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Y la orquesta del Ritz siguió tocando

Paseo del Prado de Madrid. Martes. Ocho y cuarto de la tarde. Un grupo de manifestantes clama a favor de la sanidad pública justo delante del centenario Hotel Ritz.

Paseo del Prado de Madrid. Martes. Ocho y cuarto de la tarde. Un grupo de manifestantes clama a favor de la sanidad pública justo delante del centenario Hotel Ritz. Dentro del hotel todo es diferente: su terraza se abre oficialmente para la temporada estival y al acto asisten personalidades con una solvencia económica indudable. Juan Luna -conservador del Museo del Prado-, Paloma Botín -hija de Emilio Botín-, Carlos García Revenga -secretario personal de las Infantas- o el financiero Carlos Espinosa de los Monteros están presentes y charlan animadamente con embajadores y representantes de varias de las más distinguidas familias del entramado financiero y empresarial madrileño.También con ellos, atendiéndolos en todo momento, está Mariola Calderón, la encargada de protocolo de todo el acto.

Entre ellos también se encuentran rostros más populares como el de Fernando Martínez de Irujo -el hijo soltero de la Duquesa de Alba-, el ilusionista 'Anthony Blake',  el cantante Álex Forriols o el periodista Antonio San José. Todos se mueven entre copas de champagne, cócteles y exquisitos aperitivos mientras una orquesta toca al fondo viejos éxitos de la música americana de los años 50. No falta un detalle en los vestidos, ni una sola corbata está fuera de su sitio, ni un solo botón está mal abrochado. Los camareros no dejan de pasar bandejas al lado de los ilustres invitados y todos ellos parlotean alegremente sobre sus cosas.

"El próximo mes organizamos un acto para la embajada", asegura una señora elegantemente vestida de azul. La mayoría de los invitados rozan la edad madura pero también se dejan ver algunos jóvenes de buen ver y de mejor vestir. Predomina una elegancia incapaz de distinguir generaciones.

Así es como el martes 29 de mayo el hotel más elegante de Madrid, emblema del lujo y el confort, abre la temporada veraniega. Todos los asistentes parecen estar tan absortos en su vida y en la persona con la que tomarán la siguiente copa que no se percatan apenas de una orquesta que sigue tocando sin cesar una melodía que solo suena en aquella terraza.

La comparación es inevitable. Al igual que los pasajeros del Titanic seguían embelesados por el lujo del trasatlántico, centenario también, cuando este se hundía, los asistentes al cóctel parecen ajenos a un sistema financiero que se hunde irremediablemente. Y es que, por tópico que sea, el símil con el barco hundido es perfecto. Y más teniendo en cuenta la ironía de que al acto asistieran algunas de las familias más importantes de las finanzas españolas. Todas ellas ajenas por completo a unos manifestantes que, a tan solo unos pasos del Ritz, parecen vivir en un mundo muy diferente. Un mundo donde la orquesta hace tiempo que dejó de tocar...

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