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sus salidas públicas han disminuido

La nueva vida de casado de Miguel Blesa

En su nueva vida ya no hay cenas ni almuerzos en Horcher o en restaurantes de lujo. Tampoco ha vuelto a recorrer el mundo a la caza de piezas únicas

Foto: Miguel Blesa y Gema Gámez en una fotografía de archivo (I. C)
Miguel Blesa y Gema Gámez en una fotografía de archivo (I. C)

Ya no hay cenas y almuerzos en Horcher, ni en Zalacain ni en restaurantes de lujo. Tampoco ha vuelto a recorrer el mundo persiguiendo piezas únicas; aquellos osos, cebras, hipopótamos, elefantes o pumas que cazaba en Tanzania, Argentina, Rumania o cualquier país que le viniera a tiro. En España prefería jabalís, corzos, venados y , si se terciaba, perdiz roja. Casi nunca se quedaba con las piezas, pero esto lo hacen muchos de los llamados cazadores de apellidos sonoros que han formado parte de sumarios de la Fiscalía Anticorrupción. La vida del gestor de cajas de ahorros e inspector de Hacienda Miguel Blesa, o ‘Micky’, como le llamaba ese sobrino al que prestaba el Ferrari, no tiene nada que ver con la actual, aparentemente mucho más discreta. Su paso por la cárcel ha hecho que las amistades sociales sean más reacias a dejarse ver en lugares púbilcos. E incluso los que antes le invitaban a sus fincas, cotos y monterías ahora han disminuido. La excepción ha sido una cena que tuvo lugar esta Navidad, donde le reservaron mesa tanto a él como a su esposa.

“Es así, mientras no te pillan continúas en el club de los ricos, donde las ostentación esta a la orden del día. Todo se trata de quién tiene la mejor escopeta,  la armería más completa, el coche con más chorradas, la segunda, tercera o cuarta esposa más joven, la amante veinteañera…. Forma parte de un  catálogo de vida muy común en ese mundo en el que se movía. Y Blesa no iba a ser menos, aunque ahora todo ha cambiado”, cuentan conocidos que intimaron en algún momento con el que fuera presidente de Caja Madrid y ahora está imputado por varios delitos.  De hecho, los muchos correos corporativos –más de 8.000- que recibía y enviaba avalan esa vida de lujo donde también aparecían mensajes relacionados con su vida afectiva. Hace menos de un año tuvo que ser requerido como  testigo para testificar a favor de una ex empleada con la que había mantenido amistad y cuyo intercambio de correos  personales salió a la luz pública.  

Las imágenes del inspector de Hacienda y ex banquero saliendo de los juzgados de Plaza de Castilla mientras un numeroso grupo de  “preferentitas” le abucheaba  a la vez que portaba pancartas con frases del tipo  “Blesa, ladrón, vuelve a prisión”, además de dibujos de ristras de chorizos colgados de fotos de algunos imputados, formaron parte de los informativos diarios. Para su actual mujer, Gemma Gámez Pérez, a la que conoció en la sede corporativa de las Torres inclinadas de Plaza de Castilla y que es 26 años menor que él, fue una tremenda impresión ver a su marido en todos los noticiarios rodeado por los antidisturbios, que no pudieron evitar el ‘pancartazo’  de uno de los damnificados.

Una existencia mucho más discreta

La vida de esta pareja ya había visto salpicada por la imputación y el posterior ingreso en prisión. Hubo que retrasar la boda, de perfil muy bajo y a la que acudieron esas amistades de Linares, la localidad donde nació, y a los que ve ahora con más frecuencia. Estas Navidades, además de la cena en la que sí fue arropado por la 'jet set', pasó unos días con su mujer y los familiares que le quedan en esa localidad. “Viene a menudo y no se pierde las fiestas. Aquí le queremos mucho porque con nosotros nunca ha actuado con prepotencia. Le gusta ir de bares para estar con la gente pero bebe muy poco; algo en la comida y nada más”, cuentan gente de su pueblo que confirman la dedicación absoluta de Gemma a su marido. 

En esto también coinciden su círculo de amistades “Se les ve muy felices. Miguel está encantado. También con el hecho de ser abuelo. Llevan una vida muy tranquila. Organizan cenas de ocho o diez personas en su casa y Gemma se encarga de todo”.

El matrimonio vive en un chalet en la urbanización La Florida, una de las más elitistas de Madrid. Fue adquirido en 2010 por dos millones y medio de euros. Tiene tres plantas, seis dormitorios, seis baños, un área de juego para niños, bodega, garaje para tres coches,  piscina privada y gimnasio dentro de una parcela de 878 metros cuadrados.  La decoración es minimalista, con muebles caros pero con poca obra pictórica importante. Tiene también bonsáis como elemento decorativo.

La pareja se deja ver en pocos lugares públicos de Madrid, aunque suelen pasar los fines de semana en Palma y en Sotogrande (Cádiz) donde él disfrutaba de parte de los veranos cuando era el gran banquero de Caja Madrid. Blesa comparte con su mujer la afición taurina y era habitual verle en las Ventas durante la Feria de San Isidro. Le gusta leer, las compras, coleccionar relojes  y la serie Aída, que emite Telecinco. Las grandes cacerías y sus viajes a Miami ya no forman parte de su agenda. Definitivamente, el mundo de Blesa ya no es el que era. 

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