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'Pitina' Sandoval, la mujer que regentaba Don Bolillo y fumaba puritos a escondidas

El fallecimiento de Pitina Sandoval, la mujer del presidente del Real Madrid, ha sido una tragedia terrible para su familia y también para todos los amigos y conocidos

El fallecimiento de Pitina Sandoval, la mujer del presidente del Real Madrid, ha sido una tragedia terrible para su familia y también para todos los amigos y conocidos que no daban crédito a la noticia. Aparentemente, su salud era inmejorable después de haber superado el cáncer que padeció hace unos años. Ella misma lo decía hace unos meses, en una de las tertulias de su tienda taller Don Bolillo, donde mujeres de todo tipo y condición reciben clases de costura, a razón de 90 euros al mes. Hacen canastillas, punto de cruz y, sobre todo, bolillos, la actividad principal de esta especie de mercería que sirve de punto de encuentro y terapia femenina. La abrió al poco de enviudar su madre. “Empezamos las dos con el bolillo y me pareció una buena idea montar esta mercería”, contaba Pitina, recordando sus orígenes comerciales.

Le gustaba comer en el restaurante de su hija Cuchi, El Babero, y siempre hablaba de lo buenas que eran algunas de las recetas, “de casa de toda la vida, como los chipirones o las croquetas”. Estaba francamente orgullosa de cómo le iba el negocio a la niña de la casa, que pudiendo ejercer de hija tonta de papá rico se había buscado la vida. Pitina, como cualquier persona que supera un cáncer, tenía las cosas muy claras. “Quiero aprovechar el tiempo y estar con la gente que quiero y que me quiere”. Se cuidaba física y anímicamente porque “¡ay! Si la cabeza no está bien el cuerpo, tampoco”. Le encantaba bailar, sobre todo sevillanas, que las bordaba cuando se terciaba, como eran los finales de fiesta en el El Cuenco de Pepa, que se cerraba en cualquier festejo o aniversario de amigos e hijos.

La última vez que participó en una reunión a puerta cerrada fue hace dos fines de semana en la Primera Comunión de Iván, el hijo de Nuria González y Fernando Fernández Tapias, que lo celebraron en el restaurante de Pepa pues, además de ser amiga, el local se encuentra muy cerca de su casa. Todos los invitados que compartieron el convite y que charlaron con Pitina la encontraron estupenda, y salvo un pequeño contratiempo que ella describió como una bajada de tensión, nadie hubiera dicho que unos años atrás había tenido que someterse a quimioterapia. Pitina Sandoval era una mujer fuerte, habladora y perfecta como pareja de mus. Nunca se pavoneó de estar casada con el presidente del Real Madrid y seguramente algunas de las clientas que tejían jerseicitos de primera puesta y cosían faldones en su tienda desconocían que la señora divertida que regentaba Don Bolillo y fumaba a escondidas Ducados y puritos era quien era.
Tuvo la inteligencia de mantener las mismas amistades de siempre, incluso seguía reuniéndose con las amigas de la infancia, con las que recordaba nostálgica el colegio. “A Florentino le conocí a través de un amigo. Me llevaba al cine y al futbol. Y en aquellos tiempos de novios yo sabía mucho más que él”, contó en una ocasión al preguntarle si no se aburría en los partidos. “El fútbol me encanta”. Esa tarde sufrió un mareo y se encontraba revuelta, nada fuera de lo común que dejase entrever el trágico desenlace, que ha pillado a la familia desprevenida.Pitina Sandoval ha muerto a los 62 años. DEP.
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