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'El vals del adiós' de Fernando Guillén

Fernando Guillén ha muerto este jueves en Madrid a los 80 años de edad tras una larga enfermedad. El actor era un hombre locuaz cuando se trataba

Fernando Guillén ha muerto este jueves en Madrid a los 80 años de edad tras una larga enfermedad. El actor era un hombre locuaz cuando se trataba de hablar de todo lo que tuviera que ver con su vida profesional. Tenía una memoria prodigiosa y era capaz de recitar textos de obras que no había vuelto a interpretar en veinte o treinta años. Se tomaba a risa cuando en Hospital Central algunos de los jóvenes actores, con los que compartía serie, se agobiaban al recibir el guión correspondiente al capítulo siguiente. “Pero si sólo tengo cuatro días para aprendérmelo”, solían decirle. En ese momento -y dependiendo de cómo le pillara el viento- intentaba calmarles o, por contrario, les echaba una arenga, que les dejaba sin respiración, porque el actor no entendía ciertas actitudes “cuando aún tienen todo por demostrar”.

Era un hombre poco dado a los excesos verbales; era parco a la hora de dar titulares. Quizá una de las situaciones que más le divertían era cuando le entrevistaba algún periodista que ni tan siquiera se había entretenido en mirar su biografía y le preguntaba si el ser el padre de Fernando y Cayetana Guillén Cuervo le ayudaba para trabajar en una u otra serie. Solía contestar muy serio: “Pues mire, por ahora no, pero creo que cuando acuda a un casting voy a pedirles que me acompañen a ver si tengo suerte”. A diferencia de Fernando Fernán-Gómez que se arrebataba con estas historias, Guillén se lo tomaba a risa.

Reivindicaba su profesión por encima de cualquier otra cosa y se sentía feliz de cómo el teatro, a pesar de la crisis, no sucumbía. Y lo contaba pletórico en Bilbao cuando recibió el Premio Ercilla a toda una trayectoria hace un par de años. “Me gustan los premios y soy de los que considero que me lo merezco, porque la profesión me ha dado muchas alegrías y también muchos agobios”. Y recordó esa noche.  “Vienen a mi cabeza las giras que duraban meses, producciones  que no funcionaban, dinero que no llegaba, promesas que no se cumplían, ensayos durísimos con lágrimas incluidas… con  todo y con eso os aseguro  que he elegido la mejor profesión. Echando la vista atrás, soy un privilegiado”, manifestó entonces.

En aquel momento terminaba El vals del adiós, que fue su mutis por el foro. Mario Gas, su amigo, le hizo la propuesta de este monólogo, que se convirtió, porque así lo quiso él, en el broche de oro a toda una carrera, donde la honestidad marcó siempre su libreto de vida. Ha desaparecido un gran actor y una mejor persona.

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