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Alfonso Díez, desubicado en la boda del nieto de la duquesa

No estaba nada claro que Alfonso Díez acudiera a la boda de Jacobo Fitz James-Stuart, nieto de la duquesa de Alba, con Asela Pérez Becerril, que

No estaba nada claro que Alfonso Díez acudiera a la boda de Jacobo Fitz James-Stuart, nieto de la duquesa de Alba, con Asela Pérez Becerril, que se celebró el sábado en el palacio de Liria. Hasta esa misma mañana no se sabía la decisión que había tomado, ya que en su calidad de novio de la dueña de la casa estaba más que justificada su presencia.(Conozca todos los detalles de la boda)

Pero, el funcionario es listo y sabía que ese día no estaría arropado por las amistades sevillanas de Cayetana que ya lo tienen ‘prohijado’, y, por lo tanto, podía sentirse desubicado como parece que sucedió. Sobre todo una vez que la duquesa se recogió en sus habitaciones y Alfonso no tenía con quien hablar. Los hijos de su novia son correctos cuando han coincidido en algún almuerzo familiar organizado y presidido por ella, pero, de ahí a darle palique y ejercer de anfitriones, va un trecho. Sopesó los pros y los contras y, al final, la balanza se inclinó por el sí.

¿Por qué no iba a estar acompañando a su ‘chica’? Se debió preguntar. Además, nunca habría ido de ‘colón’, porque estaba invitado personalmente por el novio. Eligió un traje gris y entró en Liria no se sabe muy bien por dónde, porque los fotógrafos que hacían guardia en la cancela que da a la calle Princesa no le vieron. Su salida tampoco pudo ser registrada. El caso es que Alfonso Díez cumplió con su papel, aunque los hijos de la duquesa no le hicieron demasiado caso; y tampoco el resto de los invitados que al no ser ni ‘amigo’ ni ‘familia’ tampoco tenían que entretenerlo.

El caso es que en la ceremonia religiosa organizada en los jardines bajo una marquesina de glicinias donde se colocaron Asela y Jacobo, la duquesa  y su novio tuvieron que estar separados. Cayetana  en primera fila rodeado de sus hijos, su nuera  Inka Martín (mujer del conde de Siruela) y de la abuela materna de Jacobo, la madre de María Eugenia Fernández de Castro.

Faltó Cayetano que se encontraba en Francia en una prueba hípica. Detrás, casi en los últimos bancos y sin llamar la atención, Alfonso. Otro en su caso habría exigido un sitio más principal, pero en este sentido el funcionario parece que lo tiene muy claro. Cuando más bajo sea su perfil público, menos crítica recibirá. Una vez celebrada la eucaristía, que fue emotiva y muy  espiritual, según los testigos, ya que el sacerdote que ofició la ceremonia conoce a los protagonistas y su historia de amor, Cayetana y Alfonso no volvieron a separarse hasta más o menos las seis de la tarde cuando la dueña de Liria, cansada, se retiró. 

Como ya adelantó Vanitatis, la boda del nieto mayor de la duquesa de Alba fue sencilla en su organización y no en número de invitados, que sobrepasaba los trescientos. Todos, amigos y familia. Y con muy poca presencia de personajes ajenos afectivamente que tanto gustan a determinados famosos para que su boda se convierta en un buen negocio a  través de la exclusiva correspondiente. Cuantas más caras de photocall hay en un convite nupcial más cobran los novios. No es el caso de Jacobo y Asela, que son dos jóvenes que se ganan la vida trabajando y no pintando la mona, como otros cachorros de la jet.

Tienen una galería de arte Espacio Valverde que funciona muy bien aún en tiempos de crisis.  Una vez que terminó la misa, los invitados se instalaron en el jardín, donde Samantha Vallejo Nágera había organizado el catering a base de un aperitivo potente. En una de las carpas adornadas con flores multicolores, colocó un bufet de arroces de varios tipos (paella, verdura, carne, pollo, marinero…). No hubo corte de tarta y los novios tampoco quisieron abrir el baile con el recurrente vals.

Como detalle cariñoso, Jacobo quiso que su prima Cayetana, hija de Eugenia y Francisco Rivera, ejerciera de dama de honor junto a una sobrina de Asela. Vestidas de Lorenzo Caprile, como el diseño que lució la novia, y un bandeau en la cabeza, fueron la nota tierna de una boda elegante y sobria carente de la fanfarria que últimamente prima en las bodas mediáticas.

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