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la controvertida actriz cumple 75 años

Las siete vidas de Terele Pávez

La mejor Celestina que haya dado la escena española a vivir una vida llena de altibajos, en la que su carrera y su vida han ido entrelazadas

Foto: Terele Pávez recogiendo el Goya
Terele Pávez recogiendo el Goya

Extremadura años 80. El director Mario Camus está rodando en esa comunidad Los santos inocentes y recurre a la Guardia Civil vía telefónica. El objetivo de su llamada, encontrar a la protagonista de su película, una Terele Pávez que ha desaparecido, según dicen, en algún bar de la zona. La anécdota, mitad ficción, mitad realidad, ilustra a la perfección algunos de los problemas que llevaron a la mejor Celestina que haya dado la escena española a vivir una vida llena de altibajos, en la que su carrera y su vida han ido entrelazadas, dada su afición a los personajes dramáticos, que muchas veces se han parecido a las vivencias de su realidad. Este martes cumple 75 años con aquel episodio convertido en una anécdota más.  Seguramente fue traumático que Camus la buscase, pero el filme resultante de aquel rodaje demostraría que, muchas veces, el fin justifica los medios, ya que su Regula es uno de los personajes más conmovedores de los encarnados por cualquier actriz española.

Ella se empeña en explicar que su falta de trabajo se debió, en la mayoría de las ocasiones, al miedo de otras actrices a sentir que les hacía sombra. Otros, sin embargo, hablan de un pasado problemático debido a sus orígenes familiares, a la estigmatización que sufrió su padre, el político derechista Ramón Ruíz Alonso, al que siempre se le ha señalado como colaborador en una denuncia contra Lorca que acabó con el fusilamiento del poeta. Su hermana Emma Penella, también actriz, y ella misma, han tenido que salir al paso de numerosas preguntas incómodas al respecto. Entre finales de los 60 y principios de los 70, obviando el pasado familiar, Terele Pávez se limitaba a hacer su vida y a triunfar en el mundo del espectáculo. Conocida por su encarnación de mujeres fuertes en el teatro o en la televisión, a través de series como Cañas y Barro, Pávez era a primeros de los 70 un rostro fresco, un miembro fijo que encajaba con la transgresión del ‘nuevo cine español’ gracias a películas como Tatuaje de Bigas Luna o Carne apaleada de Javier Aguirre.

La actriz, en la década de los 70
La actriz, en la década de los 70

En lo personal, su unión con el editor José Benito Aligue, que más tarde sería marido de la exministra Cristina Alberdi, dio como fruto un hijo, Carolo, nacido en 1973. Al parecer, la actriz quiso criar a su hijo sola y que el padre no lo reconociese, a pesar de que él quería hacerlo. Sus idas y venidas con un hijo que la adora fueron de órdago. Para sus amigos, el problema era el alcohol, afición que le pasó factura a pesar de que nunca falló profesionalmente. Tras Los Santos Inocentes, llegarían otros títulos como Réquiem por un campesino español, que iniciaron una leyenda sobre los productores, que aseguraban que era una “mujer difícil”.

Mucho más fácil fue que ella fuese la única de sus hermanas que, pasados los años, se pronunciase acerca de lo que le ocurrió a su padre. “Sé que mi padre fue a casa de Luis Rosales, que le explicó a la familia que tenía orden de detener a Federico García Lorca, como estaban deteniendo a otros muchos. Es más, le ofrecieron un vinito y estuvieron charlando... y, cuando regresó con él, lo llevó al cuartelillo sin saber absolutamente nada de lo que iba a pasar después con Lorca”, aseguró.

¿Indigente?

También a medio camino entre la verdad y la mentira, en 2008 la prensa se escandalizó cuando la vieron en la calle, compartiendo cartones con un mendigo en la plaza Santa Ana, en pleno centro de Madrid. Su hijo Carolo trató de mesurar el impacto de aquellas imágenes y no tardó en explicar a los más cercanos que su madre no pedía limosna y que él jamás había dejado atrás a su progenitora. Ella también explicó la anécdota más tarde, indignada, y asegurando que “Manolito” era un amigo suyo al que había llevado un bocadillo. Con explicación o sin ella, estaba claro que la actriz, al menos vista desde fuera, era un problema a evitar para muchos productores.  El único que desoyó la leyenda negra fue Álex de la Iglesia, que ya la había rescatado a mediados de los 90 en El Día de la Bestia y, posteriormente, en La Comunidad o la reciente Las Brujas de Zugarramurdi, por la que ha ganado otro Goya. El director ha contribuido a la recuperación de su imagen como actriz y también de una especie de catarsis moral que la ha acabado beneficiando. Ella misma confesaba a este portal, en la pasada ceremonia de los Goya, que incluso había llegado a ejercer de celestina con el director: "Cuando Carolina Bang venía a los rodajes yo siempre le decía: 'Álex, esta niña me gusta mucho para  ti”, declaró.

Recogiendo el Goya de mano de Javier Bardem
Recogiendo el Goya de mano de Javier Bardem

De la Iglesia ha ejercido de rescatador profesional y personal de una mujer cuya multitud de facetas vitales es casi tan grande como la cantidad de papeles que ha representado. Con tres cuartos de siglo, La Regula cinematográfica del Delibes literario es una actriz cuya vida se ha confundido a veces con su propio trabajo, cuya voz rasgada y profunda se traba con el dramatismo de muchos de sus personajes. Si es verdad que, como cuentan muchos directores que han trabajado con ella, es una actriz extraordinaria, tal vez se cumpla en ella aquel viejo dicho de que el que tiene un don tiene también una maldición. Afortunadamente, esa maldición no ha podido con ella.

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