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fue el acompañante de Leonora Gilmour

Tomás Terry, el joven español que se codea con la 'high society' internacional

Nieto de la duquesa roja e hijo de Pilar Medina Sidonia y del empresario Tomas Terry, participó como 'cavalier' en el exclusivo Bal de les Débutantes de París

Le Bal des Débutantes, probablemente el encuentro social en el que participan los jóvenes más pudientes del mundo, tuvo lugar el pasado sábado 30 de noviembre. París volvió a reunir un año más a una veintena de cachorros de la jet internacional en lo que simboliza su presentación en sociedad. Las hijas de importantes líderes políticos, aristócratas, grandes empresarios, estrellas de Hollywood… Todas ellas engalanadas en exclusivos vestidos de princesa de cuento diseñados para la ocasión por las firmas más prestigiosas.

La presencia de jóvenes españolas es casi invisible. Las debutantes o débs españolas más conocidas que han participado en ediciones anteriores son Cósima Ramírez, hija de Agatha Ruiz de la Prada y de Pedro J. Ramírez, y Tatiana Shin Botín-Sanz de Sautuola, una de las nietas de Botín. Este año tampoco ha habido representación femenina nacional. Sin embargo sí masculina: Tomás Terry y González de Gregorio, hijo de Pilar Medina Sidonia y del empresario Tomas Terry.

Tomás aterrizó en el baile por casualidad. Mejor dicho, por su amistad con Cósima. “Somos amigos y me llamó para ver si quería participar en el baile. Me contó que ella iba también a estar y me pareció divertido. Además es una manera de conocer gente nueva”, señala el joven en conversación con Vanitatits. Tomas Terry vive habitualmente en Madrid. Estudió Derecho en ICADE y ahora en el Instituto de Ciencias Políticas de Paris, ciudad en la que reside temporalmente.

“No me quitaba tiempo de estudiar porque los cavaliers sólo tenemos que ensayar un día el vals. Las chicas lo tienen más complicado porque están una semana preparándose para la fiesta final. A ellas las hacen fotos, las enseñan a caminar, a bailar. Nosotros estamos secuestrados unas cuantas horas. Hay un profesor fantástico que en poco tiempo nos enseñó a los chicos a no pisar a nuestras parejas”, explica el joven a Vanitatis con sentido del humor.

Del brazo de una noble británica

Tomás fue el compañero de baile de Leonora Gilmour, una inglesa bisnieta del duque de Buccleuch y sobrina del duque de Northumberland. Sus padres son muy populares en Londres, su padre es "el honorable" Christopher Gilmour y su madre, Mardi, es australiana. “No nos conocíamos, fue una cuestión de altura”, matiza el joven Terry. Así es, por cuestiones estéticas, la elección de los cavaliers va en función de la talla, para que ambos midan lo mismo.

El no tuvo que abonar ninguna cantidad y lo único que necesitaba era un frac, prenda indispensable para los caballeros. “Mientras nosotros desfilamos, la familia de las chicas están en las mesas cenando y mirando cómo lo hacen sus hijas. Primero bailan con los padres y después con el acompañante”.

A diferencia de las debs, las familias de los ‘cavaliers’ no están presentes en el baile. Por ello, una vez terminado el baile su sitio está en la mesa de la debutante a la que acompañan. “Nosotros nos incorporamos después a las mesas pero lo hacemos más tarde que el resto, sólo nos toca un plato de la cena, con lo cual todos teníamos un hambre tremenda” comenta Tomás mientras se ríe. Asimismo, asegura que ni las debs ni los cavaliers pueden beber nada de alcohol: “Parece ser que en una edición alguna chica bebió más de la cuenta y decidieron suprimir para que no volviera a haber problemas”.

Si en el siglo pasado el fin de estas puestas de largo tenían que ver con la entrada en el mundo social de las niñas de buena familia para encontrar un buen partido, ahora es sólo una fiesta elitista donde el reclamo suelen ser apellidos mediáticos o aristocráticos. A cambio, participan ilustres desconocidas sin pedigree ni castillos, pero con un más que abultado patrimonio. Suelen ser hijas de magnates norteamericanos, rusos y chinos, que son los que manejan el capital global.

Para algunas de las participantes el baile es su primera salida social pero otras ya llevan muchas horas de botellón encima. La fiesta es relativamente corta. “A las ocho en punto empieza el acto y a las doce estábamos fuera con hambre –insiste– pero, sobre todo, con ganas de seguir divirtiéndonos. Un grupo nos fuimos a disfrutar de la noche de París, aunque no es como en España, que acabas de madrugada”, concluye Tomás Terry, que reconoce que si tuviera que volver a ejercer de caballero andante lo haría encantado.
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