Hablan los inquilinos afectados por la herencia de los Príncipes: "No dejaremos nuestra casa"
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Hablan los inquilinos afectados por la herencia de los Príncipes: "No dejaremos nuestra casa"

“¿A dónde voy a ir a vivir yo con mi edad después de pasar toda una vida aquí?”. Magdalena M., una vecina octogenaria de Ciutadella (Menorca),

“¿A dónde voy a ir a vivir yo con mi edad después de pasar toda una vida aquí?”. Magdalena M., una vecina octogenaria de Ciutadella (Menorca), desconoce que su casa está en venta. Reside desde hace más de 41 años en una de las nueve propiedades que el fallecido empresario menorquín Juan Ignacio Balada dejó en herencia a su muerte a los Príncipes de Asturias y los ocho nietos de los Reyes. “Que yo sepa esta casa no se vende. Nadie me ha dicho nada, pero yo no me iré de aquí”, dice en conversación con Vanitatis.

En cambio, la decisión de los Príncipes parece irrevocable. “Se ha optado por vender, pero las circunstancias no ayudan. Por eso, la situación se encuentra en un proceso administrativo complejo, con lo que resultará difícil que se vendan de una forma rápida. En primer lugar, se quiere respetar al máximo el derecho de los inquilinos. No se les puede echar así como así. Además, hay que contar con permiso del juez, porque también están los intereses de ocho menores de por medio”, contestan desde Casa Real. En efecto, al ser los edificios de renta antigua y al no existir, en algunos casos, contratos formales por escrito, esta situación pone en un aprieto a Zarzuela, reconvertida de un tiempo a esta parte en una especie de agencia inmobiliaria.

Tanto es así, que los Príncipes de Asturias han contratado a un administrador que se está encargando de gestionar la propiedades que se incluyen en los 9.832.995,42 euros netos  de herencia-que restan una vez sufragados los gastos de los impuestos de sucesión- que Balada les cedió tanto a ellos como a los ocho beneficiarios restantes en su día y cuya mitad, por expreso deseo del fallecido, se ha destinado a la creación de la Fundación Hesperia, que defiende los valores de la Monarquía.

De momento, los herederos a la Corona sólo han recibido 95.000 euros procedentes del líquido de la 'herencia envenenada', razón por la cual se trasladaron ayer a Menorca. “Balada estaría satisfecho de ver el destino que le hemos dado al dinero", ha dicho Felipe. El Príncipe y su esposa tan sólo han entregado su parte de lo que han recibido de momento. Habrá más entregas. "Todas con fines sociales”, afirman desde la Casa del Rey.

Cada uno de los nietos ha recibido también su correspondiente cantidad, que no se podrá tocar hasta que cumplan la mayoría de edad. Pero ahora el problema radica en que gran parte del legado del misterioso empresario se les entregó en forma de bienes inmuebles y el objetivo de la 'Primera Familia' es deshacerse lo antes posibles de ellos para poder donar el montante a fines solidarios. Aunque ni la actual coyuntura ni la minoría de edad de los otros ocho beneficiarios ni los inquilinos de los distintos edificios van a mejorar la complicada situación. Desde Casa Real insisten en resaltar que los inquilinos "bajo ningún concepto" serán deshauciados y que, en el caso de existir un comprador, se subrogaría su contrato.

Felipe y Letizia, unos arrendadores peculiares

Bien es cierto que existe la posibilidad de vender los edificios con los inquilinos dentro, pero esto haría caer el valor del inmueble en el mercado, por lo que resulta improbable que los Príncipes recurran a esta medida de urgencia. Hasta que esa venta no se lleve a efecto, Felipe, Letizia y el resto de beneficiarios recibirán el alquiler mensual de ocho arrendatarios que, en muchas ocasiones, va destinado a correr con los gastos de mantenimiento.

Magdalena M., la inquilina de la propiedad de la calle Gustavo Mas de la capital aristocrática de Menorca, paga todos los meses cien euros de alquiler por una vivienda que cuenta con una construcción muy típica de la zona: planta baja, primer piso, buhardilla y cochera que, al parecer, no se encuentra en buen estado de conservación y está apuntalada. “Yo realizo el pago como siempre. Voy al banco y lo hago”, comenta. La inquilina se enteró por los periódicos de que su casa pasaba a manos de los Príncipes. “A los meses vino un señor de Barcelona quien nos reunió y nos tranquilizó a todos. Nos dijo que no nos iba a pasar nada”, cuenta la arrendataria refiriéndose a Joan Viñas Vila, un abogado de Barcelona que ejerció como albacea del testamento.

Pero Magdalena no es la única afectada. La familia que regenta desde hace 22 años un restaurante en la plaza Federico Pareja de la ciudad también se ha visto sorprendida por la noticia. “Desde diciembre del año pasado no ha venido nadie a vernos. Entonces, estuvo un señor barcelonés aquí con nosotros y nos negó que esto fuera a suceder. Nos quedan seis años de contrato y no tememos por nuestro futuro”, afirman desde el lugar. Su caso es especial ya que al tratarse de un establecimiento la mensualidad no es de renta baja y se ajustaría a la realidad actual. Lo único que cambió al morir Balada, al que tachan de masón y seguidor de la Cábala, es que la cuenta bancaria se sustituyó: ahora el dinero va a parar a la de los herederos.

Todo este conglomerado de situaciones, opaco y turbio, en ocasiones, no ha terminado todavía. Se trata sin duda de una tesitura extraña y nada habitual tratándose de los futuros Reyes de España y que promete alargarse en el tiempo al menos durante quince años más, momento en el que la infanta Sofía cumplirá la mayoría de edad. Pero si las propiedades repartidas entre las calles Gustavo Mas y Federico Pareja de Ciutadella son un auténtico dolor de cabeza para los inquilinos y para la imagen pública de los Príncipes, la finca rural que comparten con los padres Salesianos y las dos sobrinas del empresario y la famosa farmacia en ruinas de la que no consiguen desprenderse les seguirán seguro poniendo en aprietos.

Mañana: La herencia Maldita II. La farmacia en ruinas que no se puede vender y la finca de los padres Salesianos

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