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El 'mosqueo' de Naty Abascal con la sobrina del Rey, Simoneta Gómez-Acebo

La fiesta organizada por Cartier el pasado lunes para un exclusivo grupo de ilustres personajes en el museo Thyssen-Bornemisza ha supuesto una afrenta para otros muchos famosos, 

La fiesta organizada por Cartier el pasado lunes para un exclusivo grupo de ilustres personajes en el museo Thyssen-Bornemisza ha supuesto una afrenta para otros muchos famosos,  que se han sentido heridos por no haber sido incluidos en ese listado. Por ejemplo, damas como Naty Abascal, que forma parte del grupo de las elegantes y que siempre es un recurso para cualquier photocall, se enfadó mucho al comprobar que había recibido una invitación como si fuera la prima segunda de Amaia Salamanca –que, por cierto, sí que participo en el evento joyero- y no la estrella mediática que es.

La exduquesa de Feria echó en falta que Simoneta Gómez Acebo, sobrina de Su Majestad además de relaciones públicas de la marca orfebre francesa, la llamara personalmente como había hecho con otros invitados. La llamada por parte de la hija de la infanta Pilar nunca se produjo y fue, en cambio, una agencia de comunicación quien convocó a la mamá de Rafa y Luis Medina. Y así, a la espera, llegó la hora de la ínclita cena y Naty se quedó tranquilamente en su casa. Julio Ayesa, un clásico en la vida social española que sí tiene amistad y relaciones con los vip internacionales como los Kennedy, los Saboya y los Grimaldi, tampoco fue convocado, cuando, al parecer, que en la cena había gente mucho menos influyente que el. 

Para el evento tampoco se contó con caras representativas del mundo del arte, las letras o la música, porque nadie se percató de que daban un barniz cultural importante. La baronesa Thyssen sí se dio cuenta, pero prefirió disfrutar de la velada. Al fin y al cabo, ella había alquilado el museo, se lo habían pagado muy bien y no era cuestión de ponerse a rechistar.

Todos estos desbarajustes fueron días después la comidilla en la embajada de Francia, donde Bruno Delaye se despedía de sus amigos una vez finalizado su mandato como embajador. Muchos  de los damnificados definieron los desplantes de la casa Cartier como si formaran parte del famoso motín de Esquilache. Hubo también quien criticó que la infanta Pilar ostentara la presidencia de una fiesta organizada por una firma francesa, cuando no ha hecho lo mismo con empresas españolas de similar corte.

Pero lo que nadie entendía eran todas las limitaciones que existieron tanto a vips como a los medios de comunicación. El caso es que se negó el pan y la sal a los informadores tanto gráficos como escritos. Todos ellos tuvieron que hacer lo que se denomina puerta, porque no hubo posibilidad de acceder a las dependencias del museo Thyssen, donde esa misma mañana Simoneta Gómez Acebo, como jefa de comunicación de Cartier; Carmen Cervera, como cabeza visible del museo, y Carlota Casiraghi, se convertían en estrellas mediáticas para la prensa, que, en ese momento, sí interesaba que dieran cuenta del acto. Después ni agua. Y eso que la baronesa, que alquilaba el recinto para la fiesta nocturna, quiso saber las razones de ese veto. La respuesta no tenía desperdicio y se refería a la maldad de los informadores con sus escritos. Ver para creer.

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