miércoles vuelve a cundir la alarma. Mejor dicho, la irritación, el mosqueo y el enfado universal.
 
El motivo del sofocón general tiene que ver con un magnífico reportaje (¡Olé por ¡Hola!) publicado en la revista donde se ve a la Familia Real al completo, más los colaterales directos y los padres, hermanas (Telma y Erika) y otros parientes de la princesa Letizia en el almuerzo que siguió a la presentación oficial ‘urbi et orbe’ como prometidos. Unas imágenes sorprendentes que forman parte del álbum privado e íntimo de los príncipes.
 
Según la versión oficial que facilita el gabinete de comunicación, no tienen ni idea de cómo han llegado a la publicación. Y, por supuesto, ni el fotógrafo oficial, ni el servicio de seguridad de la Casa Real tienen nada que ver. De nuevo “el pío, pío que yo no he sido”. Y si, a día de hoy, no hay ninguna investigación de quién o quienes han filtrado el documento gráfico, nadie ha sido cesado, ni expedientado. Sólo queda malpensar que algún “titular con mando en plaza” de la Casa ha cedido el material.
 
La pregunta del millón es ¿quién es el paparazzi real? Seguramente hasta que Pilar Urbano no escriba su tercer libro (con permiso, como los otros dos) no sabremos quién de todos los presentes en ese almuerzo decidió que las fotos deberían ser vistas por la ciudadanía. Me pregunto por qué no lo hicieron en su momento y qué pensará la princesa cuando hace menos de un mes exigía tras una audiencia con periodistas gráficos su parcela de privacidad.

¿Y la hermana Telma? ¿Demandará al paparazzi real por intromisión en su vida privada? Y en el caso de que el infiltrado sea ajeno a la plantilla familiar, no se entiende cómo aún no hay una explicación más creíble. Ahora ha sido el almuerzo familiar y mañana podrían ser documentos importantes que, tal y como está el mercado, se distribuirían con los dominicales. En vez de cupones para la vajilla de La Cartuja, la cristalería de Bohemia o el edredón nórdico, archivos completos divididos por semanas. Y ya ni les cuento si lo que se oferta es el diario de la princesa, los dibujitos de Leonor o los gastos domésticos de la Casa de Asturias. Y a todo esto ¿Qué pensará el Rey?

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