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ERA UNA DE LAS MUSAS DEL MODISTA

Naty Abascal, desolada con la muerte de De la Renta: "He perdido a mi hermano mayor"

La exmodelo de alta costura era una de las mujeres bandera del diseñador. Mantenían una amistad desde hace 44 años, cuando De la Renta todavía no era una estrella

Naty Abascal está desolada. Recibió la noticia de la muerte de su amigo y “hermano mayor” –como así define a Oscar de la Renta– en la medianoche de ayer. Se echó a llorar en cuanto colgó el teléfono. Aunque llevaba enfermo de cáncer siete años, mantenía una vida medianamente normal. De hecho, aún diseñaba para las íntimas y Naty lo era, por eso seguía luciendo diseños suyos. Un total de 44 años de amistad, de viajes juntos, de lágrimas compartidas y de un apoyo absoluto en los momentos más críticos de la estilista.

“Oscar era como mi hermano mayor. Siempre estaba cuando le necesitabas sin necesidad de contarle nada. Lo intuía. Yo he estado en casa sola y con el ánimo por los suelos por alguna cuestión personal y casualmente recibía su llamada para contarme cosas divertidas. ‘Mi amoooor, que quiero verte’ y empezaba a hacerme reír”, relata Naty en conversación con Vanitatis. Cuenta que cuando la llamaron para comunicarle la noticia no se lo podía creer. De hecho, tenía previsto viajar a Nueva York esta semana y pasar unos días con él y con Anette, su segunda mujer. “Ya tenía las maletas preparadas. Ahora no sé lo que haré. Se ha ido parte de mi vida”.

Naty Abascal recuerda su primer encuentro con el diseñador dominicano en su viaje iniciático a Nueva York, cuando ella y su hermana Ana María viajaron con el modista Elio Berhanyer para desfilar con sus diseños. Las gemelas Abascal tenían 18 años y arrasaron. Oscar de la Renta se quedó entonces fascinado con las sevillanas. Aún no era figura, pero su destino ya estaba marcado. “Enseguida nos gustamos y congeniamos”.

Naty junto al diseñador y Adriana Abascal en una fotografía de archivo (Gtres)
Naty junto al diseñador y Adriana Abascal en una fotografía de archivo (Gtres)

En aquel entonces De la Renta todavía no era una estrella. Trabajaba para Elisabeth Arden, que tenía un coqueto taller de costura sobre su centro de belleza. Era rompedor, colorista y encantador; seducía tanto con su ropa como por su carácter. Las mujeres influyentes que pasaban por el instituto de belleza de Arden empezaron a subir para vestirse con sus cosas y rápidamente se hizo sitio en la alta sociedad, para la que empezó a diseñar temporadas completas. Desde fiesta a gala, coctel y vestidos incluso para estar por casa o en el barco…

Fiestas inolvidables en su casa de La Romana

Su primera mujer, Francoise, editora de Vogue Francia, fue una de las primeras personas que se dio cuenta de su potencial. Murió cuando Oscar ya era un grande entre los grandes. A Naty se le rompe la voz con estos recuerdos: “Fueron años increíbles. Viajábamos por todas partes. Íbamos a Las Vegas, a Boston, Texas, Dallas, México… Fines de semana en Palm Beach con la gente más divertida y más snob e intelectual del momento. Una mezcla de personas que después continuó orquestando en su casa de Santo Domingo. Oscar puso Punta Cana y La Romana en el mapa de la élite internacional”. 

Naty, vestida de Oscar de la Renta (Gtres)
Naty, vestida de Oscar de la Renta (Gtres)

Naty recuerda las reuniones en la casa del diseñador. “¡Qué fiestas más divertidas! Y él siempre de animador. Bailaba merengue de maravilla, tenía un soul impresionante. Le gustaba cantar y lo hacía muy bien”. Por su impresionante casa dominicana han pasado desde los Agnelli, los Clinton, los Kissinger, los HearstJulio Iglesias… De hecho, el cantante se compró su casa en La Romana por indicación del modisto. Incluso han sido socios en varias empresas. Quizá una de las amistades de Iglesias que nunca le pidió ni necesitó nada de él; de ahí el fuerte lazo de unión.

Naty fue su cicerone cada vez que llegaba a España. No se compró casa en nuestro país porque aseguraba que prefería ir a hotel para no atarse. “Si tengo apartamento ya no me muevo aquí”, decía De la Renta, quien aseguraba que le encantaba España. Naty se lo llevó de norte a sur y de este a oeste. Con él recorrió toda España y siempre dijo que le entusiasmaba Granada y Sevilla, el flamenco, el Corral de la Morería y La Anselma, la bruma de Galicia, las hortensias del País Vasco y el mar Mediterráneo. Y todo con Madrid y Barcelona como hilo conductor. Era un enamorado de nuestro país.

Naty está desolada, pero llena de bonitos recuerdos. Mientras Vanitatis habla con ella no deja de repetir que “lo voy a echar mucho de menos” entre sollozos. Como ella dice, ya no escuchará de madrugada ese grito de guerra que le dedicaba su hermano mayor: “Mi amoooor, te extraño”.

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