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Nuria March, modelo del siglo XX, mujer emprendedora del siglo XXI

Nuria March quiere pasar página. Lo dice ella misma cuando Vanitatis acude al encuentro de esta mujer emprendedora, creadora de la empresa de comunicación que lleva

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    Nuria March quiere pasar página. Lo dice ella misma cuando Vanitatis acude al encuentro de esta mujer emprendedora, creadora de la empresa de comunicación que lleva su nombre y trabajadora incansable. La página que quiere pasar tiene que ver con su trabajo de modelo en los 80, cuando protagonizaba anuncios de televisión y viajaba por muchas partes del mundo. También quiere pasar la que en cierto modo la hizo más conocida, la de su matrimonio con Jaime Martínez Bordiú. Ahora quiere hablar de otras cosas. “Eso fue hace mucho tiempo” dice sobre la etapa en la que era una maniquí, dejando ver que la imagen que tiene de sí misma parece haber mejorado con su faceta de empresaria por más que matice que la profesión de modelo le dejó buenas sensaciones.

    La cita con Nuria se produce en una conocida tienda de la calle Augusto Figueroa de Madrid. Ver su ‘modus operandi’ antes de que nos diga una sola palabra ya explica mucho de su personalidad. Prepara hasta el último detalle de una presentación, atiende a los medios y no se le escapa ni una: desde la iluminación del lugar hasta el nombre de todas y cada una de las personas que van a acudir esa noche a la fiesta de lanzamiento. No sabemos si esa mañana, en mitad del caos que supone una presentación así, ha ido al gimnasio, pero suele formar parte de su cuidado personal, una reminiscencia de la parte de su vida de la que se siente menos orgullosa: “Como todas las mujeres que trabajan y tienen que compaginarlo con su vida familiar, es fundamental que busque veinte minutos al día para mí. Por la mañana, antes de arreglarme, me gusta hacer deporte, ir al gimnasio o a correr al Retiro y luego ya me quedo arreglada para el resto del día”.

    Y arreglada está, con un vestido verde y una elegancia que, unida a su alta estatura, la hacen parecer de otro mundo. Sin embargo, esa diosa baja de su particular Olimpo y no tiene reparos en confesar incluso que arreglarse le da cierta pereza: “Me gusta pero hay días en los que me cuesta hacerlo. Lo fácil es no pintarse, ponerse una coleta y unas zapatillas de deporte, pero en el mundo en el que muevo la gente me exige muchísimo más. No puedo relajarme en ese sentido porque ya no tengo 20 años”.

    Una cosa lleva a la otra y la página de la entrevista vuelve hacia atrás, hacia ese mundo de la moda que dice recordar con cariño pese a que insiste en calificarlo de “lejano” y perteneciente a una etapa “cerrada” de su vida: “Llevo más de quince años trabajando en comunicación. No tengo nada que ver con una modelo. La gente insiste en ese aspecto y yo no siquiera era conocida por aquel entonces”. Esa etapa no parece tan cerrada cuando Nuria posa ante la cámara. Se nota que sabe hacerlo aunque, como le dice una de las asistentes al acto, a ella solo le basta sacar una sonrisa para aparecer perfecta ante cualquier cámara.

    Seguramente por eso al insistirle en las preguntas sobre la época en la que desfilaba por todo el mundo, surgen palabras que delatan en ella cierto cariño hacia esos años: “Fue una etapa maravillosa en mi vida. La aproveché a tope, viajé, aprendí idiomas y reconozco que en aquella época se ganaba mucho dinero. La recuerdo con ilusión y alegría y fue muy positiva para mí. Gracias a mi sentido común le supe sacar lo bueno”. También influyó su familia, que la ayudó a tener los pies en la tierra, a no creerse nada y cierto carácter naif en el que se reconoce y el cual echa de menos: “Me gustaba mucho cómo era entonces porque cuando eres joven no eres muy consciente de la realidad. Cuando creces te tienes que agarrar a la realidad sí o sí”.

    La realidad de un matrimonio fallido y una serie de sinsabores que parecen quedar cada vez más lejanos. Ahora, su familia es su hijo de 13 años y su segundo marido, José María Pasquín. Su hijo participa de todo lo que ella hace: “Me oye hablar sobre marketing, sobre el mercado, sobre las marcas y sobre la moda. Es curioso pero a él le gusta escucharme y participa de todo. Le gusta saber acerca de muchas cosas, es muy curioso y bastante culto”. Y como una auténtica mujer de empresa, reconoce que el éxito de esta radica en que a “cada proyecto, sea pequeño o grande, le doy la misma importancia. Creo que el éxito de mi empresa está ahí”.

    Y su empresa nació cuando, un buen día, después de pasar por otras, se dio cuenta de que más que aprender de ellas lo que hacían era aprovechar su talento. Ahora es capaz de organizar el lanzamiento de productos como Style in Box, una empresa que alquila vestidos de grandes diseñadores a precios asequibles o el de una conocida revista de reciente lanzamiento. Sin duda, “el nacimiento de mi empresa, Nuria March Comunicación, ha sido lo que realmente me ha terminado de definir como mujer desarrollada y madura. Era lo que tenía que hacer desde hacía tiempo y ahora estoy en mi sitio, sé lo que hago y me gusta.  Me veo muchos años así”, dice. Por ahora no le va mal, y la etiqueta de ‘mujer emprendedora’ que siempre le adjudican los periodistas parece que la va a acompañar durante todo ese tiempo.

    Nuria March parece una de esas mujeres de película americana, capaz de vestir bien, llevar adelante un trabajo que mueve a docenas de personas y de encontrar tiempo para sí misma. Detrás de esa aparente perfección y ese espejo en el que se miran o se quieren mirar muchas mujeres trabajadoras también se vislumbra la nostalgia por su ‘época naif’, lo que le demuestra a ella misma que algunas páginas de su vida sí que merecen ser revisitadas. 

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