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SIEMPRE HA QUERIDO MANTENERSE AL MARGEN

La discreta vida de Marta Gayá, la amiga mallorquina del Rey Don Juan Carlos

Durante muchos años su nombre se unía afectivamente al grupo de amistades que rodeaban al padre del actual Monarca. A ella la consideran "absolutamente leal"

Durante muchos años, Marta Gayá formaba parte del grupo de amistades que rodeaban al Rey Don Juan Carlos en Mallorca. Una especie de corte paralela a la que también pertenecía el príncipe Tchokotua y su entonces mujer Marieta Salas; o José Luis de Vilallonga, que era otro de los miembros del núcleo duro. Después había amigos estacionales que aparecían y desaparecían dependiendo de su discreción. Si al monarca le llegaba alguna referencia en ese sentido, el protagonista se evaporaba inmediatamente del círculo real. Las imprudencias, aunque fueran con buena intención, se pagaban caras.

Por eso Marta Gayá ha continuado formando parte del “equipo”, como así lo bautizaron con humor en el entorno de la dama. Nunca utilizó su relación para escalar socialmente y menos usó el nombre del Rey para negocios poco claros, como sí haría años después su yerno Iñaki Urdangarin, colocando a la institución monárquica en las cotas más bajas de popularidad de su historia. “Marta es una mujer absolutamente leal. Nunca la escucharán hacer un comentario fuera de lugar o presumir de su amistad con el Rey. La han ofrecido reportajes como personaje importante e influyente de Mallorca y siempre se ha negado, porque es lo suficientemente lista para saber por qué la quieren”, explican a Vanitatis amigos que conocen a Gayá de siempre.

Gayá, en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid 2008 (Gtres)
Gayá, en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid 2008 (Gtres)

Quizá este sea el único tema del que trata públicamente e incluso llega a tomarse con sentido del humor ese poder del que dicen otros que tiene. En realidad es muy difícil encontrar imágenes de ella y mucho menos cerca de algún político importante. Salvo algún encuentro privado con el ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón y su mujer Mar Utrera, con quien la dama mantiene una sólida amistad. Igual que con Simoneta Gómez Acebo, prima carnal del Rey Felipe VI o los March. “Ha sido y es invisible mediáticamente y quiere seguir siéndolo. No tiene ningún deseo de ser portada de ninguna revista. Su relación con don Juan Carlos es muy buena y mantienen contacto telefónico habitual. Es la evolución clásica de una relación que empieza de una manera y con los años se convierte en verdadera amistad. Marta es una gran mujer de una lealtad a prueba de bomba”, aseguran estas mismas fuentes.

Su trayectoria personal es poco conocida. No obstante, con frecuencia surgen rumores como aquellos que aseguraban que tenía un novio millonario o esos otros que decían que estaba a punto de contraer matrimonio por segunda vez. Es más, se decía que pasaba mucho tiempo en Grecia con esta nueva pareja. Nada de eso es cierto. La realidad es otra totalmente diferente. “Marta viaja todos los veranos con un grupo de amigos, entre los que se encuentra el matrimonio Bergareche, a las islas griegas. Alquilan una goleta y recorren la zona. Este periplo es fijo. Después ella vuelve a Palma, donde tiene un apartamento en el paseo marítimo y hace la vida de siempre: salir a navegar en su lancha, cenas y reuniones en casas particulares. “No sé de donde ha podido salir esa historia de que tiene novio y se casa”, comentan desde su círculo más íntimo.

De Palma a Gstaad

El tiempo y la discreción de la dama sirvieron para convertirla de nuevo en invisible. En realidad, el perfil de Marta Gayá es muy lineal. Hija de una acaudalada familia mallorquina que tiene recursos económicos propios, se casó muy joven y se divorció al poco tiempo. Nunca ha sido decoradora y se ríe cuando le colocan esa profesión: “Se parte de risa y no entiende de dónde salió originariamente esa información, que luego se ha repetido hasta el infinito. Marta es muy refinada, tiene un gusto increíble y sus casas son preciosas. Si sus amigos le piden consejo se lo da, pero nada más”.

Mantiene su piso de Madrid en el barrio de Chamberí y el apartamento de Palma. Viaja a menudo a Miami con su amigo, el reconocido galerista mallorquín Joan Guaita, y está muy involucrada en promocionar artistas jóvenes. De lo que sí presume es de sus grandes amistades repartidas por todo el mundo y, como no tiene responsabilidad al no haber tenido hijos, cuando le apetece se coge un avión y se va a visitarlos. En invierno, por ejemplo, pasa temporadas en Gstaad, la elitista estación de esquí suiza, en casa de su amiga Clotilde Martínez Bordiú. “A Marta le encanta esquiar y lo hace muy bien. Es una afición, como la de navegar, que compartía con el Rey”, dicen amistades de Palma.

La primera vez que apareció su nombre en prensa fue en 1990, en la revista Tribuna, que dirigía Julián Lago. A partir de ahí, su perfil fue relacionándose con el de Don Juan Carlos. Unas veces era Point de Vue, el medio francés experto en monarquías, el que hablaba abiertamente de ellos. Otras tantas era la prensa italiana. Noticias que después recogían El País o El Mundo. Incluso en una ocasión fue el propio Felipe González, durante su etapa como presidente de Gobierno, quien echó más leña al fuego al mezclar asuntos políticos del Rey con temas personales y afectivos en los cuales el nombre de Gayá revoloteaba en el horizonte. Hoy, sin embargo, Marta Gayá ya no sale en los informes de Estado.
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