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carla figueroa, despedida de un bar de copas

La nieta de la condesa de Romanones rompe con el hijo de Bárcenas y pierde su trabajo

Carla Figueroa, nieta de la condesa viuda de Romanones, se ha quedado sin su trabajo en un bar de copas y ha roto con su novio casi al mismo tiempo

Foto: La nieta de la condesa de Romanones rompe con el hijo de Bárcenas y pierde su trabajo

Carla Figueroa, nieta de la condesa viuda de Romanones, se ha quedado sin trabajo y ha roto con su novio casi al mismo tiempo. Estas dos situaciones no tendrían mayor repercusión informativa si no fuera por las complicaciones laborales y afectivas que han acarreado ambas  rupturas. Carla es hija de Lucía, cuñada de Bertín Osborne, y del hijo mayor de Aline Griffith. Era novia de Guillermo Bárcenas (“Willy”, para los amigos), a su vez hijo del extesorero del Partido Popular, hoy en la cárcel. Durante un año fueron pareja y las fotos de ambos formaban parte de sus cuentas en las redes sociales. Iban juntos a todas partes, frecuentaban los mismos círculos sociales y era habitual que el novio se dejara ver en La Querencia, el bar donde Carla ejercía de cocinera, aunque su verdadera vocación es la pintura. Aunque los rumores apuntaban a que el novio no era del agrado de la familia, la propia condesa de Romanones se lo ha querido negar a Vanitatis: “A mí no me tienen que parecer ni bien ni mal sus novios, es su vida. Yo la mía ya la viví y, por lo tanto, allá cada cual con la suya. Mi nieta tiene la edad suficiente para saber lo que hace”.

Willy Bárcenas en una fotografía de archivo (I. C)
Willy Bárcenas en una fotografía de archivo (I. C)
El caso es que a raíz de la detención del padre muchos han sido los conocidos (que no amigos) que han hecho el vacío a toda la familia Bárcenas y el hijo músico no iba a ser menos. Aunque la ruptura sentimental poco tiene que ver con cuestiones carcelarias. “Carla es una chica con mucho carácter, pero cero influenciable y, por lo tanto, si ya no están juntos es por otras razones. Y, además, qué culpa tienen los hijos de lo que hagan los padres y a la inversa”, apuntan sus familiares. La hermana de Carla, Lulú, lo confirma telefónicamente: “Me extraña que alguno de nosotros, incluida mi abuela, se meta en esas intimidades”, declara a este medio.  

En cambio, donde Carla sí ha tenido complicaciones graves ha sido con su despido laboral del bar de copas que montó su amigo Aurelio Mota. Un despido que considera injusto “porque si la gente iba a La Querencia era por mí”. Según sus propias palabras: “Me siento estafada y no hay derecho a cómo me ha dejado tirada. Era mi amigo y confié en él. Yo me encargaba de la cocina porque me gusta mucho. Venían todos mis amigos y por eso funcionaba. Él no conocía a nadie y fui yo la que conseguí que eso arrancara y ahora me ha echado”, explicaba a Vanitatis muy compungida y dispuesta a “llegar hasta el final”. En este campo el apoyo de la condesa espía Aline Griffith es absoluto. Cuentan que, muy enfadada, llegó a pedir explicaciones al “socio”.

La otra versión del despido

La versión de Aurelio Mota es totalmente diferente. Asegura a Vanitatis que “nunca fuimos socios. El dinero lo puse yo y ella era una empleada. Sí es cierto que éramos amigos y que ella se ofreció para la cocina. Cosas muy simples. Nada de platos elaborados. Llegó un momento en que la relación laboral no funcionaba y, como en cualquier empresa, decidí cambiar las cosas. No son tiempos para jugar con las inversiones y menos para que un local de estas características no funcione por falta de interés del trabajador. De todas formas, todo está en manos de mis abogados. Y si considera que no se ha hecho bien, que haga lo que le parezca conveniente”.

Carla, por su parte, exige sus derechos y mientras tanto continúa pintando, que según la abuela que un día fue espía “es lo que de verdad le gusta y además lo hace muy bien”. Los cuadros de la joven tienen un espíritu naif. Al principio solo pintaba a familiares y amigos y regalaba los retratos. “Ahora ya cobro por ellos”, asegura. Una de las características de su oba son los encuadres. Por ejemplo, a uno de sus hermanos, aficionado a los logos, lo pintó con un inmenso cocodrilo en la camiseta en referencia a los polos Lacoste. Su padre, el conde de Romanones, que mantenía relaciones laborales con el presidente de Guinea, le encargó una pintura para obsequiarlo y Carla dibujó a aquel hombre mestizo, con un fondo de selva y un mono comiéndose un plátano. Hubo que cambiarlo todo para evitar disgustos diplomáticos. 

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