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MUERE MIGUEL BOYER

Carmen Martínez-Bordiú, el gran apoyo de Isabel Preysler

En cuanto se enteró de la muerte de Boyer, la nieta de Franco se trasladó hasta la casa de Puerta de Hierro y allí permaneció durante toda la mañana y la tarde

Bordiú llega a la casa de Preysler tras conocer la noticia (Gtres)
Bordiú llega a la casa de Preysler tras conocer la noticia (Gtres)

Isabel Preysler tiene muchas amigas, pero ninguna como Carmen Martínez-Bordiú. En cuanto se enteró de la muerte de Miguel Boyer, la nieta de Franco se trasladó hasta el domicilio de Isabel en Puerta de Hierro y allí permaneció durante toda la mañana y parte de la tarde junto a ella que, a pesar del drama que estaba viviendo, debía solucionar todo lo relacionado con el entierro. También contestar a las llamadas telefónicas, como la del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, algunos ministros y exministros que tuvieron relación directa con Boyer o la propia Casa Real. Todos enviaron las condolencias a la viuda a lo largo del día. Y si esto no era suficiente, también debía ocuparse de que la casa siguiera funcionando. En este sentido, el apoyo de Carmen ha sido importante. Ana Boyer, la pequeña de la saga Preysler, estaba tan afectada que tampoco era de mucha ayuda. Al igual que Tamara Falcó.

Isabel ha sido siempre la organizadora y en esa casa salvo ella y el servicio nadie sabe dónde están las cosas. A Miguel Boyer esa puesta a punto diaria de su mujer le fascinaba. "Es tan perfeccionista que hasta controla el olor que tiene cada habitación y nunca pierde la calma", decía. Y tampoco perdió los nervios el día en que se rompió su puzle afectivo con la muerte de su marido. Carmen ha estado al pie del cañón, animándola y echando una mano en lo que hiciera falta. Sobre todo consolando a la huérfana Ana Boyer, que no era capaz de procesar la desaparición tan rápida de su padre. "¡Pero si el sábado cuando volvió de la revisión estaba bien!”, comentaba desconsolada ante la tía Carmen.

Carmen Martínez-Bordiú e Isabel Preysler en los años 80 (Gtres)
Carmen Martínez-Bordiú e Isabel Preysler en los años 80 (Gtres)

Preysler y Bordiú se conocieron cuando ambas tenían 18 años. Carmen era la nietísima en un país donde los Franco/Martínez-Bordiú consideraban que aquello era "la finca del abuelo", en palabras de Francis, el mayor de los hermanos varones. A Isabel, muy a su pesar, sus padres la habían desterrado a Madrid a causa de un novio poco recomendable que tenía en Manila. Se instaló en casa de sus tíos, que mantenían un círculo social de alto nivel que la sobrina Isabel empezó a frecuentar. Conoció a Carmen y enseguida formó parte de la corte de la nieta junto a otras niñas ‘bien’ como Mari Luz Barreiros, Solin Castiella, Chichina Salas, Piluca Ardid o Marta Oswald. Lo único que tenían que hacer todas ellas era esperar al príncipe azul. Acudían a las fiestas que se organizaban en Madrid, que en aquellos años eran muchas y además endogámicas. Se dejaban caer por el Club de Campo, compartían sesiones de cine en El Pardo y se divertían como adolescentes que eran, porque la mayoría de edad no llegaba hasta los 22. Eran frívolas e inmaduras.

Dos vidas paralelas

Carmen era la directora de esa orquesta de señoritas que sólo querían pasarlo bien. Se casaron casi a la par. Bordiú con boda de Estado y la amiga Isabel embarazada y triste, porque si hubiera sido por ella no lo habría hecho. A partir de ahí se hicieron inseparables. Vivían en el mismo edificio y una vez que pasó la novedad que suponía ser señoras casadas, empezaron a divertirse como jóvenes de 25 que eran. Su hoja de ruta volvió a coincidir con los divorcios de ambas. Salían, entraban, viajaban por el mundo, bailaban en las discos de moda de Nueva York, donde nadie las conocía. Hasta su trayectoria amorosa fue muy parecida. Carmen tres maridos, Isabel otros tres.

Ambas amigas junto a Luis Miguel Rodríguez, Cayetano Rivera y Ana Boyer (Gtres)
Ambas amigas junto a Luis Miguel Rodríguez, Cayetano Rivera y Ana Boyer (Gtres)

Las dos han vivido una existencia intensa llena de luces y sombras. Carmen con muchas más sombras y dramas, como fueron las muertes de su hijo, su hijastra y su exmarido el duque de Cádiz. Allí estaba siempre Isabel, con más estabilidad emocional que ella, para consolarla. Ahora es al revés. Carmen, la amiga de la adolescencia, la de las locuras de juventud compartidas, la que aparecía y desaparecía como el Guadiana, vuelve a ser su paño de lágrimas.

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