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Tita Cervera oculta su patrimonio en paraísos fiscales

Molino de agua en Gennep es uno de los cinco Van Gogh que hay en el Museo Thyssen-Bornemisza. Es el único cedido por Carmen Cervera al Estado de su colección particular,

Foto: Tita Cervera oculta su patrimonio en paraísos fiscales
Tita Cervera oculta su patrimonio en paraísos fiscales
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    Molino de agua en Gennep es uno de los cinco Van Gogh que hay en el Museo Thyssen-Bornemisza. Es el único cedido por Carmen Cervera al Estado de su colección particular, ya que los otros son propiedad pública. Lo que casi nadie sabe al ver este óleo sobre lienzo de 1884, expuesto en la sala C, es que fue comprado usando Nautilus Trustees Limited, una sociedad radicada en el paraíso fiscal de las Islas Cook. Y no solo es este cuadro, otros muchos de su colección privada pertenecen a compañías en otros paraísos como Islas Caimán, Liechtenstein o Islas Vírgenes Británicas.

    El Confidencial, junto con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación(ICIJ por sus siglas en inglés), ha tenido acceso a documentos que muestran cómo Tita compró decenas de obras en grandes casas de subastas como Sotheby’s y Christie’s a través de una entidad opaca en las Islas Cook. Además de por sus beneficios fiscales, estas islas paradisíacas en el medio del Pacífico Sur, a 17.000 kilómetros de España, son conocidas por garantizar el completo anonimato a los directores y accionistas de sociedades.

    El Molino de agua en Gennep del cotizado Van Gogh se vendió en una subasta de Sotheby’s por 500.000 libras (589.000 euros) el 24 de junio de 1996. Tres semanas después la empresa intermediaria Trustnet recibió correspondencia sobre su venta en sus oficinas de Rarotonga, la capital de las Islas Cook. Informaron de ello por fax y por carta a su contacto para la empresa Nautilus Trustees Limited, la firma suiza Lenz & Staehelin.

    “Se mandan adjuntas varias cartas recibidas de Sotheby’s. En particular, hemos recibido correspondencia sobre la compra de ‘Molino de agua Gennep’ [sic] de Vincent Gogh [sic]”, decía la carta en inglés del 18 de julio de 1996. Pero el cuadro no estaba ni en Rarotonga ni en Zúrich, sino que aterrizó en Madrid, en el Museo Thyssen-Bornemisza, a finales de 1996. Ese mismo año Tita presentó por primera vez su colección en público, con “gran éxito crítico”, según la web del museo.

    Los documentos obtenidos por El Confidencial / ICIJ muestran que entre julio de 1995 y noviembre de 2002 Trustnet recibió al menos 31 facturas y extractos de cuenta de Sotheby’s y Christie’s para Nautilus Trustees Limited. En esa correspondencia hay cargos de 202.912,50 libras (239.000 euros) de Christie’s en Londres en relación a una “licencia de exportación” y $302.605,06 (235.000 euros) de Sotheby’s para la cuenta de cliente 3012374. También hay referencia a seis facturas de Momart, una empresa de transporte internacional de arte, además de otras cartas del Museo Metropolitano de Nueva York, Kunsthaus Lempertz en Colonia (Alemania) y las casas de subastas Bonhams y Phillips.

    Tita guarda silencio. La barcelonesa no quiso atender a las preguntas de El Confidencial / ICIJ, aunque sí autorizó a su abogado y hombre de confianza, Jaime Rotondo Russo, a responder a algunas preguntas sobre su patrimonio. Su interlocutor aclaró que este tipo de estructuras offshore hace más sencillo mover una colección “transnacional” como la de su cliente. Se gana en papeleo, tiempo y dinero. Y sobre todo, se consigue “máxima flexibilidad” a la hora de mover los cuadros de país en país.

    “Es conveniente”, subrayó de manera pragmática. “Ofrece más libertad de disposición de los bienes. No digo de compra y venta, sino de tráfico: de viajar, de salir y de entrar en los diferentes países. Así no tienen que estar sujetos a ninguna legislación de patrimonio histórico que convierte los préstamos entre museos y galerías internacionales en “un infierno”. Además, según explicó el abogado, las obras de Tita fueron adquiridas con fondos que estaban en el exterior o traspasadas por su marido, el difunto barón Hans Heinrich ‘Heini’ von Thyssen-Bornemisza.

    Tras los pasos del barón

    La vida de Tita cambió radicalmente cuando conoció a Heini, quien había tenido cuatro matrimonios y cuatro hijos anteriormente. Se casaron en 1985 y poco a poco él le fue contagiando su pasión por el arte. El barón utilizaba paraísos fiscales para gestionar su fortuna y su amplia colección, en parte para mantener el control y la confidencialidad en las luchas con sus herederos por su patrimonio, según explica Rotondo.

    En 1993, diez meses después de inaugurar el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid, Heini vendió la mitad de su colección –775 obras – al Estado por 350 millones de dólares (alrededor de 270 millones de euros). Su dueño legal era una sociedad de Bermuda, Favorita Trustees Limited, probablemente llamada así por “Villa Favorita”, la casa familiar frente al Lago de Lugano (Suiza), en donde se exponía los cuadros originalmente. La legislación española considera -y consideraba entonces- al archipiélago caribeño como un paraíso fiscal.

    Ese mismo año fue cuando Tita “tomó conciencia de su papel como coleccionista”, cuenta la página web del museo. Empezó a construir su colección usando las mismas estructuras opacas utilizadas por su marido. Nautilus Trustees Limited se inscribió en el registro de las Islas Cook el 9 de marzo 1994, según documentos exclusivos obtenidos por El Confidencial/ICIJ. El papeleo se hizo a través de un proveedor de servicios offshore local, Portcullis Trustnet. Las 2.000 acciones de la compañía estaban en un certificado de acciones al portador. Quien lo tuviera en su mano, era su dueño. Se envió inmediatamente al destacado bufete Lenz & Staehelin en Zúrich. Un mes más tarde se registraba Sargasso Trustees Limited utilizando procedimientos similares.

    Al principio, los directores de ambas entidades eran abogados, pero en marzo de 1998 pasó a serlo Buque Anstalt, una estructura híbrida entre sociedad mercantil y fundación en Liechtenstein, donde uno de sus administradores es Jaime Rotondo. Ninguno de estos datos se puede comprobar en el registro mercantil de las Islas Cook. Son considerados confidenciales y allí, revelarlos es un delito penal. Sin embargo, emails obtenidos por El Confidencial/ICIJ muestran que Carmen Cervera era la dueña de ambas sociedades, como reconoció su abogado, que prefirió no detallar hasta qué punto estaba la baronesa involucrada en estas compañías, aunque sí añadió que Sargasso Trustees Limited ya cerró (2004).

    En origen, según la versión ofrecida por el abogado de la Baronesa Thyssen, los abogados suizos utilizaron estas estructuras societarias que ocultan la identidad de los accionistas porque había que “proteger familiarmente” las obras de arte, en referencia a los hijos del barón. Estaba en juego el reparto de su herencia, que no se cerró totalmente hasta un pacto secreto en 2002, poco antes de su muerte.

    Práctica habitual

    Asesor principal de la baronesa desde 1995, Rotondo explicó a El Confidencial que la práctica de usar paraísos fiscales para manejar obras de arte es “muy habitual” entre grandes coleccionistas. Incluso reconoció que “mucho coleccionista español” tiene “sus colecciones a nombre de paraísos fiscales”, ya que normalmente se adquieren en subastas fuera del país, como ocurre de manera generalizada a escala global en el mercado internacional del arte, que en 2012 alcanzó unas ventas de 43.000 millones de euros según recoge el principal informe de este sector.

    Diferentes expertos consultados confirman esta tendencia a nivel internacional. Entre ellos, Héctor Feliciano, un periodista de Puerto Rico que investigó el aspecto comercial del mundo del arte en su libro El Museo Perdido (The Lost Museum), sobre obras robadas en la Alemania nazi. Feliciano asegura que muchos marchantes de arte y grandes coleccionistas usan sociedades en Islas Caimán, Luxemburgo, Mónaco y otras jurisdicciones “de regulación flexible” para comerciar con arte, en una manera similar en la que utilizan estas entidades offshore para hacer inversiones, reducir impuestos y proteger sus fortunas. “Para ellos el arte es una cosa más que comprar y vender”.

    Un secreto público

    Nautilus Trustees Limited, que ahora se llama simplemente Nautilus Limited, no debería ser una completa desconocida. Su nombre sale todos los años junto a los de Omicron Collections Limited, Coraldale Navigation Incorporated e Imiberia Anstalt desde 2003 en el Boletín Oficial del Estado (BOE), cuando se informa de la garantía del Estado sobre los cuadros de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, cedidos sin contraprestación económica directa al museo de Madrid, según consta en la orden ministerial que se hace eco el contrato entre la Fundación Colección Thyssen Bornemisza, presidida por el ministro de Cultura de turno, y la sociedades registradas en paraísos fiscales de la Baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza.

    La última publicación en el BOE es de este mismo martes. Las 484 obras prestadas en 2013 por Tita se valoran en 364.922.552 euros, que equivale al dinero máximo a pagar si le pasase algo a toda la colección. Sin embargo, la importancia de esta cantidad es relativa, como confirmó Rotondo, pues apenas se negocia por no tratarse de un acuerdo de compra-venta. Aún así, existen singularidades como la protagonizada por Molino de agua en Gennep, obra que  se compró por 589.000 euros en 1996 y que desde 2004 aparece valorada en el BOE en 3,5 millones de dólares (alrededor de 2,7 millones de euros).

    A finales de 2011, cuando tocaba renovar el contrato de cesión, Tita y su abogado intentaron cerrar un acuerdo de alquiler por las obras con la entonces ministra de Cultura, Ángeles González Sinde. Entonces, según explica Rotondo, ellos pidieron 13,5 millones de euros por tres años (4,5/año), mientras el ministerio ofreció sólo 4,5 en total (1,5/año). El trato nunca se cerró y se siguió con las cesiones, que se renueva todos los años con algunas diferencias, como la provocada este 2013 tras no figurar La esclusa de John Constable, vendido -con gran revuelo- el año pasado por22,4 millones de libras (26,5 millones de euros).

    Desde la fecha del acuerdo original del año 2000 con el Reino de España, el número de pinturas cedidas ha descendido un 35%, como ya informó El Confidencial. La explicación sobre este descenso según la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza obedece a la transferencia de obras al Museo Carmen Thyssen de Málaga, abierto en Marzo de 2011, y al MNAC de Barcelona. A pesar del reparto de su patrimonio artístico por la geografía nacional, las entradas y salidas facturan en los generosos paraísos fiscales desde los que controla su ajuar pictórico.

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