Fabiola, la reina sin sangre azul que se abrió camino en Europa
Cuando Letizia y el príncipe Felipe dieron el paso y se casaron, muchos criticaron el hecho de que el heredero de la corona española lo hiciese
Cuando Letizia y el príncipe Felipe dieron el paso y se casaron, muchos criticaron el hecho de que el heredero de la corona española lo hiciese con una plebeya, pero lo cierto es que no sería ni el primero ni el último. Entre los precedentes de boda entre un miembro de la familia real y una persona sin sangre azul, destaca en la memoria colectiva europea el caso de Fabiola de Bélgica, una española que llegó a ocupar el trono de aquel país hace 50 años.
Fermín J. Urbiola recoge ahora, cinco décadas después de su boda con Balduino de Bélgica, la vida de Fabiola de Mora y Aragón, hija del conde de Mora, marqués de Casa Riera, en el libro Nacida para reinar. La obra, que sale hoy a la venta es una biografía de una de las figuras reales más respetadas y queridas de Europa y que según el autor era en nuestro país “una gran desconocida”.
Además de un repaso por los momentos más significativos de la existencia de esta madrileña de nacimiento –y que sin embargo, no tiene un reconocimiento en su tierra como una calle con su nombre-, criada entre la España republicana y el exilio en Biarritz y Lausana, el libro recoge los testimonios de algunos de quienes han coincidido con la reina belga. “No suelo clasificar a la gente, por eso he preferido acercarme a su figura a través de quienes han tenido un trato cercano con ella”. Entre ellos, destaca el testimonio de la duquesa de Alba, que asegura que cuando eran niñas sí que tuvo mucho trato con la Reina Fabiola.
Ella que siempre ha tenido relación con la Familia Real española –su madrina fue la Reina Victoria Eugenia y su padrino, el Rey Alfonso XII- estuvo también en la boda de Fabiola con el Rey Balduino y responde cuando le preguntan por cómo fue el enlace: “Como todas las bodas reales… tuvimos tres días de celebración… no tuve ni tiempo para ir de compras”. Asegura la duquesa de Alba que “cuando se abrió el baile, tras el convite de la boda, me sacó a bailar el Rey, en nuestro, don Juan Carlos. Es que nos conocemos desde pequeños…”.
Esa confianza que da el conocerse desde hace tantos años hace que la duquesa no tenga reparos en comentar su opinión sobre nuestra Casa Real. “”Yo me he educado en la monarquía, ¡y soy una monárquica de tomo y lomo! Y sí, tengo admiración por nuestros reyes”. También se atreve a opinar sobre Letizia, a la que incluye entre sus admirados. Cayetana asegura que “la princesa lo está haciendo admirablemente bien, y eso tiene mucho mérito, por no ha nacido en este ambiente”.
Tampoco Fabiola de Bélgica se crió en ese ambiente, sin embargo, cuando el 16 de septiembre de 1960 se anunció su compromiso nupcial con el rey Balduino, pese a la sorpresa, la aceptaron y la convirtieron en una más. Al parecer su peculiar forma de ser, su humildad –el primer día que entró en palacio se fue directa a la cocina para interesarse por los gustos culinarios de su marido- y su fidelidad a las amigas de siempre, la han llevado a ser uno de los personajes reales más respetados en el viejo continente.
Ni tan siquiera el hecho de que no haya podido tener descendencia –sufrió cinco abortos- la han alejado de la causa monárquica, por eso hay quien opina que, pese a que su marido falleciera hace ya unos años, ella seguirá quedándose en Bélgica hasta el fin de sus días, puesto que según afirmaba, su amor no era solo hacia su marido, también hacia los belgas.
Cuando Letizia y el príncipe Felipe dieron el paso y se casaron, muchos criticaron el hecho de que el heredero de la corona española lo hiciese con una plebeya, pero lo cierto es que no sería ni el primero ni el último. Entre los precedentes de boda entre un miembro de la familia real y una persona sin sangre azul, destaca en la memoria colectiva europea el caso de Fabiola de Bélgica, una española que llegó a ocupar el trono de aquel país hace 50 años.