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La viuda de Vilallonga contra todos: Alierta, Felipe González, Naty Abascal, el Rey y los Príncipes

Las invocaciones pueden ser literarias. Y las venganzas también se pueden servir sobre una fría sopa de palabras. Eso mismo es lo que ha hecho Begoña

Las invocaciones pueden ser literarias. Y las venganzas también se pueden servir sobre una fría sopa de palabras. Eso mismo es lo que ha hecho Begoña Aranguren, la tercera esposa de José Luis de Vilallonga, marqués de Castellbell, gentil hombre de excesos y biógrafo del Rey, en Niño mal de casa bien, el título de su último libro. La escritora evoca a su marido, de quien no llegó a separarse legalmente, para ponerle al día de cómo y cuánto ha cambiado el mundo de la alta alcurnia desde su muerte en 2007. Según Aranguren, este repaso por las iniquidades de la high society no es ningún ajuste de cuentas ni tampoco trata de hacer sangre. Ni mucho menos es un libro de cotilleo. Aunque lo que cuenta y sus personajes sí lo parezcan. Desde Naty Abascal al presidente de Telefónica pasando por el príncipe Felipe, el Rey o Felipe González. ¡Qué tiemble la jet set!

“En el libro, trato de herir lo menos posible pero, ¿acaso alguien me puede negar que Felipe González es un señor con los pelos blancos, una barriga enorme y que tiene una novia pija? Pues no. Cuando descansa se va a Punta Cana, donde trata con Mar Flores y Javier Merino. Me ha decepcionado, porque creo que se ha aburguesado. Del idealista que creo llegó a ser no queda ni sombra. ¿Por qué no utiliza la discreción y se abstiene de alquilar un inmenso y soberbio piso en Velázquez, una propiedad que al parecer es de su cuñado, el empresario Pedro Trapote? ¡Pero qué horror! Siempre dije que Pedro Trapote es el típico individuo con el que te sientes obligado a cargar toda la vida, pues va haciéndose con la gente a base de favores, de obligarte a estar en deuda con él”, dice la autora en conversación con Vanitatis, sin creerse, ni mucho menos, políticamente incorrecta.

Ya no tiene miedo a nada ni a nadie y por eso Aranguren regala titulares al estilo de los grandes. Esa vasca de 61 años de edad conoció a Vilallonga, quien, a pesar de sus más de 28 años de diferencia, nunca dejó de ser un playboy, un vividor, “un hombre de los de verdad”. Con él, durante sus casi tres años de matrimonio, jugaba a vislumbrar sinos y malogrados destinos ajenos, una especie de tétrico juego del ahorcado. “Decíamos este va a terminar mal…y muchas veces  no nos equivocábamos”.

"Si ceno con los Albertos pienso: 'A ver si me quitan el reloj'"

De entre todos los que discutían hasta altas horas de la madrugada, los nombres que  con mayor fuerza sonaban eran los que pertenecían a la clase política, “que en la actualidad es un asco”.

Los sinvergüenzas de hoy en nada se parecen a los personajes estéticos y refinados que conociste. Nunca te hablaría de César Alierta de no ser por el escandalazo que presuntamente perpetró cuando presidió Tabacalera para luego ser presidente de Telefónica. Pero Alierta no es el único culpable”, escribe en su libro, todo una carta abierta contra la corrupción y sus casos más polémicos.

“José Luis se llevaría las manos a la cabeza con todo lo que pasa y lo impávidos que nos quedábamos ante tanta atrocidad política. Ahora importa que la gente tenga dinero, es lo que se lleva, pero de dónde proceda no importa lo más mínimo. Resulta que estás leyendo en prensa todo lo que pasa y te llaman unos amigos o unos conocidos para invitarte a compartir mesa y mantel con los Albertos, que van a cenar a casa. Claro, me quedo alucinada. A mí no me hace ninguna ilusión, porque, mire usted, son una panda de sinvergüenzas. A ver si me quitan el reloj, pienso. Antes había mucha más ética, ahora no. Esta gente tiene dinero, ¡pues venga, dentro del grupo!…”, apostilla entre risas de autora sarcástica.

Los nobles, la clase social a la que perteneció su marido, tampoco se libra de sus envites. “De Naty Abascal, ex duquesa de Feria, dice que de tanto mantener una mirada  miope, se ha convertido en una mujer tan irreal como puede serlo una bella estatua de un jardín italiano. ¿Es mentira u oportunista lo que digo de sus hijos? Comenzaron a ser tan apetecidos por el mundo de la moda que cometieron el error de meterse en ese ambiente equívoco. Así, en la actualidad no son más que empresarios de las ropas y las pasarelas. Se han convertido en dos muñecos muy parecidos a los de Playmobil. ¡Qué desastre! La cuota de amaneramiento a la que han llegado es, sencillamente, indescriptible. Todo lo que unos aristócratas como ellos no deben hacer jamás”, escribe. Pero sin duda alguna, quien fuera tercera mujer del biógrafo del Rey no muestra compasión alguna por otros de los personajes que pueblan el diálogo con el hombre más importante de su vida: la Primera Familia.

"El Príncipe, ese niño de papá malcriado"

“Como pudimos atestiguar y calificarla de un trágala en toda regla, la boda del Príncipe Felipe con Letizia Ortiz Rocasolano no tuvo lugar en Madrid. En mi opinión es un craso error. En efecto, no del calado de lo que hubiera sido que contrajera matrimonio con Eva Sannum. Pero, en cualquier caso una boda con la persona inadecuada […] Esperemos que el Príncipe, ese niño de papá tan malcriado, no termine borboneando como su padre. Es mucho más antipático que su padre. ¿Y qué me dicen de su enamoramiento de Letizia cuando mira el Telediario? Es o toda una romantiquez o propio de alguien muy solitario”, concluye.

Sobre don Juan Carlos, Aranguren reconoce que está mayor. “Desde que se sometió a una misteriosa operación de pulmón, se especula mucho sobre su estado de salud. La versión oficial, como es natural, confirmó un tumor benigno. Lo cierto es que ha tardado mucho tiempo en recuperarse. Aún en la actualidad, no se le ve en plena forma. Es este hecho lo preocupante, puesto que no sabemos lo que hay de verdad en lo que transmiten. Todo hombre con unos kilos de más representa, por principio, más edad de la que tiene. O toma algún medicamento que le hincha- como puede ser la cortisona- o bien tiene menos fuerza de voluntad que tú”.

Para finalizar, Aranguren avisa a su marido de la última jugarreta de la Casa Real. “Quiero que sepas que una de las últimas jugarretas de la Casa -en lugar de consejeros parecen enemigos- no tiene desperdicio: nada más anunciar el divorcio cantado de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, al director del Museo de Cera de Madrid no se le ocurrió nada mejor que sacar, a la mañana siguiente y después de avisar a la prensa, la imagen repugnante de un Jaime recauchutado, en una carretilla, fuera del museo. Fue un acto tan gratuito y de tan mal estilo que no tenía explicación alguna”. Queda pues avisado Vilallonga de todos los desaguisados de este mundo en el que, como Aranguren pretende narrar en su libro, las miserias no entienden de clases sociales, títulos ni cargos.

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