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La agitada boda de Irene Villa

Este sábado, la Basílica San Francisco el Grande de Madrid acogía una de las bodas más esperadas de la temporada nupcial. Ante más de 170 invitados, 

Este sábado, la Basílica San Francisco el Grande de Madrid acogía una de las bodas más esperadas de la temporada nupcial. Ante más de 170 invitados,  Irene Villa le daba el ‘sí, quiero’ a su novio Juan Pablo, un empresario argentino, con el que llevaba saliendo desde hacía dos años.

Radiante, con un vestido color marfil de Innovias, y los complementos habituales como un liguero azul que le habían regalado sus amigas, la novia apareció puntual acompañada de su familia en un Buick descapotable del año 1963. Pero, lejos de ser una ceremonia tranquila y sosegada, desde la llegada de la periodista al templo, la boda se convirtió en un acontecimiento de lo más agitado.

Las anécdotas comenzaron pronto. Nada más apareció Irene Villa en la iglesia se topó con un imprevisto: la boda anterior, que se celebraba en el mismo lugar, se había retrasado, por lo que se vio obligada a  esperar durante varios minutos en el coche, lo que provocó que su futuro marido la viera involuntariamente antes de tiempo.

 Una vez solucionado el desaguisado, todo siguió su curso entre la emoción y la felicidad que suele producir un evento de tales características. Después de que el párroco oficiara la ceremonia y que la pareja, ya convertida en marido y mujer, fuera recibida a las puertas de la Basílica entre gritos de Viva los novios y mucho arroz, tal y como manda la tradición, ocurría otro inesperado incidente ante la sorpresa general.

A la salida empezó a llover de una forma insistente. Pero para más inri, cuando el recién estrenado matrimonio se disponía a poner rumbo hacia el restaurante José Luis, donde se celebró el banquete, se percató de que el capote del coche, un Buick de época, no funcionaba. Llovía cada vez más fuerte y de repente el motor de automóvil también dejó de funcionar. Tras varias intentonas infructuosas, la pareja optó por viajar en otro coche de alta gama, que les llevó hasta el convite sin ningún tipo de problema donde pudieron festejar un día tan importante en sus vidas, que, aunque pasado por agua y varias anécdotas, no dejó de ser dichoso.

Entre los asistentes destacó la presencia de Javier Urra, ex Defensor del Menor, Marina Castaño, la actriz Isabel Aboy o Nieves Herrero, gran amiga de la familia. La periodista dijo recientemente que en el caso de Irene Villa el amor vendría de fuera. “Cuántas veces me ha dicho que los españoles la veían como un símbolo”, escribió recientemente. Y finalmente llegó. El sábado enterró de una vez por todos los fantasmas del pasado y dio comienzo a una nueva vida como mujer casada.

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