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el cantante ha sabido labrarse su propio destino

Julio Iglesias, el español más popular del siglo XX, cumple los 70

“El español del siglo XX”. Lo definía así Tomás Muñoz, alguien que lo conoce muy bien, en un artículo publicado hace ya varios años

“El español del siglo XX”. Lo definía así alguien que lo conoce muy bien en un artículo publicado por El Mundo hace ya varios años. Ese alguien es Tomás Muñoz, presidente fundador de CBS, lo que hoy es Sony en España y dueño y señor de muchos de los resortes de la industria musical de toda una época. Muñoz es buen amigo de Julio Iglesias, al que quiere, respeta y admira. Y tal vez no erraba en su definición. En China, en Indonesia o en el país más recóndito del mapa, todo el mundo sabe quién es Julio Iglesias y ha cantado alguna de sus canciones. Este lunes cumple 70 años el que es uno de los emblemas de la cultura popular española. En pleno siglo XXI, en 2013, aquel chico que jugaba al fútbol y encontró en la música un refugio para superar un grave accidente de coche que casi lo deja sin andar, sigue de actualidad. En España, en todo el mundo, se habla de él. Julio Iglesias es a la vez recuerdo y presente, presencia con denominación de origen español que ha sabido labrarse una carrera exitosa. “Es una de las personas más inteligentes que conozco”, asegura a Vanitatis alguien de su círculo de amigos.

De antepasados gallegos y nacido en la madrileña calle Mesón de Paredes, su primera vocación fue el fútbol y, como si su destino estuviese encaminado hacia el éxito, fuese en el campo que fuese, fue seleccionado por el Juvenil B del Real Madrid y acabó siendo portero del primer equipo. Sin embargo, un fatal accidente lo dejó dos años en cama; dos años en los que la guitarra hizo las veces de salvavidas que acabó dándole un nuevo rumbo. Parecía escrito: antes tendría que pasar por el Reino Unido, aprender inglés y hasta conocer a la ‘Gwendolyn’ que inspiraría una de sus canciones más famosas. Un día, un productor le dijo que por qué no cantaba él mismo la canción que les ofrecía, y así nació el Julio Iglesias que todos conocemos. O no, porque en sus inicios era tan tímido que era habitual verle en televisión con las manos metidas en los bolsillos de las chaquetas. Pocos, ni siquiera su mánager, Alfredo Fraile, sabían entonces que iba a ser uno de los fenómenos más grandes de la música española. El 17 de julio de 1968, hace ahora 35 años, se proclamaba vencedor del Festival de Benidorm gracias a La vida sigue igual.

A modo de expiación de sus culpas, Iglesias cantó ‘Me olvidé de vivir’, una canción que manifestaba el gran precio del éxito: el descuido de la vida privada y de la familia“Las obras quedan, las gentes se van”. Era muy joven pero ya conocía el significado de ese verso. Gracias a aquella canción, metáfora muy directa de sus propias experiencias, Iglesias firmó un contrato con Columbia y se acabó convirtiendo en un fenómeno de masas, en un ‘sarampión musical’ que llegaría incluso a Estados Unidos. Gwendolyn, Por un poco de tu amor, Quiero, Manuela y un interminable sinfín de éxitos que le hicieron dar la vuelta al mundo ya en los años 70, cuando pocos de los de nuestra música triunfaban fuera. Ya en 1971, había vendido un millón de discos y había organizado una gira por Sudamérica. De haber existido entonces la ‘Marca España’, Iglesias habría sido su más digno embajador. Un ejemplo notable de su omnipresencia: Julio (1987) fue el primer álbum en lengua no inglesa en vender más de dos millones de copias en Estados Unidos. Otros ni siquiera se atreverían a soñar con alcanzar semejante éxito.

 

Una vida amorosa menos agitada de lo que parece

El Julio Iglesias que abrió los 80 convertido en un ídolo latino, se vanagloriaba de haber llevado a la cama más mujeres que nadie, pero la realidad es que Iglesias es un hombre de su casa, de varios hogares que pese a ese sentimiento de pertenencia, han sufrido sus prolongadas ausencias. Así lo aseguró él mismo hace poco en una entrevista, cuando confesó que un buen padre es aquel que lleva a sus hijos al colegio cada día, algo que él nunca ha hecho. Seguramente fue esa incapacidad para compaginar su agenda profesional con su vida personal la que acabó dando al traste con su matrimonio con Isabel Preysler.

Se conocieron en una fiesta organizada por los Terry, a principios de los años 70, El entonces exfutbolista e Isabel Preysler, hija de una buena familia de Manila y estudiante de Secretariado Internacional. El noviazgo que empezó aquella noche acabó desembocando en una boda celebrada por todo lo alto el 29 de enero de 1971. Aquel día, en la iglesia de Illescas en Toledo. Cuando se fueron de luna de miel a Gran Canaria todo era felicidad. Sin embargo, las ausencias de él debido a su profesión fueron resquebrajando la idílica unión. Enrique, Chábeli y Julio José estaban más tiempo junto a su madre que junto a su padre. “Isabel comenzó a salir más cuando se dio cuenta de que su marido nunca estaba para ella ni para sus hijos. Hay que tener en cuenta que Julio viajaba continuamente por todo el mundo y yo creo que ella se hartó de que descuidase a sus hijos”, confirma un amigo del cantante a Vanitatis.

Se divorciaron en 1978 con una anulación bastante polémica y, a modo de expiación de sus culpas, Iglesias cantó Me olvidé de vivir, una canción que manifestaba el gran precio del éxito: el descuido de la vida privada y de la familia que, como hombre conservador que es, siempre había ansiado desde joven. Por eso, el matrimonio con Miranda Rijnsburger, fue una segunda oportunidad, un nuevo intento de unión familiar que llegaba que ni pintado. La modelo holandesa llegó a su vida en 1995 para quedarse y darle nada menos que cinco hijos: Miguel Alejandro, Rodrigo, Victoria, Cristina y Guillermo. Tras vivir felices en su casa de Ojén durante muchos años, la pareja contrajo matrimonio el 24 de agosto de 2010. Habría que dejar claro que, desde ese momento, los rumores acerca de su vida en común han sido variados. Desde aquellos que dicen que Miranda es un “vientre de alquiler” a los que aseguran que hace años que ya no viven juntos y que ella es solo el ‘reposo del guerrero’.

Sea cual sea su vida personal, escondida tras estudiadas portadas del ¡Hola! y un silencio sepulcral sobre todo lo que acontezca en torno a su vida, Julio Iglesias es alguien que firma autógrafos y se fotografía allá donde va. Si la fama, además de cantante, es una profesión, él es uno de los famosos más profesionales que existen. No todos pueden decir que lo siguen siendo a los 70 años.

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