Querida María, Daniela no te olvida
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Querida María, Daniela no te olvida

María no era una piloto que luchaba para recuperarse y seguir con su vida. María era un ser humano excepcional con una misión: ser fuente de inspiración

Foto: María de Villota da una conferencia (Efe)
María de Villota da una conferencia (Efe)

Mi hija Daniela, de once años, me contó un incidente de su clase, donde una compañera fue vilipendiada por la mayoría. Ella la defendió. Orgulloso como padre, conté la historia enTwitter. La primera que la retuiteó fueMaría de Villota.Y pensé… “Tenía que ser María…”

Cuando se lo conté a mi hija, su cara se iluminó. Porque desde que sufrió su accidente, intenté que el ejemplo de María de Villota estuviera presente en ella como una referencia para inspirarla y educarla. Daniela quería conocerla.Aún no había tenido la oportunidad, Y cuando le contéa María en Montmeló que su experiencia inspiraba a Daniela, su cara, la de María, también se iluminó. Así que entenderán lo que cuesta escribir estas líneas…

María no era una mujer piloto que luchaba para recuperarse y seguir con su vida. María era un ser humano excepcional a quien Dios, la vida, el destino, o como quieran llamarle, le había dado una misión:ser fuente de inspiraciónpara todos nosotros. Tan elevado privilegio solo está al alcance de pocos seres humanos. Por eso su vida tenía que ser diferente. Hoy, tan dolorosamente diferente.

Porque María encerraba en su cuerpo menudo aquellos de los más grandes valores a los que todos aspiramos.Era fuerte, pero muy bondadosa.Tenía sueños por los que luchar. Los tuvo antes de esa frontera que le marcó la vida, aquel día, dentro de su Fórmula 1. Pero aquellos sueños fueron incluso más grandes después. Era dulce y serena, pero no cejaba ni un milímetro para conseguir sus metasy se sacrificabatodo lo necesario, porque sabía que sus listones eran más elevados. Era generosa, algo que multiplicó hasta la enésima potencia tras su accidente cuando, en medio de su duro proceso de recuperación, comenzó a actuar en beneficio de aquellos que también sufrían anónimamente. Y era increíblementevitalista, ella, que tantos motivos tenía para haberse hundido en la desesperación.

“Nunca olvidaré la primera vez que la vimos después del accidente” me dice ahora un amigo común, “nos dijo que ahora veía mucho más que antes, que era mucho más feliz, que daba gracias a Dios por seguir viviendo y que ahoravaloraba la vida mucho más que antes.Antes, con losdosojos, veía solo la Fórmula 1. Ahora, con uno, veía toda una vida maravillosa. Estaba feliz con su vida,con su familia, sentía que era ahora cuando podía ser útil y que podía aportar más a su alrededor”.

María encarnaba lo mejor del ser humano. No son palabras exageradas al hilo de la triste e inesperada noticia. Creo que nadie de los que estuvimos presentes en su primera rueda de prensa tras el accidenteolvidaremos su serenidad al hablar, su enorme profundidad, y esemensaje de alegría y esperanza por la vida.Parecía que llegaba de otra dimensión, y en el fondo era verdad. De aquellaa la que solo acceden algunos seres que, tras sufrir experiencias transformadoras, se convierten en la mejor esencia del alma humana, que luegonos regaló a todos“¿De dónde sale algo así..? Es como una ángel…” pensaba mientras la escuchaba aquel día.Segúnescribo esto, leo las palabrasde la familia: “Queridos amigos, María se nos ha ido. Tenía que ir al cielo, como todos los ángeles…”

Querida familia Villota, en lo segundo coincidimos todos. Era un ángel. Pero no tanto en lo primero. Porque María no estará físicamente con nosotros, pero no se nos ha ido del todo. Podéis estar muy orgullosos de que su vida ha tenido un gran sentido. Su ejemplo y su recuerdo estarán presentes para alimentarnos día a día a ser un poco mejores. Como lo fue ella.

Por nuestra parte, al menos, María seguirá muy cerca de Daniela.

María de Villota
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