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HA PRESENTADO SU DIMISIÓN COMO MINISTRO

Las tres pasiones fuera del trabajo de Alberto Ruiz-Gallardón

Después de más de tres décadas en la política activa, el ministro de Justicia presentaba su dimisión este martes. Así es el “verso suelto del PP” en la intimidad

Foto: El exministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en una imagen de archivo (Gtres)
El exministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en una imagen de archivo (Gtres)

Después de más de tres décadas en la política activa, el ministro Alberto Ruiz-Gallardón presentaba su dimisión este martes y anunciaba su paso “a la reserva”. Un adiós definitivo que confirman las amistades que lo conocen en profundidad. “Alberto no es como esos toreros que dicen que se cortan la coleta y reaparecen a la siguiente temporada. Si ha dicho que se va es para siempre”, aseguran a Vanitatis desde el entorno del fiscal en excedencia, su verdadera profesión, aunque sólo la ejerciera durante un breve espacio de tiempo en Málaga, su primer destino.

El exministro sacando a pasear a su perro por Madrid (Gtres)
El exministro sacando a pasear a su perro por Madrid (Gtres)

Su señoría duró muy poco, porque en 1983 ya fue nombrado concejal del ayuntamiento de Madrid. Con 25 años inició su carrera política y hasta ahora. Gallardón, al que sus amistades socialistas llamaban en la intimidad “el verso suelto del PP”, tiene a partir de ahora 24 horas libres al día para anotar en su agenda privada sus hobbies cotidianos al margen de la actividad política.

En una ocasión, al preguntarle qué haría si alguna vez abandonaba o “le abandonaban” sus compañeros de partido, respondió: “Puedo pedir mi reingreso en la carrera judicial en cualquier momento. Eso me da una seguridad laboral y estabilidad familiar importante. Tengo cuatro hijos y como cualquier padre hay que echarles una mano cuando lo necesitan. Desde luego que no me aburriría. Tengo muchas aficiones que precisamente por la función pública que desempeño no puedo realizar”.

Un melómano empedernido

Efectivamente, el exministro es un hombre con mucha actividad colateral. De sobra es conocida su pasión por la música clásica. Una de las cosas con las que más disfruta es con sus noches en el Teatro Real. Salvo excepciones, no se instala en el palco porque tiene su abono. A veces va con su mujer y, si ésta no quiere o no puede, va solo. Es un gran melómano. Se sabe óperas de memoria y si está en confianza las tararea. Ha sido capaz de viajar a París, Londres o Milán para asistir a una representación sin coste alguno para el erario público y en vacaciones. Tomaba un avión de línea regular y al día siguiente volvía.

Y si la música es su pasión, la Formula 1 es su gran afición. Tanto es así que es capaz de poner el despertador de madrugada para ver los entrenamientos y, por supuesto, durante la carrera no hay quien le saque de casa. Esta liturgia la lleva haciendo desde el principio de los tiempos, cuando en los canales convencionales sólo se ofrecía la información en los espacios de Deportes. Y aunque ahora las cadenas lo retransmiten en abierto, Gallardón prefiere asegurarse y sigue con su rutina de hace años. Compró una antena y la orientó de tal manera que podía ver en directo las evoluciones de los pilotos y sus coches cuando nadie lo podía hacer. Un privilegio que compartió con su todopoderoso amigo Jesús Polanco.

Los grandes amigos

El dueño de Prisa, que ya era amigo de su padre, el abogado José María Ruiz-Gallardón, fue uno de los verdaderos íntimos del político junto con el empresario Luis García Cereceda, la pianista Rosa Torres-Pardo, Silvio González -consejero delegado de Atresmedia-, la familia Horcher y Fernando Fernández Tapias. “Su círculo íntimo es bastante reducido. Puede tener muchos conocidos, pero amigos pocos. Polanco sí lo era y muchas veces se trasladaba hasta la finca que el editor tenía en Valdemorillo y se pasaban las horas charlando y dando paseos. Nunca se quedaba a dormir. Volvía a su casa de Chamberí. En estas caminatas por el campo a veces se llevaba a Olimpia (Oli), uno de los amores correspondidos del político. Este amor incondicional se lo da un perro de raza beagle al que acostumbra a pasear siempre que puede. Alberto es un enamorado de los perros y Oli es su tercera gran pasión”, aseguran fuentes de su entorno.

Alberto Ruiz-Gallardón junto a su amigo Fernando Fernández Tapias (Gtres)
Alberto Ruiz-Gallardón junto a su amigo Fernando Fernández Tapias (Gtres)

También le gusta trasladarse hasta la sierra de Gredos, donde un pariente tiene una casa. Allí se recoge y disfruta de la lectura y por supuesto de la música, que pone a todo volumen si está solo. Gallardón es un hombre de costumbres más o menos fijas. Vive en la misma casa de siempre con su mujer, Mar Utrera, y los hijos que quedan en casa. Los vecinos del barrio de Chamberí están acostumbrados a verlo pasear los fines de semana, a veces con alguno de sus hijos y casi siempre con su esposa, una mujer discreta, culta y lectora empedernida, igual que Gallardón. “Cuando acude a la peluquería siempre va con un libro. Es muy agradable, muy tímida y tiene pocas ganas de figurar”, afirman amistades de Mar.

Su esposa

Mar es hija del exministro franquista José Utrera Molina. Cuenta la leyenda que en la pedida de mano, dirigiéndose a su futuro yerno, dijo: “En mi casa las mujeres pueden ser solteras, casadas o viudas. No hay otro estado civil”. Un aviso a navegantes con intenciones de divorcio que ha tenido su efecto hasta ahora.

Ruiz-Gallardón junto a su mujer, Mar Utrera (Gtres)
Ruiz-Gallardón junto a su mujer, Mar Utrera (Gtres)

A pesar de su aspecto acicalado, Gallardón no es presumido, pues no dedica demasiado tiempo a su aspecto físico. Mantiene el sastre de toda la vida, igual que el peluquero de barrio, que le corta el pelo cada quince días porque lo tiene muy rizado. Le gustan las corbatas lisas y cuando menos se puedan identificar con una firma de lujo por el logo mejor. Cuentan que incluso a veces en su casa le han regañado por no llevar camisas de repuesto cuando acude a televisión y se manchan de maquillaje. Su ropa preferida es la del fin de semana. Tiene chaquetas de punto de hace años y no le gusta que se las sustituyan. Utiliza siempre zapatos de cordones, que le hacen a medida en una zapatería del barrio de Salamanca.

Suele frecuentar los mismos restaurantes, como El Qüenco de Pepa, Goizeko o la Manduca de Azagra. Su plato preferido son los salmonetes y le gusta la comida japonesa. No es hombre viajero “porque ya por su trabajo debía hacerlo a menudo”, aseguran. Su retiro de verano es Nerja. La familia de su mujer tiene una finca allí en la que Gallardón mandó construir una casa individual.

Es raro verlo en la playa porque el mar le gusta para verlo desde un barco, como hacía cuando su amigo Fernández Tapias le invitaba a su yate. Ahora el exministro y “verso suelto” podrá disfrutar con más asiduidad de todas esas cosas.
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