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El guiño de Felipe González a su novia en el transcurso de un 'mitin'

Al estilo de una estrella de rock, y con poco en común con aquel socialista de pro que celebraba la victoria del 82 desde la habitación

Al estilo de una estrella de rock, y con poco en común con aquel socialista de pro que celebraba la victoria del 82 desde la habitación 110 del Hotel Palace de Madrid, aparecía Felipe González entre una nube de fotógrafos, un auténtico cortejo de escoltas y personalidades aturulladas por la expectación que el ex presidente, cual Mick Jagger de la res pública, todavía genera. La ocasión: presentar ¿Aún podemos entendernos?, el libro que ha escrito junto a Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución.

A falta de cabezazos a golpe de guitarra y preguntas sin respuestas, González, más comedido, regaló evidencias. Ni caso a los flashes, los periodistas afilando pluma y cornea, ni a las cámaras jugando al zoom zoom: el ex presidente ya no duda en deshacerse en miradas cómplices delante de la multitud con su novia, Mar García Vaquero. La ex ministra Carmen Alborch, Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia, y el vicepresidente Manuel Chaves también acudieron para arroparle.

Sentada en primera línea, García Vaquero, divorciada y con dos hijas, no tiene debilidad por los actos públicos y, mucho menos, por el ruido mediático, que le molesta incluso más que a Carmen Romero, entregada ahora a la política europea. Por eso sorprendió su presencia ayer por la tarde. Y lo hizo mucho más que no quitara ojo de encima a su chico y que no dudara en devolverle el cariñoso guiño y la sonrisa que éste le dedicó desde el estrado.

Incluso a pesar de las decenas de objetivos puestos en ella. Lo que viene a demostrar que está mucho más relajada y menos tensa que cuando la relación entre ambos salió a la luz, allá por 2008. Por eso, por mucho que al ex presidente le parezcan una "bobada" los continuos rumores sobre una posible boda, lo que sí demuestran sus gestos es que la relación está consolidada.

Mar García Vaquero, que iba de blanco y negro como González, estuvo acompañada en todo momento por un grupo de amigos entre las que se encontraba su propia hermana Begoña y su cuñado, el empresario Pedro Trapote. Lo que más llamaba la atención de su estilismo era un clásico Kelly bag de Hermés blanco que invitaba al juego cromático y al cotilleo entre los asistentes, muchos de los cuales portaban en el bolsillo carné de socialista. Nada que ver con los pantalones rasgados de la ex ministra Carmen Alborch y sus plataformas de tercera generación, que están de último grito.

“Mírame, llevo una blazer de Zara y una camiseta de H&M. No me creo que me echen de menos en el Gobierno por ser atrevida”, decía con una copa de cava entre sus manos que le costó aceptar. Ahora viaja en AVE de Madrid a Valencia y está ultimando un nuevo libro del que no puede desvelar nada. Tan secretísimo es el argumento como el paradero de Carme Chacón y José Blanco, a quienes el resto de invitados se quedaron esperando.

Alborch se quedó charlando con María Antonio Iglesias, pero en tono distendido, aunque la periodista ande últimamente a la gresca con todo el mundo, y el ex presidente, que se mostró preocupado por las ventas de su último best seller, y su novia pusieron pronto pies en polvorosa. No se quedaron ni a tomar una copita de cava catalán y eso que parte del libro hablaba de los malvados clichés sobre catalanes, andaluces…  Pero lo que la convocatoria confirmó es que Mar García Vaquero siente, padece y también sonríe.

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