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Así fue la boda de Telma Ortiz y Jaime del Burgo

La boda de la hermanísima Telma Ortiz con el abogado Jaime del Burgo sorprende por la rapidez, la improvisación y el halo de misterio con que se

La boda de la hermanísima Telma Ortiz con el abogado Jaime del Burgo sorprende por la rapidez, la improvisación y el halo de misterio con que se llevó a cabo el pasado viernes, con el único objetivo de evitar a esa prensa que tantos recelos provoca en la cuñada del futuro rey patrio. Tanta animadversión despierta el cuarto poder en Telma que ni siquiera sus padres, Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano, ni su hermana, la princesa de Asturias, presenciaron el sí, quiero, que los novios planearon, todo hay que decirlo, con escasa antelación.

Según ha podido saber Vanitatis, el monasterio de Leyre, lugar elegido para la ceremonia, se reservó tan sólo unos días antes de la fecha del enlace, algo poco común para un lugar de estas características que se encuentra al alcance de muy pocos. Sin embargo, no sorprende tanto si se tienen en cuenta dos factores: que el padre del novio fue un alto cargo de Navarra y la rápida capacidad de maniobra de los novios para con su boda, pues hasta hace bien poco varios familiares del ya marido de Telma Ortiz habían reservado hospedaje para el 7 de julio en un lugar próximo a Roma, donde se especulaba que tendría lugar la boda -de hecho, algunos de ellos decían desconocer la fecha exacta-.

En cualquier caso, y pese a las sonadas ausencias, el hijo del expresidente de Navarra y la hermana de doña Letizia contraían matrimonio en una celebración íntima, oficiada por el abad de Leyre y un sacerdote tafallés amigo de la familia del Burgo, a la que asistieron únicamente los padres de Jaime del Burgo, la hija de Telma (Amanda) y un matrimonio amigo de la pareja con sus hijos, tal y como apunta El Diario de Navarra.

Tras la ceremonia en el Monasterio benedictino de Leyre, un lugar comparable a lo que significa el santuario de Covadonga para los asturianos y que se encuentra en el paso del Camino de Santiago, los novios y los invitados almorzaron en la propia hospedería de Leyre, concretamente un menú del día.

Ya por la noche, todos ellos se trasladaron hasta el restaurante del Castillo de Gorraiz, un majestuoso palacio situado a cuatro kilómetros del centro de Pamplona, en un incomparable paraje desde donde se domina toda la ciudad (Ver el álbum de los lugares de la boda de Telma). Está rodeado por un campo de golf y zonas verdes, y cuenta con un parking privado con capacidad para 300 vehículos, espacio para autobuses, parque infantil, plaza peatonal, la ermita de San Esteban de Gorraiz situada a la entrada del castillo, y un amplio abanico de salas de congresos, comedores y lujosas alcobas.

El Castillo, enmarcado dentro de una de las urbanizaciones de lujo de Pamplona, es uno de los preferidos de la clase adinerada de la capital y uno de los enclaves favoritos de muchas parejas para darse el sí, quiero, gracias, entre otras cosas, a su torre amurallada. Hasta allí se desplazaron también los hermanos de Jaime del Burgo, que supieron de la boda esa misma tarde, así como algunos allegados más. Al igual que sucedió con algunos de los invitados, a los que avisaron unas horas antes, la reserva del Castillo de Gorraiz también se realizó con escasa antelación para evitar las filtraciones. En cualquier caso, todos ellos disfrutaron de un menú en el que no faltó el vino de Navarra, el champán francés y el solomillo con pimientos.

En cuanto a Telma Ortiz, que asistió a su boda con muletas, no lució un vestido de novia al uso, aunque sí llevó un traje blanco. Tanto ella como su ya marido, quienes disfrutarán de una luna de miel de destino incierto, se retiraron antes de la medianoche después de un intenso día de celebraciones.

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