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Los grandes amigos de Cristina Fernández de Kirchner: Louis Vuitton y el bótox

“Ella es nuestra segunda Evita”, gritaban a coro cientos de argentinos. La Plaza de Mayo, frente a la residencia presidencial, se llenó este domingo de clamores,

Foto: Los grandes amigos de Cristina Fernández de Kirchner: Louis Vuitton y el bótox
Los grandes amigos de Cristina Fernández de Kirchner: Louis Vuitton y el bótox

“Ella es nuestra segunda Evita”, gritaban a coro cientos de argentinos. La Plaza de Mayo, frente a la residencia presidencial, se llenó este domingo de clamores, aplausos y banderas que se fundían con el olor a choripán (chorizo con pan), que vendían en las calles anexas. Cristina Fernández de Kirchner había salido victoriosa. Volvía a ser elegida por sus argentinos días antes de cumplirse un año de la muerte de su ma­­­no derecha, su marido, el expresidente Néstor Kirchner, que falleció de un paro cardíaco mientras dormía junto a su mujer.

Amada y odiada a partes iguales, la reina del bótox, como es apodada en los corrillos porteños, regresa, con más del 53% del apoyo del electorado, otros cuatro años más a una iluminada Casa Rosada por la que volverá a desfilar con sus tacones Christan Louboutin y su melena rojiza.  

Dicen de ella que es la encarnación de una Eva Perón posmoderna. Su devoción por la moda, su abundante maquillaje y sus tratamientos antiedad no han entorpecido su ascenso popular en política y las dudas sobre su reelección tras la muerte de su marido, que estuvo en la presidencia entre el 2003 y el 2007, que no han hecho más que confirmar el patrocinio de los argentinos. 

Cristina Fernández Kirchner tuvo una infancia feliz. Sin embargo, profesaba unos celos enormes hacia su hermana Gisele, dos años menor que ella, que hoy sufre un fuerte trastorno de bipolaridad. “Siempre le reproché a mamá que la quisiera más a ella que a mí, y eso no me lo puede negar. Es completamente cierto”, destacó la presidenta argentina en la biografía La presidenta, historia de una vida, escrita por la periodista Sandra Russo.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández eran polos opuestos. En 1974, ella tenía 20 y él 23 años, compartían clase en la Universidad Nacional de La Plata. Se casaron a los seis meses de haberse conocido y disfrutaron de un matrimonio de 26 años aunque siempre rehusaron de mostrarse cariñosos en público. “Discutíamos por todo, por cosas que nos parecían muy importantes y cosas que eran pavadas. Pero nos peleamos siempre, desde el primer hasta el último día”, aseguró en su biografía.

Las excentricidades de CFK

Desde su desembarco en la Casa Rosada, las polémicas por sus continuas excentricidades han perseguido a Cristina Fernández Kirchner. La última tuvo lugar hace algo más de un mes, y en plena campaña electoral, cuando el New York Post publicó que la jefa de Estado argentina había comprado 20 pares de zapatos de la marca Christian Louboutin gastándose alrededor de 100.000 euros durante una visita a París.

Su amor por los zapatos de marca no es menor que el que profesa por los bolsos y carteras de Louis Vuitton y Hèrmes. Aunque, sin duda, la extravagancia más llamativa de Kirchner es la asiduidad asombrosa con la que recurre a la cirugía estética. Ella niega tajantemente que haya pasado por quirófano, pero son muchos los medios argentinos que no dudan en publicar que se ha hecho una liposucción, un implante de pecho y que hasta se ha rendido ante millonarios rellenos faciales de bótox.

Tal es su obsesión por su imagen que, según cuentan, ordena a los fotógrafos que no utilicen planos detalle o de cuerpo entero para retratarla y exige los retoques del photoshop antes de difundir imágenes oficiales.  Tampoco es ningún secreto en Argentina que su diseñadora de cabecera es Susana Ortiz, una estilista en la que confía con cada nueva apuesta de moda, y que deja su peinado a las órdenes de Alberto Sanders, su peluquero predilecto de Buenos Aires.

Pero todo este embrollo de glamour algo impostado no ha impedido relanzar a Kirchner hacia un nuevo mandato en Argentina sin la sombra de su marido. Esa misma mujer a la que convencieron para ser candidata y que el domingo pasado movió las caderas al compás de la canción Avanti morocha, mientras cientos de paisanos celebraban su llegada a la Casa Rosada, un color en tono palo que, como si del destino se tratase, conjunta a la perfección con casi todos sus modelitos.

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