El desconcertante regreso de Borja y Blanca al Museo Thyssen
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tras años sin pisarlo

El desconcertante regreso de Borja y Blanca al Museo Thyssen

La reconciliación entre Borja Thyssen y la Baronesa ha dado para un sinfín de titulares en los medios este verano. También ha traído importantes novedades

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Borja y Blanca en una imagen de archivo (Gtres)

La reconciliación entre Borja Thyssen y la Baronesa ha dado para un sinfín de titulares en los medios este verano. También ha traído importantes novedades en cuanto al protocolo a seguir, por ejemplo, en el museo que lleva su apellido. Tras años sin ir a ver ni una sola exposición, hace tan sólo unos días, Blanca Cuesta y Borja Thyssen volvieron a la conocida pinacoteca en compañía de sus hijos. Según ha podido saber Vanitatis, los empleados de la tienda emplazada en el Museo se quedaron atónitos cuando, tras pasar por la exposición temporal, decidieron acudir a comprar unos objetos relacionados con la muestra.

En el museo hay un protocolo habitual en caso de visita de algunas personalidades y más aún si son de la familia Thyssen. Pese a que los empleados decidieron, de forma improvisada, tratarlos de forma protocolaria, tanto Borja como Blanca declinaron el ofrecimiento de los trabajadores, que les sugirieron no pagar lo que habían comprado. “No, no. Preferimos pagar”, dijeron al llegar a caja. Los visitantes que se encontraban en el Thyssen también se sorprendieron de la educación y formalidad de los pequeños Sacha, Eric y Enzo, que se mostraron discretos y acompañaron a sus padres en silencio mientras observaban la exposición de Alma-Tadema y la pintura victoriana.

Una reconciliación que ha tardado años en llegar

Carmen Cerveray su hijo tardaron unos siete años en lograr la estabilidad emocional.Las imágenes familiares de Tita, Borja y Blanca a las que se sumó Manolo Segura, padre biológico del hijo, navegando por el Mediterráneo fueron la prueba gráfica de la reconciliación y el concilio familiar.

A lo largo de siete largos años, se sucedieron las graves acusaciones por parte de la Baronesa hacia su hijo. Tita llegó a solicitar una prueba de paternidad que demostrase que Borja era el padre del primer hijo de Blanca. Además, se produjeron demandas y querellas recíprocas que convirtieron a los Thyssen en protagonistas de una guerra muy mediática. Al principio, el único contacto entre las dos partes se produjo a través de sus abogados, ya que había que solucionar, como fuera, determinados temas para salvar el patrimonio cultural. También hubo negociaciones entre sus abogados para determinar si se retiraban las demandas que madre e hijo habían interpuesto.

Además, Borja puso condiciones de cariz personal entre las que se encontraban no filtrar información a la prensa, poder acceder a documentación que tiene que ver con los intereses económicos compartidos entre ambos o la más importante de todas: que su madre respetase a Blanca. Parece que los términos se han cumplido y, hoy por hoy, madre e hijo disfrutan de una nueva vida compartida, tan feliz que no ha dado tiempo suficiente a algunos empleados del Museo a que sepan cómo deben tratar, de aquí en adelante, al hijo de la Baronesa.

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