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Así es la cena de Nochebuena en el Palacio de Liria

Ya pueden existir fricciones familiares o malentendidos con los amores de la carismática matriarca que, cuando llega Nochebuena, la familia de los Alba siempre hace piña,

Ya pueden existir fricciones familiares o malentendidos con los amores de la carismática matriarca que, cuando llega Nochebuena, la familia de los Alba siempre hace piña, llueva o truene, en el Palacio de Liria. Es una de las pocas ocasiones en que el goteo de coches entrando y saliendo del domicilio de la duquesa de Alba recuerda al trasiego y al ajetreo de personajes ilustres, aristócratas, embajadores y ministros de épocas pasadas.

Mientras Luis Martínez de Irujo vivió, la residencia de la familia aristocrática con más solera de España se convirtió en prácticamente un hotel con miles de compromisos y acontecimientos diarios que atender. Allí, el Duque departía con los procuradores en Cortes, donde desarrolló parte de su carrera política, y disfrutaba del galopante crecimiento de sus siete hijos. A pesar de todo, la filosofía familiar ha sido siempre mantenerse unidos pese a las circunstancias adversas.

Pero, en parte, uno de los puntos más interesantes de sus conversaciones, que dotaban de sofisticación el hilo conductor de cada diálogo, era el culinario. La máxima de los duques de Alba era mantener los sentidos saciados. Y en el aspecto gastronómico, pocos les hacían sombra. Eran, y sigue siendo Cayetana, unos auténticos gourmets, unos sibaritas en toda regla. La mujer con más títulos nobiliarios del territorio español adora el arroz, le encanta la paella y detesta que se cocine con alcohol. Ni cerveza ni vino para dar sabor. Un buen filete de carne española, unos huevos estrellados, o una porción de la receta estrella de la casa: el Pastel Imperial, un sufflé de chocolate cremoso, de la propia emperatriz Eugenia de Montijo, tampoco suelen faltar en la mesa. O un chucrut de Viena o un cuscús bereber. Por eso, en estas fechas tampoco podría faltar la buena comida.

El cocinero Salvador Gallego, que da a Vanitatis buena fe de la sana afición de la familia por la gastronomía tradicional, recuerda que la cena de Nochebuena no solía ser suntuosa, más bien todo lo contario, algo frugal. “Los cocineros dejaban preparados platos fríos, como un consomé, por deseo expreso de Cayetana, que el día 25 de diciembre se llevaba a toda su familia fuera del Palacio a comer, para que el jefe de la Cocina, el mayordomo, y el resto de personal de servicio pudiesen disfrutar de un día tan significativo con sus familiares”, afirma Gallego, que posee el restaurante El Cenador de Salvador en Moralzarzal.

La hora de reunión del núcleo familiar de los Alba suele ser bastante temprana, antes que en otros domicilios que no cuentan con párroco propio ni Misa Del Gallo a dos pasos del comedor principal. Gonzalo Miró, ex de la duquesa de Montoro, no guarda muy buen recuerdo de estas reuniones, que le valieron el apelativo de 'el ateo' por parte de la madre de su por entonces novia, por poner trabas para no acudir a la tradicional misa. Y de ahí que no le profese el mismo amor que siente hacia Francisco Rivera.

Turrones, mazapanes y poco vino, porque no son muy amantes de los caldos de precios desorbitados, hacen las delicias de una de las familias más importantes del panorama social patrio y una de las que más titulares proporciona, que se sienta cada 24 de diciembre a cenar. Una instantánea del momento volvería loco a los editores de las revistas del país.

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