lanza el libro 'los placeres de la edad'

Carmen Alborch, de 'ministra pop' a teórica de la vejez

En la noche de los Goya, entre miles de looks,,el de la ex ministra llamó la atención. Alborch, que lanza un nuevo libro sobre envenecer, lo recuerda

En la noche de los Goya, entre miles de looks, vestidos y estrellas de todo tipo y color, hubo un tocado que llamó poderosamente la atención del respetable. El adorno chino que Carmen Alborch llevaba sobre la cabeza fue comentado y valorado como uno de los más originales y llamativos de la noche. Parece existir en la exministra socialista esa dicotomía entre personaje y política que se unifica y deja de serlo una vez que se la ve en distancias cortas, cuando habla a Vanitatis cara a cara sobre su nuevo libro, Los placeres de la edad (Espasa), un compendio de razones para ver el envejecimiento desde un punto de vista positivo, “porque la vejez siempre se asocia a la pérdida: de belleza, de dinero, de seres queridos… Me parecía que había muchas razones para afrontar el envejecimiento con una idea más de aprendizaje que de pérdida”, asegura la que fuese valida del gobierno de Felipe González desde 1994 al 96, la que vivió el “váyase, señor González”, y la que nunca falla en convocatorias culturales en Madrid. “En Valencia voy mucho en autobús, o vas al cine o vas al mercado y la gente te pregunta lo que estás haciendo, o te cuentan que tienen un hijo con esquizofrenia, por ejemplo. Hay comunicación porque te reconocen o te comentan que no te pierdes una. A mí eso nunca me ha molestado porque suelen ser amables conmigo”.

La noche del tocado chino fue el ejemplo perfecto de la Carmen Alborch personaje. Sin embargo, ella parece lo suficientemente inteligente como para asumir que llevar algo así llame la atención hasta del mismísimo Joaquín Sabina, que le envió su propia foto con tocado chino una vez que la gala hubo terminado. “Tú te pones algo así, que es una belleza, y no vas a intentar pasar desapercibida. Lo que a mí me gustaría es llevar eso y que me preguntasen qué pienso del cine español y por qué no ha ido el ministro Wert”. Sin embargo, preguntas sobre Wert no faltaron y, los comentarios sobre su aspecto le molestaban mucho más hace años, cuando era una figura política de primer orden y estaba en el ojo del huracán. “Cuando era ministra era más complicado porque a lo mejor tú ibas a hacer una presentación de un gran proyecto al Congreso de los Diputados y hablaban de cómo ibas vestida. Aquello sí que suponía una mirada frívola y misógina. Tú habías trabajado con tu equipo con intensidad e ilusión y a lo mejor veías titulares de si ibas así o asá. Ahí sí que sentía rabia y me sentía injustamente tratada”.

Carmen Alborch, retratada por Enrique Villarino
Carmen Alborch, retratada por Enrique Villarino

Aquella época, que supone una mínima parte de las actividades de esta mujer que escribe libros o trabajó como profesora titular de Derecho Mercantil, le enseñó muchas cosas a alguien que siempre ha querido ser como una esponja que aprende de lo que le rodea. “Es enriquecedor y te ayuda a seguir creciendo. Tuve la posibilidad de apoyar a la creación y a todas las instituciones culturales. Para los de la generación del 68, la mía, la cultura era una bandera, una forma de estar y de cambiar el mundo”. El ministerio de cultura también le enseñó a salir del abismo: “Aprendí  a estar en un lugar de altísimo riesgo en una época muy difícil, la del “Váyase, Señor González”. En esos momentos también aprendes a ser prudente, a sonreír en momentos muy complicados. La gente no tiene por qué saber que estás mal. La gente se merece que tú te preocupes por ellos”. Los medios también se preocuparon de ella, y llegaron a bautizarla como la ‘ministra pop’ o la ‘ministra presente’: “Me han llamado la ministra pop, la ministra Almodóvar, la ministra presente… Cuando ya no era ministra, los del Caiga quien caiga me llamaban la ministra presente porque Esperanza Aguirre era mi sucesora y no iba a muchos sitios”.

Carmen Alborch, retratada por Enrique Villarino
Carmen Alborch, retratada por Enrique Villarino

La edad de la comprensión

El poder de convicción inherente a cualquier político, Alborch, con su pelo menos alborotado que de costumbre y con aspecto muy juvenil, lo tiene de sobra. Su coherencia y su firmeza a la hora de hablar del envejecimiento va más allá de cualquier tópico sobre el tema: “Yo trato de destacar que hay una sobrevaloración de la juventud, lo que se llama el juvenalismo o el edadismo, que es la discriminación por la edad que tienes. Creo que hay que luchar contra eso con reflexión, con acción y coherencia. Es importante la idea de que todos somos necesarios en la sociedad y que todos podemos aportar algo tengamos la edad que tengamos. De hecho,  todos nos pasamos la vida buscando nuestro lugar en el mundo”.

Portada de 'Los placeres de la edad' (Espasa)
Portada de 'Los placeres de la edad' (Espasa)

Para ella, la idea de envejecer se basa en ejemplos como Nuria Espert o Concha Velasco, se fundamenta en citas de grandes pensadores y da una visión menos frívola del conservarse joven, pese a lo habitual que resulta hoy día que muchas mujeres de su edad se agarren a la juventud como a un clavo ardiendo. “Yo tengo 66 años y estoy orgullosa de ello. Es más difícil reconocer la edad, sobre todo a los 50, que más tarde, cuando ya dices: “Ya soy una señora”. Tenemos que ser libres y huir de estereotipos. Yo no estoy en contra de los arreglos estéticos, pero hay que elegir, y elegir significa poder hacerlo no porque sigas unas pautas sino porque quieres de verdad, porque si lo haces por presiones externas pierdes libertad. Parece que juventud, belleza y autoestima van juntas. Entonces crees que si pierdes una, pierdes el resto, y eso es imposible”.

Carmen Alborch, retratada por Enrique Villarino
Carmen Alborch, retratada por Enrique Villarino

Alborch cree que los años no deben privar a las personas del amor, del buen sexo o de seguir conociendo y aportando cosas. Ella busca solución, incluso, para aquellas cosas que parecen no tener vuelta atrás una vez que se han soplado muchas velas. “Cicerón decía que hay una adecuación de los placeres y que está muy bien que ya no desees aquello que ya no puedes alcanzar. Hay determinadas locuras que has hecho de joven que ya no se te ocurren porque ya no te apetecen. Yo creo que no hay vuelta atrás para tener hijos, pero sí que puedes ser abuela. Yo tengo ahijados y me gustaría dedicarme más a ellos”. Sea como sea, una cosa está clara, no todos seremos Carmen Alborch cuando nos enfrentemos a las arrugas pero, al menos, podremos tomarla como ejemplo para saber no sólo que la arruga es bella sino que, además, es necesaria para saber manejarnos en este loco mundo.

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