Borja Thyssen, un precoz coleccionista a la fuerza
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Borja Thyssen, un precoz coleccionista a la fuerza

A Borja Thyssen su primer cuadro se lo regaló el barón Thyssen el día de su bautizo en la catedral de San Patricio de Nueva York, cinco

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Borja Thyssen, un precoz coleccionista a la fuerza

A Borja Thyssen su primer cuadro se lo regaló el barón Thyssen el día de su bautizo en la catedral de San Patricio de Nueva York, cinco años después de su nacimiento y con Luis Gómez-Acebo, duque de Badajoz, y Anne Getty ejerciendo de padrinos. Se trataba de Mujer con niños en la fuente, del maestro español Francisco de Goya, valorado en más de 800.000 euros y ahora "desaparecido" después de que Carmen Cervera mandara descolgar la tela del museo y llevársela a su casa.

Aquel regalo es ahora motivo de litigio entre madre e hijo desde que Borja acudiera en su día al Museo Thyssen, acompañado por su abogado y un notario, para exigir su devolución. Como cabía esperar, no se lo entregaron y así se gestó uno de los muchos frentes abiertos que tiene la baronesa. La obra, junto con el lienzo atribuido a Corrado Giaquinto, El bautismo de Cristo, son algunas de las piezas clave que formarían parte de la colección del hijo adoptivo del barón.

A diferencia de su madre, siempre más tradicional a la hora de adquirir cualquier obra tal y como le aconsejó su marido, la colección de Borja tiene sello contemporáneo. Los Barceló, Canogar, Jose María Sicilia, Manuel Valdés y Tapiés se dejaban ver en las paredes de la casa de Ibiza y ahora en la vivienda de La Finca, alternados con fotografías de gran tamaño de desnudos de su mujer. Algunas de  estas imágenes formaron parte de un reportaje de la revista GQ impactó a la baronesa. “Nadie de nuestra familia ha salido así en una publicación”, dijo entonces. La afirmación que nada tenía que ver con la realidad, sobre todo si se recuerda a la joven Carmen Cervera como portada de Interviú en un par de ocasiones

A Borja le gusta el arte por herencia, independientemente del buen gusto que suponga mezclar el cuerpo natural de Blanca Cuesta con la obra internacional de Jeff  Koons, Damien Hirst o Richter, que los amigos podían admirar en esa mansión de Ibiza que fue vendida hace unos años por nueve millones de euros, y ahora iluminan el domicilio  madrileño.

Como a todo ilustre ‘con posibles’, Borja figura en el circuito artístico como potencial comprador, sobre todo para apostar por pintores jóvenes que más tarde puedan adquirir reputación tras formar parte de su colección privada. De hecho, pasa por ser un buen negociante a pesar de no contar con estudios universitarios. Su madre lo crió entre algodones, con profesores particulares que estaban más pendientes de cobrar a fin de mes que de enseñar a un niño al que no le gustaba estudiar y mucho menos hacer deberes. Pasaba largas temporadas solo con su abuela, los tutores y el servicio. Cada vez que llegaban mamá y el padre adoptivo a casa, el tema de conversación de los mayores giraba en torno a cuadros, viajes y negocios. Y aunque los números no fueran su fuerte, sí era lo suficientemente receptivo para entender que el arte era un valor en alza en su casa.

A diferencia del resto de los mortales, el joven Borja se crió en la mansión suiza de Villa Favorita, en Lugano, entre cuyas paredes colgaba una de las colecciones privadas más importantes del mundo. Tintoretos, Van Goghs y Tizianos formaron parte de la imaginario cotidiano del hijo de Tita Cervera, que prefería pasar por alto las matemáticas y la literatura pero sí antedía a las explicaciones del barón sobre la historia de cada cuadro y de cómo habían llegado a poder de los Thyssen. Para Borja, eran cuentos que más tarde le sirvieron para saber diferenciar entre un lienzo bueno de otro regular.

Cuenta la leyenda que cuando Carmen Cervera ya estaba surtida de joyas y casas, empezó a valorar los cuadros. Así, cuando el barón le preguntaba en sus aniversarios qué le gustaría que le regalasen, ella respondía “un Picassito Heini, un Picassito”. Más tarde, aquellos obsequios en forma de arte fueron a parar a manos de Borja, que cuando tuvo capacidad económica se dedicó a ampliar una colección que, según expertos, es “muy importante”.

Borja Thyssen