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El duque de Lugo lo tiene crudo

Jaime de Marichalar está a punto de volver a ser ciudadano de a pie sin título aristocrático e incluso puede ser que hasta le quiten el “de”

Foto: El duque de Lugo lo tiene crudo
El duque de Lugo lo tiene crudo

Jaime de Marichalar está a punto de volver a ser ciudadano de a pie sin título aristocrático e incluso puede ser que hasta le quiten el “de” que le colocaron (¿o se colocó?) a raíz de entrar a formar parte de la Primera Familia. En aquel momento la ornamentación llegó al punto de reinventarle un currículo académico del que carecía. Le 'premiaron' con una licenciatura en Ciencias Económicas y Marichalar no era universitario. Cuando se hizo público el compromiso de la primogénita con el 'economista' esta información aparecía en la página oficial de la Casa Real en el apartado referido al perfil del que se convertiría en yerno real. 

Jaime era un total desconocido para el gran público igual que después lo sería Urdangarín y en menor medida Letizia. Días después hubo que reestructurar la biografía y ya se colocó “estudios en economía”. A partir de la boda, Jaime pasó a formar parte de consejos de administración de importantes empresas, a presidir fundaciones y a ser el convidado estrella de reuniones sociales, ya fueran públicas o privadas.

Le bailaron el agua innecesariamente y él se lo creyó. Amigos de última hornada le hicieron creer que era el mejor, el más elegante, el más distinguido, el más gracioso e incluso cuando éstos recibían sus llamadas a altas horas de la noche para contarles chistes se reían aunque por detrás criticaban “su falta de educación por molestar a esas horas”.  Pero, como era el duque consorte, se lo permitían. Enviaba tarjetones firmados con tinta verde y los que presumían de ser sus “íntimos” se partían de risa con la explicación. Marichalar utilizaba el color como representación del acrónimo Viva El Rey De España (V.E.R.D.E). A él le decían que era una chulada, cuando en realidad pensaban que era una chorrada.

Muchos de los que le trataron antes del cese temporal pensaban que frecuentando, invitando y obsequiando con importantes regalos llegarían a relacionarse socialmente con la infanta Elena y por consiguiente con el resto de la First Family. Algo así como lo que hizo Mario Conde con Don Juan, aunque en su caso le salió bien y efectivamente llegó a pasearse por Zarzuela.

Tras el cese temporal, Jaime de Marichalar se percató de que no era oro todo lo que relucía. Salvo excepciones, no volvió a pisar la casa de los suegros reales ni formó parte de los convites íntimos de los Borbones. Ya no era bienvenido. Natural en el caso familiar, pero no tanto con el resto de las amistades de conveniencia, muchos de los cuales se “olvidaron” de su número de teléfono.

El duque, que lo sigue siendo a día de hoy, se volvió un hombre más sosegado y menos prepotente que cuando compartía hogar con la infanta, a la que él públicamente la llamaba “madame” y él a ella "osita". De hecho el reloj de la petición de oro y acero llevaba grabado en la  parte interior el siguiente mensaje: “Para Jaime, de tu osita Elena”.

Ahora, con el divorcio en puertas, hay quien dice que Jaime se lo está poniendo crudo a su mujer. Que las peticiones son excesivas, que quiere un título, una seguridad laboral y unos privilegios que estarían fuera de todo convenido. En cambio otras fuentes aseguran que es al revés. ”Jaime es una excelente persona que lo ha pasado muy mal (y lo sigue pasando) con su enfermedad y sólo exige lo que le corresponde. El caso es que en esta disolución matrimonial el que lo tiene más difícil es él porque no tiene la máquina real a su disposición”, confirma gente que le conoce y quiere. 

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