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lA ESTRELLA DE 'REBECA' FALLECIÓ ESTE LUNES

Joan Fontaine y Olivia de Havilland, enemigas más allá de la muerte

“Yo me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes que ella, seguramente se indignará porque le he ganado también en eso”, decía Joan

Foto: Las dos hermanas, en una fotografía de archivo (I. C)
Las dos hermanas, en una fotografía de archivo (I. C)

“Yo me casé primero, gané el Oscar antes que Olivia y, si muero antes que ella, seguramente se indignará porque le he ganado también en eso”. Las proféticas palabras de Joan Fontaine se acabaron cumpliendo el pasado domingo, cuando la protagonista de Rebeca o Carta de una desconocida fallecía a los 96 años sin reconciliarse con su hermana. Sin embargo, puede que no se cumpla su última profecía ya que, para sorpresa de muchos, el mismo Hollywood Reporter que había anunciado su muerte emitía también las palabras de duelo de la hermanísima  y rival, Olivia de Havilland. “Estoy sorprendida y triste por el fallecimiento de mi hermana pequeña” agradeciendo las “muestras de cariño” de la gente. Para los más morbosos, un gesto obligado y algo hipócrita. Para otros con la mente menos retorcida, la última gran vuelta de tuerca a una rivalidad legendaria.

Hablar de la competencia entre las dos hermanas y estrellas de Hollywood daría para un análisis sociológico que incluiría cuestiones como por qué los medios han hablado más de ese odio que de sus propias (e interesantes) carreras profesionales. Sin embargo, y como ocurre tantas veces, encontronazos afectivos y carreras profesionales suelen ir de la mano. Las rencillas comenzaron en Tokio, ciudad donde estaban trasladados los padres de origen británico de las dos hermanas. La madre siempre favoreció a Olivia, su ojito derecho. De Havilland tenía claro desde muy pequeña que quería ser actriz. La madre no sólo le dio su apellido, de Havilland, sino que siempre la usó como moneda de cambio cuando se separó de su marido. Joan se quedó en la retaguardia, mucho más cercana al sentir de su padre y sin ningún deseo de brillar en el mundo del show bussiness. Eso cambió cuando Olivia llenó los teatros de Broadway y se convirtió en la partenaire de Errol Flynn en El Capitán Blood y otras tantas películas de aventuras. Si su hermana podía, ¿por qué no ella?

De Havilland, instituida plenamente en la comunidad de Hollywood, era en 1939 la Melania de Lo que el viento se llevó y, ese mismo año, veía cómo su hermana trabajaba mano a mano con George Cukor en Mujeres. ¿Sería posible que la alcanzase en popularidad después de que su contrato con RKO hubiese pasado desapercibido? Por entonces y tras ese contrato fallido, Olivia no tenía nada que temer, ya que a Fontaine ni siquiera le interesaba el papel de su hermana en la historia de Escarlata O’ Hara. “Dadle el papel de Melania a la sosa de mi hermana Olivia. Seguro que lo hará bien”, aseguran que dijo. Sin embargo, su perfil en la sombra  cambió cuando Hitchcock la eligió para que fuese la protagonista de su primera película americana, Rebeca. De la noche a la mañana, Joan Fontaine se convertía en una estrella y, un año después, ganaba un Oscar por Sospecha. Aquella noche, en los premios de la Academia, asegura que sintió la mirada de odio fulminante de su hermana Olivia, que también estaba nominada y que, pese a llevar una carrera mucho más longeva, no había conseguido ni las migajas de la Academia de Hollywood.

Olivia tendría tiempo de vengarse ya que, años después, cuando ganó un Oscar por Vida íntima de Julia Norris, rechazó abruptamente las felicitaciones de Joan. Hubo incluso un fotógrafo que captó el tenso momento en el que despreciaba el intento de acercamiento de las dos hermanas. Para colmo de males, Howard Hughes, el magnate, productor y aviador, acabó saliendo con ambas. Pelearse por el afecto del mismo hombre era la gota que colmaba el vaso. Los años, sin embargo, fueron tamizando el antagonismo entre ambas. Sin embargo, ahí estaba Hollywood para revivirlo. Muchos eran los que pensaban que la cruel historia de ¿Qué fue de Baby Jane? estaba basada en ellas. Olivia siguió cerca de su madre, tan cerca que, cuando murió sólo envió un escueto telegrama con la noticia de su muerte a la incauta Joan, que se encontraba de gira teatral. “No vino al funeral porque tendría otra cosa mejor que hacer. Yo sí la avisé”, dijo. Era 1975 y esa fue la ruptura final de las dos damas del cine.

Los años de más no las reconciliaron. Olivia, mucho más propensa a aparecer públicamente, evitaba cualquier pregunta sobre su hermana. Joan por tu parte, no se mordía la lengua a la hora de decir que “si una puede divorciarse de su marido, también puede divorciarse de su hermana”.  Y así han estado hasta que Olivia ha emitido un comunicado tras la muerte de Joan. Ha querido la casualidad que Fontaine muriese el día en el que se cumplía el 74 aniversario del estreno de Lo que el viento se llevó, la más recordada de las películas de su hermana. Y es que, hasta el último día de su vida, parece haber querido fastidiarla. 

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