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Las otras memorias de la baronesa Thyssen (I)

Desde que, hace poco más de un mes, la baronesa Thyssen publicara el primer capítulo de sus memorias por fascículos en las páginas de la revista

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Las otras memorias de la baronesa Thyssen (I)
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    Desde que, hace poco más de un mes, la baronesa Thyssen publicara el primer capítulo de sus memorias por fascículos en las páginas de la revista Hola, muchos de los que conocieron a la baronesa, cuando era simplemente Tita, han manifestado su desconcierto. No sólo porque la ex Miss España decidiera contar su vida en el papel cuché, sino también porque esos conocidos no recuerdan de la misma forma determinados acontecimientos relatados por ella.

    La baronesa cuenta en esas líneas su vida a grandes rasgos: desde la infancia y sus primeros amores, pasando por el nacimiento de su hijo Borja -de quien afirma rotundamente que es hijo de Manuel Segura- y su matrimonio con Espartaco Santoni, hasta llegar a su relación con Heini Thyssen. La baronesa hace un repaso de los momentos más importantes de su existencia, línea a línea, para que nadie pierda detalle de lo que quiere contar. La revisión que hace sobre su vida ha propiciado que más de uno recuerde existencia de unos lugares llamados hemerotecas.

    Tita -que reconoce que aunque no es amiga de los diminutivos se puso el apelativo ella misma-, afirma en Hola que siempre se ha llevado muy bien con el que, mantiene, es el padre de su único hijo biológico. Pero en su intermitente relación con el publicista hubo otros hombres. En aquella época, cerca de 1981, Tita ya había pasado por dos matrimonios fallidos, uno con el inolvidable intérprete de Tarzán, Lex Barker y otro con el venezolano Espartaco Santoni

    Fue entonces cuando inició una relación con un hombre que no aparece en sus relatos para Hola, y eso que, según contó ella misma en aquella época, estuvo cerca de contraer matrimonio con él. Aquel hombre se llamaba Paul B. Episcore y era un prestigioso abogado de Chicago. Aquel apuesto letrado era, tal y como Tita afirmaba, “el definitivo”.

    Dice en sus ‘nuevas’ memorias, que tras su separación de Espartaco, una vez que había dejado la casa que ambos compartieron, se compró un ‘pied-à-terre’ en Madrid no volvió a saber nada de Espartaco. Sin embargo, parece que sí le dio tiempo a presentar a Episcore y a Santoni en una fiesta que fue de lo más distendido.

    El momento del encuentro fue relatado por la revista Protagonistas en el número que salió a la calle el 22 de julio de 1981 y recogía palabras de la propia Tita hablando sobre el encuentro entre ex marido y novio. “Al principio a Paul no le hacía mucha gracia la idea”, contaba por aquel entonces la modelo. “Aunque luego comprendió las cosas. Cenamos en armonía, como corresponde a personas civilizadas. Fue muy agradable. Al fin y al cabo, ¿por qué crear rencillas?”, se preguntaba la suegra de Blanca Cuesta.

    La baronesa, cuya belleza hizo mella en los corazones de muchos hombres, conseguía en esos momentos que tanto su novio como su ex marido pugnaran por conseguirla. “Paul quiere que nos casemos pronto”, contaba en la revista, “aunque yo no estoy aún suficientemente segura” añadía, porque no quería “tener otro error, que pagaría mi hijo”. Al parecer el miedo venía porque según decía “Paul, como yo, está divorciado dos veces”. Y también su ex marido se declaraba: “Incluso Espartaco me habla de amor, pero yo vivo para Borja, mi hijo”.

    Aquello sucedía durante el verano de 1981, el mismo año en el que conocería a quien sería su último marido hasta el momento: Haini Thyssen, un hombre para el que sólo tiene palabras de amor en sus relatos de Hola. Pero antes del barón hubo otro hombre al que tampoco hace referencia, pese a que, de nuevo, aseguraba que iba a contraer matrimonio con él. Aquel apuesto caballero era ni más ni menos que el actor Al Pacino.

    En diciembre de 1980, la baronesa Thyssen afirmaba que pasaría la Navidad con el actor norteamericano, con quien había “comenzado una grata amistad”. Añadía por aquel entonces que “si las cosas no se tuercen, me convertiré, pues, en la señora de Al Pacino”. Pero el asunto, finalmente, tomó un cariz distinto y, no sólo no hubo boda sino que, unas semanas más tarde, ella volvía a encontrarse con Manuel Segura.

    Por aquellas cosas de la vida, tampoco se cumplieron sus ideas de futuro para sus hijos. Pese a que ella afirmaba que quería que estudiasen en Estados Unidos, al final Borja acabó formándose en Suiza. Aunque eso, como en Hola, bien vale otro capítulo.

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