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ganador y finalista del premio 'planeta'

Pilar Eyre y Jorge Zepeda, unidos por un Planeta y por una reina

Mexicano y española. Escritor y escritora. Periodista y periodista. Tal vez sea esto último lo que más tienen en común esta pareja de profesionales muy bien avenida

Mexicano y española. Hombre y mujer. Escritor y escritora. Periodista y periodista. Tal vez sea esto último lo que más tienen en común esta casual pareja de profesionales muy bien avenida. La forman Jorge Zepeda, ganador del Premio Planeta con Milena o el fémur más bello del mundo y Pilar Eyre, la finalista con Mi color favorito es verte, una obra que revela una relación personal de tres días que derivó en amor platónico. Pilar y Jorge. Tanto monta, monta tanto. Durante una tarde lluviosa de noviembre en Madrid, Vanitatis los reúne en la librería café Ocho y Medio, uno de los emblemas literarios de la capital, para encontrar las vías de conexión, los puntos en común, entre estos Percy y Mary Shelley contemporáneos, haciendo que se pregunten, se hablen y se comuniquen entre ellos. Si no son pareja amorosa, lo cierto es que como dúo literario rebosan una química muy especial.

Un punto inesperado de conexión entre ambos es la Reina Letizia, de la que Jorge fue jefe en México, cuando comandaba el periódico El Universal, y de la que Pilar ha escrito innumerables veces sobre ella y su familia. Sin embargo, les retamos a empezar por las diferencias, por las distintas formas de recibir los laureles de un premio, el Planeta, que les llevará de gira durante tres semanas en las que esta pareja de las letras promete dar mucha guerra. Dejemos que sean ellos los que tomen la palabra:

Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)
Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)

Pilar: Jorge, ¿qué sentiste el día del premio?                

Jorge: Primero una gran alegría de que no hubiese sido Pilar la ganadora, porque eso me convertía a mí en el ganador. ¿Y tú, Pilar?

Pilar: Para mí fue totalmente inesperado. Creo que todavía estoy temblando y no se me ha quitado la tiritera. Fue como la culminación de mi vida profesional. Sobre todo, notaba la boca seca y muchas reacciones físicas. ¿Tú que reacciones físicas tuviste?

Jorge: Yo viví un absoluto jolgorio. Escuché mariachis, bebí tequilas…

Pilar: Pero tú estabas tan tranquilo cuando fuimos a comer. Yo no podía comer absolutamente nada y tú hablabas con todo el mundo y comías tan tranquilo. Tú tienes una sangre fría impresionante.

Jorge: Bueno, los cinco tequilas previos ayudaron.

Los jóvenes años de una reina

Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)
Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)

Con tequilas o sin ellos, ahora sí, llega el turno de hablar de su majestad, a la que Eyre califica de “elogiosamente aburrida”  y de la que Zepeda revela una jugosa anécdota que tiene que ver con la etapa en la que solo era una joven asturiana que se tomaba muy en serio su profesión. Ambos añaden, como curiosidad, que le han regalado a la soberana un ejemplar firmado de sus libros. Lo que está claro es que los dos tienen mucho que decir sobre la nueva Reina de España:

Jorge: La conocí antes de que fuera reina o princesa. Era estudiante en Guadalajara, México, y me pidió trabajo. Yo le dije que se acercara al periódico y la única plaza que teníamos era en una guía del ocio que se llamaba Tentaciones. Empezó a trabajar y era una auténtica workaholic, una trabajadora que producía tal cantidad de notas que le tuvimos que pedir que la mitad de ellas las publicase con su segundo apellido para no parecer tan provincianos y que se pensase que toda la revista la hacía la misma persona. Después nos convertimos en buenos amigos. Hay muchas anécdotas sobre ella…

Pilar: ¿Cómo cuáles?

Jorge: Me parece que estoy en manos equivocadas, Pilar… (Suelta una risa de complicidad). Le dije que íbamos a ver a un conocido periodista español a su casa. Nos lo encontramos en calzones y se tuvo que poner algo para recibirla. Luego él se hizo el interesante cuando ella comenzó a decir que estaba haciendo pruebas para entrar en Televisión Española. Letizia explicaba que esas pruebas eran difíciles y que había preguntas muy arduas sobre historia, geografía, idiomas…Mi amigo el periodista le dijo: “Con esa facha que tienes: rubia, guapa…puedes decir que la capital de Francia es Berlín y te van a elegir igualmente”. Ella comenzó a molestarse porque él estaba ignorando su talento. Él siguió provocando hasta que Letizia se puso en pie y se marchó de su casa.

Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)
Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)

Pilar: Bueno, nos quedan tres semanas de promoción y antes de que terminen te voy a sacar el nombre de ese periodista. Estábamos comentando antes que a mí los Reyes de ahora me parecen aburridos y esto, que parece un defecto, la verdad es que es un piropo porque quiere decir que han entrado en los mecanismos de nuestras instituciones de una manera tal que ya no se puede ni se debe hablar de ellos. Creo que nuestros Reyes son aburridos y les estoy diciendo un piropo porque están tan metidos en su papel que no sobresalen en ningún sentido ni nos sobresaltan.

Dos escritores, dos modos de escribir

La animada charla entre ambos adquiere una dimensión más profunda cuando se les pregunta por las múltiples vidas del escritor, ese actor improvisado obligado a ejercitar todos los papeles que se le ponen por delante en el papel. También nos confiesan sus manías a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco. Eyre confiesa que pasa tantas horas delante del teclado que deja “hasta migas” después de comer sobre él. “Mi hijo me instaló un programa con el que, cada dos horas, suena música y me tengo que levantar y bailar para no anquilosarme”. Cuando Zepeda le pregunta qué música suena en esas alarmas ella le confiesa que “de todo”, pero lo que más salta en el reproductor es flamenco. “Lo hago fatal, por supuesto. No tengo ningún ritmo”.

Si Pilar escribe por la mañana y corrige por la tarde, siguiendo la máxima de Ana María Matute (“escribir rápido, corregir lento”), Jorge es más “matutino” y reconoce la influencia periodística que se trasluce en su Milena: “Lo que es cierto es que, gracias al periodismo, a veinte años de escribir una columna semanal, se llega a tener mucho oficio. Eso te anima a escribir más; ya no esperas a que venga una musa”. Su novela, centrada en la lacra social y la corrupción, producirá cierta identificación en muchas de las personas que ha conocido en México, hombres anónimos pero reconocibles que pasan por la vida de la prostituta protagonista: “Para mí ha sido un esfuerzo de creación literaria meterme en la piel de Milena y saber lo que sentía al pasar por las manos de tantos hombres.”

Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)
Pilar Eyre y Jorge Zepeda (FOTO: Pablo López Learte)

Lo de Eyre ha sido desnudarse casi de forma literal, revelando en la novela su amor por un francés llamado Sebastien que, después de tres días de alto voltaje, desapareció de su vida. Una forma de ofrecer al lector, en bandeja y de forma “despiadada”, su propia intimidad al igual que lo ha hecho con la de personajes como Francisco Franco o la Reina Sofía: “He escrito sobre mí misma con sinceridad y absoluta falta de piedad. Mis amigas me llaman por teléfono y me dicen: “Oye, que tú eres mejor de lo que te pintas en el libro”. Yo sé cómo son mis inseguridades y las he sacado. Estoy satisfecha pero también un poco avergonzada porque eso de que mi vida esté al alcance de varias decenas de miles de personas, o eso espero, me da bastante pudor”, añade con el tierno sentido del humor que la caracteriza.

Acabando el reportaje, los nexos de unión entre Zepeda y Eyre crecen y van mucho más allá de la mera profesión periodística. Ni siquiera hay que leerles para ver que comparten una misma pasión: la de seguir conectados con el mundo que les rodea, seguir sintiéndose vivos hablando de la miseria y la corrupción actual o de un gran amor que llega en la madurez para convertir la existencia en un fugaz e intenso caos. Si Pilar asegura que “daría lo que fuera por tener 20 años de nuevo” y Jorge admite que “no cambiaría nada de mí mismo joven porque es la suma de lo que soy ahora”, está claro que, como dice Maruja Torres, más allá de los años de juventud, esta época sigue siendo la suya, la de dos personas capaces de demostrar que, como dijo Rubén Darío, la lectura es “antorcha del pensamiento y manantial del amor”. 

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