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el actor fallecía esta semana

Lola Herrera y Daniel Dicenta: la historia de amor más tortuosa de la escena española

En un hostal, totalmente arruinado y con muchas cuentas vitales pendientes. Así fallecía esta semana el actor Daniel Dicenta, ex de la veterana actriz

Foto: Lola Herrera en un imagen de archivo
Lola Herrera en un imagen de archivo

En un hostal, totalmente arruinado y con muchas cuentas vitales pendientes. Así fallecía esta semana el actor Daniel Dicenta, el inolvidable protagonista de El Crimen de Cuenca, protegido por la Fundación AISGE para que no viviese en la indigencia tras años de batallas con el alcohol y llevando a rastras un hedonismo mal entendido que le acabó pasando factura. A los 76 años, Dicenta se ha ido tras ser  protagonista, hace años, de una historia de amor complicada con Lola Herrera, la que fuese su mujer y madre de sus dos hijos; aquella que, pese a haber pasado página en su relación con el actor, siempre le deseó cosas buenas al hombre que le dio los mejores y los peores años de su vida. “A ella y a otros actores jamás los vimos por aquí, sólo escuchamos mucho ajetreo cuando se llevaron su cuerpo. Una señora comentó que se trataba de un actor y llegó a decir el nombre, pero no sabíamos ni quién era”, aseguraba a este medio un vecino del hostal de la madrileña plaza Tirso de Molina donde el actor fue hallado muerto, prueba de que sus mejores años, los de la popularidad que hacía que casi todo el mundo lo conociese, ya habían pasado, como aquella historia de amor, nacida a finales de los años 50.

En aquella época, Herrera y Dicenta compartían algo: eran dos jóvenes que buscaban destacar en una una misma profesión llena de altibajos y contradicciones. En esa tesitura coincidieron un día en Radio Nacional y, poco a poco, se fueron enamorando a pesar de las reticencias de ella, que lo veía como a un seductor incorregible. Pese a su desconfianza, se acabaron casando el 31 de diciembre de 1960. Según contaba Herrera en su reciente libro de memorias, ese día ya tuvo algunos presentimientos de que la cosa no iba a salir muy bien. Sus peores temores se acabaron cumpliendo, ya que mientras ella estaba de gira, él se dedicaba a flirtrear con otras chicas y a dejar tras de sí un sinfín de deudas que hacían imposible la estabilidad familiar. Los filtreos no disminuyeron ni siquiera cuando nació su hija Natalia en 1962. Contaba la actriz que, ese día, tuvo que mandar buscar a su marido por todas partes para poder comunicarle la buena noticia, ya que se encontraba en paradero desconocido.

El actor Daniel Dicenta
El actor Daniel Dicenta

“Llegó un momento en el que ella era la que mantenía esa casa y la que luchaba a contracorriente, para que no se fuese a pique. Esas cosas acaban cansando a cualquiera”, asegura un trabajador  de la ADE, la Asociación de Directores de Escena de España. Los intentos de Herrera sirvieron de poco. En un país con el franquismo a cuestas y con la ley del divorcio aún lejana, lo único que podía hacer la actriz para no arruinar su vida era mantenerse a la espera de que todo mejorase. Él hizo que no tuviese que esperar demasiado, ya que el 6 de enero de 1967, Dicenta cerró la puerta de casa y no volvió a vérsele el pelo. Herrera llevó el abandono como pudo, y como bien decía ella misma recientemente: “Hay que soltar lastres, vivir el duelo cuando algo te ocurre, pero después, mejor dejarlo ir.

Lo curioso es que, a medida que la historia de amor entre ambos se iba apagando, la carrera de él vivía un súbito e inesperado empujón, ya que a finales de los años 70, Pilar Miró le ofreció el reto de protagonizar el Crimen de Cuenca, una película que iba a causar furor en lo que aún podía colear de la censura española. También a partir de los 80 iba a poner voz a personajes animados que llenaron de sueños la infancia de toda una generación. Nadie sospechaba que detrás de la ingenuidad de su voz se escondía un alma torturada.

Lola Herrera, en una imagen de archivo
Lola Herrera, en una imagen de archivo

A Lola Herrera le sirvió, a la hora rendir cuentas, rodar junto a él una película llamada Función de Noche en 1981. Era su Eyes Wide Shut  particular, la forma de sacar a relucir alcohol y deudas, infidelidades y falsas promesas, ya que también representaban a un matrimonio mal avenido. Todo lo que no se habían dicho en persona, se lo pudieron decir a través de la ficción. Aparte de no guardar rencor, Lola Herrera tampoco quiso ahondar en el tema cuando le preguntaban por el tema y salía hablando en televisión. “Lola es una señora. Cuando la ves, con su pelo y su ropa impoluta, con esa elegancia natural que posee, nunca imaginas que haya tenido tantísimos problemas como los que tuvo con Daniel”, aseguran desde el círculo profesional de la actriz.

“Llegué virgen al matrimonio porque nadie quiso que no lo fuera, pero no me hubiera importado tener relaciones sexuales”, aseguraba Herrera hace unos años en un programa televisivo, en el que trataba de hacer un balance de su fracasada vida sentimental. El final de la historia de amor se produjo hace bastante tiempo, pero ha sido ahora cuando la muerte de Dicenta ha vuelto a poner el acento sobre una relación tan melodramática como cualquier obra de teatro, tan apasionada como muchos de los personajes encarnados por estos dos  amantes mal avenidos, condenados a no entenderse.

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